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El ‘Sueño Georgiano’ parece cada vez más deprimente después de un año para olvidar

Bidzina Ivanishvili, billionaire backer of the Georgian Dream coalition. Wikipedia image by Michał Koziczyński.

Bidzina Ivanishvili, multimillonario patrocinador de la coalición Sueño Georgiano. Imagen de Wikipedia por Michal Koziczyński.

Tres años después de una impresionante victoria en las elecciones que llevaron a la coalición Sueño Georgiano (GD) al poder – terminando así con el mandato de 9 años del Movimiento de Unidad Nacional (UNM) de Mikheil Saakashvili – muchos ciudadanos en la ex-soviética Georgia se preguntan qué es lo que votaron.

El 2015 fue un año complicado para el GD, ya que perdió popularidad mientras mostraba algunos de los rasgos más aberrantes del gobierno que le precedió.

Mientras que las elecciones de 2012 fueron con razón recibidas como un punto de inflexión en el desarrollo democrático del país del Cáucaso, serán las próximas elecciones parlamentarias, en octubre de 2016, las que determinen si el GD ha dejado una huella duradera en el futuro de Georgia.

Una encuesta realizada en febrero del año pasado por el Instituto Republicano Internacional (IRI) señaló que el 55% de los georgianos sentían que el país estaba yendo en la “dirección equivocada”, una respuesta que solo había dado el 33% en 2014.

El entusiasmo por “el sueño” solo disminuyó a medida que el año avanzaba.

En abril de 2015 una encuesta publicada por el Instituto Democrático Nacional/Centros de Recursos de Investigación del Cáucaso señaló que si las elecciones se celebraran al día siguiente, un 24% de los georgianos votarían por el GD, en comparación con el 16% del UNM.

En agosto, el voto a favor del GD había caído al 11%, con una mayoría relativa (13%) en realidad dando ventaja al UNM, el partido que los georgianos habían expulsado del poder en 2012 por su mandato opresivo y su falta de responsabilidad de cara al público.

La popularidad del GD se ha erosionado debido a una serie de factores, no todos ellos dentro del control de la coalición.

Sin embargo, mientras un malestar económico general barre la antigua región soviética, el gobierno está sobrecargado de presiones debido a la mala toma de decisiones y a errores de relaciones públicas.

La controversia judicial Rustavi 2 es un ejemplo de ello.

Rustavi 2, una cadena de televisión pro-UNM con la mayor cuota de mercado en Georgia, se vio involucrada en una disputa de propiedad el pasado otoño, que ponía en duda los compromisos del GD respecto a la libertad de prensa y la independencia judicial.

Rustavi 2 había sido controlada durante mucho tiempo por los accionistas mayoritarios Levan y Giorgi Karamanishvili y el director Nika Gvaramia hasta que sus acciones fueron incautadas por el tribunal municipal de Tbilisi en octubre.

La incautación y el consiguiente juicio fueron resultado de las afirmaciones hechas por el demandante Kibar Khalvashi, coopropietario de la emisora entre 2004-2006.

Khalvashi afirmó que en 2006 el gobierno del UNM le obligó a vender sus acciones.

Alegando que había sido amenazado ilegalmente por Saakashvili, se reivindicó a sí mismo como propietario legítimo del 100% de la empresa.

Los procedimiento judiciales fueron polémicos desde el principio.

Se rumorea que Khalvashi es cercano al anterior primer ministro y jefe financiero del GD Bidzina Ivanishvili, lo que alimenta las especulaciones sobre que el caso se produjo por motivos políticos.

Ya en 2012, Ivanishvili había declarado públicamente su creencia de que Khalvashi era uno de los propietarios legítimos de la cadena junto con los co-fundadores Davit Dvali y Jarji Akimidze.

El 3 de noviembre de 2015, un tribunal falló a favor de Khalvashi. La reacción fue inmediata.

Según un informe de EurasiaNet, el equipo legal del demandante no aportó “ninguna prueba documental para justificar la afirmación de su cliente de que el anterior presidente Saakashvili forzó las ventas de 2005 y 2006 de las acciones de Khalvashi”.

El fallo se basó más bien en “motivos razonables”, con el demandante dependiendo en gran medida de su propio testimonio oral sobre la conversación entre él y Saakashvili.

El fallo provocó la indignación pública y fue duramente criticado por las ONG y los observadores internacionales.

Para añadir más leña al fuego, el tribunal municipal de Tbilisi decidió dos días más tarde que el control de la cadena debía transferirse inmediatamente a un equipo de administración temporal designado por el tribunal.

Al despojar a los directores de la cadena del control editorial y sustituirlos por los administradores designados, los críticos argumentaron que el gobierno georgiano se estaba poniendo a cargo de la política editorial de Rustavi 2.

Freedom House escribió en ese momento:

The appointment of new management at Rustavi 2 ignores orders by the Constitutional Court and undermines democracy in Georgia. The government is breaking the promise it made to voters, which was to uphold higher standards than its predecessor in protecting the rule of law and the fundamental principles of democracy, including freedom of the press. We urge the Georgian government to end its interference in the media.

El nombramiento de una nueva administración de Rustavi 2 ignora las órdenes del Tribunal Constitucional y socava la democracia en Georgia. El gobierno está rompiendo la promesa que hizo a los votantes, que era mantener estándares más altos que su predecesor en cuanto a la protección del estado de derecho y los principios fundamentales de la democracia, incluida la libertad de prensa. Instamos al gobierno georgiano a poner fin a su injerencia en los medios de comunicación.

Mientras que la Representante de la OSCE para la Libertad de los Medios de Comunicación, Dunja Mijatović señaló:

Editorial decisions should be made in news rooms, not court rooms. Attempts by the courts to unduly influence an editorial policy of a media outlet are nothing short of the abuse of the rule of law and democratic foundations in a society. I call on the judiciary to fully respect the right of Rustavi 2 to editorial independence.

Las decisiones editoriales deberían tomarse en las salas de noticias, no en las salas de los tribunales. Los intentos de los tribunales de influir indebidamente en una política editorial de un medio de comunicación son nada menos que una violación del estado de derecho y los fundamentos democráticos en una sociedad. Exijo al poder judicial que respete plenamente el derecho de Rustavi 2 a la independencia editorial.

Preocupados por las posibles consecuencias en las relaciones publicas, las autoridades del GD se apresuraron a negar cualquier conexión entre el partido y la decisión del tribunal municipal de Tbilisi.

Garibashvili emitió una declaración escrita el día del fallo en la que lo describió como un triunfo del estado de derecho:

Whilst Rustavi 2 changed hands more than 20 times under the previous regime due to political interests, ownership of this TV station has for the first time been determined by the independent judiciary. This sets an important precedent and marks another welcome step forward for media freedom and pluralism, democracy and the rule of law in Georgia.

Mientras que Rustavi 2 cambió de manos más de 20 veces bajo el anterior régimen debido a intereses políticos, la propiedad de esta cadena de televisión ha sido determinada por primera vez por el poder judicial. Esto establece un importante precedente y marca otro paso adelante positivo para la libertad de prensa y el pluralismo, la democracia y el estado de derecho en Georgia.

Garibashvili no vería el final del año como primer ministro.

Anunció su renuncia sin dar explicaciones el 23 de diciembre y fue sustituido una semana más tarde por Giorgi Kvitikashvili, ex ministro de Asuntos Exteriores del país.

Pero parece que las nubes oscuras se ciernen sobre la una vez optimista democracia del Cáucaso independientemente de quien dirija el gobierno.

En 2015, el producto interior bruto solo creció un 2,8% – una cifra decepcionante para una economía en desarrollo acostumbrada a un rápido crecimiento – y el lari georgiano ha caído un 40% frente al dólar desde noviembre de 2014.

El resentimiento público también está creciendo en contra del gobierno ya que mantiene negociaciones con la energética estatal rusa Gazprom, menos de 8 años después de que las fuerzas armadas de Moscú bombardearan el país, aparentemente en apoyo de los estados separatistas de Georgia, Abjasia y Osetia del Sur.

Con esto en mente, y la aparente incapacidad del Sueño Georgiano para construir el sistema democrático que prometió, el cambio de propiedad de Rustavi 2 parece tener más sentido político que legal.

En apariencia, al menos, el veredicto dictado por el tribunal municipal de Tbilisi el año pasado le ha hecho un favor a tiempo a la coalición, comprometiendo a la voz más fuerte de la oposición antes de las vitales elecciones de octubre.

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