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Sumba, una isla del Índico pequeña en tamaño, pero grande en energías renovables

Paneles solares instalados por el gobierno que dan energía a 36 casas en el poblado de Weepatando, en la isla de Sumba. Foto de Asian Development Bank en Flickr con licencia CC-BY-NC-SA 2.0

Paneles solares instalados por el gobierno que dan energía a 36 casas en el poblado de Weepatando, en la isla de Sumba. Foto de Asian Development Bank en Flickr con licencia CC-BY-NC-SA 2.0.

Este artículo de Alexander Creed y Cleo Warner se publicó originalmente en Ensia.com, una revista sobre soluciones medioambientales de todo el mundo, y se publica aquí en el marco de un acuerdo para compartir contenidos.

Cuando se pone el sol en la pequeña isla indonesia de Sumba, Danga Beru Haba comienza a tejer a la luz de una sola bombilla, la única que hay en su casa. Aunque está cansada de trabajar desde el amanecer en los campos que rodean su pueblo, Kampung Kalihi, la venta del sarong que está tejiendo proporcionará ingresos extra a su familia.

La posibilidad de tejer por la noche sigue siendo una novedad para Haba. Su pueblo tiene electricidad desde hace solo dos años, gracias a una pequeña estación de aerogeneradores situada en una colina cercana a la localidad. El acceso a la energía eléctrica significa que ahora las mujeres pueden tejer y los niños estudiar mucho después de que el sol se haya puesto.

«Comencé a tejer después de que llegara la electricidad. Antes no podía hacerlo —nos dice Haba por medio de un traductor—. Ahora puedo tejer hasta medianoche». Como resultado, lleva ahorrados cerca de 200 $, que según dice, piensa gastar en la educación de sus hijos.

Sumba es una isla mayoritariamente rural y escasamente poblada, una de las numerosas islas del archipiélago que conforma Indonesia. A causa del terreno accidentado y montañoso, y la distancia entre los pueblos, solo el 25% de la población del país tenía acceso a la electricidad antes de 2010. No obstante, esta isla de unas 650 000 personas, que representan solo el 0,2% de la población nacional, pretende convertirse en ejemplo de energía limpia para toda Indonesia, el cuarto país más poblado del mundo y la mayor economía del sureste asiático. Gracias a una iniciativa conocida como «Proyecto Sumba», el gobierno local trabajará con donantes internacionales durante los próximos 10 años para proporcionar electricidad a todos los residentes de la isla utilizando solo energías renovables.

Es un objetivo ambicioso, muy oportuno, a la luz de la reciente conferencia sobre el clima de París, en la que se mostraron las energías renovables como estrategia potencial para combatir el cambio climático y como herramienta de desarrollo que permita a las naciones más pobres eludir las vías tradicionales que dependen de fuentes de energía contaminantes. África ha anunciado planes para proporcionar acceso universal a la electricidad en todo el continente, con la intención de producir 300 GW en 2030 utilizando solamente fuentes renovables, y Francia ha comprometido 2000 millones de dólares en esta causa.

Un informe publicado por la Agencia Internacional de Energía renovable dice que este tipo de energía, que será un 36% de la producción mundial en 2030 —el doble que en 2010—, aumentará el PIB global en un 1,1%, y el bienestar humano global —definido por factores como salud, educación y calidad del medioambiente— en un 3,7%.

Una isla privilegiada

Sumba, como gran parte de Indonesia, tiene la suerte de contar con abundancia de viento, sol y agua dulce. En 2009, la ONG holandesa Hivos reparó en el potencial que ofrecían esas fuentes, y concibió un plan para electrificar por completo la isla para 2025 utilizando solo fuentes renovables. Hivos colaboró en el proyecto «Sumba Isla Icónica» para mostrar que el acceso a las energías renovables puede aliviar la pobreza incluso en zonas remotas y aisladas».

En el tiempo que el proyecto lleva en marcha, Sumba ha conseguido electrificar más de la mitad de la isla. Además de Hivos, intervienen en el proyecto la ONG indonesia IBEKA, el Banco Asiático de Desarrollo y la Embajada noruega en Yakarta, junto con varios gobiernos locales y el gobierno nacional indonesio.

«En Sumba Este tenemos ahora todas las formas de energía renovable. Contamos con energía solar y eólica, hidroenergía y biogas», dice Daniel Lalupanda, jefe de la división de Energía y Minería del gobierno local en Sumba Este.

A pesar de estar solamente a dos horas en avión de Bali, el popular destino turístico, Sumba sigue siendo en su mayor parte territorio virgen para el turismo. Las viviendas de la isla, en su mayoría bloques de cemento con tejados metálicos y chozas de madera, están dispersas, a menudo agrupadas en pequeños poblados rurales dependientes de la agricultura que carecen de infraestructura para transportar la electricidad. Los que pueden permitírselo han dependido históricamente del keroseno —un combustible sucio y peligroso— para la cocina y la iluminación.

Pero «los recursos de viento, agua y biogas se encuentran por todo el país», según una investigación realizada en 2010 por Hivos y Winrock International, una organización sin ánimo de lucro dedicada a desarrollar comunidades estables en todo el mundo que ha ejercido de asesora del proyecto. Tras considerar varias islas candidatas y llevar a cabo un profundo análisis de Sumba y otra isla, Hivos y Winrock determinaron que «Sumba parece tener ventaja, ya que es la isla con mejor potencial técnico e institucional para la implementación del ‘concepto isla icónica'».

No ha costado mucho que la comunidad internacional se apunte a la idea de Hivos. A finales de 2012, el Banco Asiático de Desarrollo, que tiene por objeto aliviar la pobreza e impulsar el crecimiento sostenible en Asia y el Pacífico, comprometió un millón de dólares en asistencia técnica dirigida a aumentar el acceso a energías renovables en Sumba. La Embajada noruega en Yakarta también prometió cerca de un millón de dólares para incrementar el acceso a estas energías en el sudeste de Indonesia, siendo Sumba el principal beneficiado.

«Tenemos un gran potencial de energías renovables, sobre todo solar» dice Lalupanda, y añade que el apoyo de este tipo de instituciones extranjeras es esencial.

Productos locales

El proyecto Sumba Isla Icónica se ha visto reforzado por el apoyo de IBEKA, que ha proporcionado fondos y asistencia técnica para la construcción de varias microplantas de energía hidráulica en Sumba. IBEKA también ha ofrecido formación a vecinos de la isla para que aprendan a utilizar la tecnología, con la idea de que los propios habitantes sean capaces de operar las plantas de energía y de esta manera se impliquen directamente en el proyecto e inviertan en su éxito.

Christian Rihimeha gestiona una microplanta hidráulica en el poblado de Kamanggih. Dice que el resto del pueblo trabajó en el proyecto cavando una colina durante la construcción, que duró 10 meses. La planta produce hoy 37 000 vatios de electricidad, suficiente para dar energía a 326 hogares del pueblo. La mayor parte de la demanda de energía se produce durante la noche, de hecho, solo la escuela utiliza energía durante el día, para poder tener en marcha aparatos como los ordenadores. Pero de noche, muchos vecinos encienden la luz para tejer o para que estudien sus hijos.

«Ahora que tenemos acceso a electricidad sostenible durante todo el tiempo, puedo mantener abierta mi tienda un rato más cuando ha oscurecido», dice, con la ayuda de un traductor, Umbu Windi Ndapangadung, jefe electo de Kamanggih. «Mi mujer utiliza una batidora para hacer pasteles y los niños pueden ayudarle».

La compañía estatal indonesia de electricidad compra la energía generada por la planta de Kamanggih y la revende a los habitantes del pueblo a un precio predeterminado. Una cooperativa local, Corporasi Peduli Kasih, gestiona la venta de la electricidad producida por la planta, reinvirtiendo los beneficios en la comunidad. Este dinero ha financiado programas de potabilización de agua y producción de fertilizante orgánico a partir de estiércol del ganado local, que también puede venderse.

«Antes de que tuviéramos electricidad, era difícil potenciar a la gente de esta comunidad –dice Ndapangadung—. Pero ahora que la tenemos, están más dispuestos a colaborar en programas comunitarios».

Sigue habiendo problemas

Hasta ahora, la planta hidroeléctrica de Kamanggih ha funcionado bien, y Rihimeha afirma que cuando necesite mantenimiento, el gobierno enviará a un experto para que le ayude. Pero en los arrabales de Kamanggih, ubicado en un llano que domina un exuberante valle, hay una microplanta eólica compuesta por cuatro pequeñas turbinas. Las cuatro giran libremente con el viento, pero no producen energía, según Petrus Lamba Awang, representante local de IBEKA. Algunos de los componentes de los sistemas se han estropeado, comenta, y los vecinos no saben cómo arreglarlos: un ejemplo de los problemas que plantea mantener las tecnologías en un lugar como Sumba, donde hay pocas vías de comunicación. Muchos de los pueblos están aislados, a kilómetros de cualquier lugar, conectados solo por caminos escarpados, irregulares y mal mantenidos.

Michael Kristensen, consejero de energía y director de proyectos de energías renovables de la Academia de Energía de la isla danesa de Samsø, que produce toda su electricidad a partir de turbinas eólicas, reconoce que estos problemas eran previsibles. Kristensen no interviene en el proyecto de Sumba, pero ha ayudado a desarrollar las energías renovables de Samsø. «Es un largo proceso, y se aprende sobre la marcha —dice—. En algunos casos tienes que pedir ayuda de fuera. Cuando realizamos proyectos [en Dinamarca], siempre apostamos por la asesoría de expertos».

El ministro indonesio de Energía y Recursos Mineros, Sudirman Said, ha apoyado públicamente el proyecto Sumba Isla Icónica, pero algunos indonesios que trabajan en Sumba tienen la impresión de que Said y el gobierno que representa no contribuyen lo suficiente a la iniciativa. El ministro ha respaldado categóricamente el proyecto, pero según dicen los vecinos, no ha tomado suficientes medidas. Quieren más dinero y que se envíe más personal bien formado a Sumba para intentar lograr los objetivos de la isla.

«El gobierno no ha hecho un gran esfuerzo para hacerlo posible —dice Ndapangadung—. Si el gobierno nos apoya, podemos conseguir nuestro objetivo en 2025. Pero me preocupan los altos cargos del gobierno».

A causa del terreno de la isla y de sus pueblos aislados, la compañía eléctrica nacional indonesia estima el coste de instalar líneas eléctricas para hacer llegar energía a todos los residentes en unos 22 000 dólares por kilómetro, demasiado para que la agencia considere seriamente la instalación de una central eléctrica en Sumba. No obstante, la naturaleza descentralizada de los proyectos renovables a pequeña escala puede solventar este problema, instalando líneas solo en zonas localizadas.

«Al no existir una infraestructura eléctrica en el lugar, habrá dificultades, y no se podrá ir tan rápido. La red se expandirá a su propio ritmo, pero por supuesto, hacerlo realidad resulta caro y es un proceso difícil», dice Kristensen.

Sumba podría seguir el ejemplo de otras pequeñas islas que recurren a las energías renovables, como la de Samsø. En EE. UU., el estado insular de Hawái pretende que para el 2045, toda su electricidad provenga de fuentes renovables. No obstante, estas islas tienen diferencias básicas con Sumba, incluyendo los recursos financieros provenientes del gobierno y de sus habitantes. El impulso a las energías renovables de Samsø fue liderado por unos cuantos ciudadanos de la isla, y muchas de las turbinas eólicas son propiedad de los vecinos. Todo el mundo colabora en la toma de decisiones, según Kristensen. En Hawái se ha aprobado una ley que ordena cumplir sus objetivos con las energías renovables.

Sin suficientes recursos y un apoyo realmente sólido, son muchos, entre ellos Kristensen, los que piensan que el proyecto de Sumba tendrá dificultades para conseguir su objetivo en el plazo fijado.

No obstante, los que intervienen en el proyecto mantienen la esperanza. En Indonesia nunca se ha llevado a cabo un proyecto como el de Sumba Isla Icónica, por lo que el gobierno no tiene un patrón que seguir, ni presupuestos que consultar. Nadie sabe a ciencia cierta cuánto dinero o esfuerzo hará falta para llevar la electricidad a todo el mundo en la isla, sobre todo a los que viven en las zonas más aisladas. Aún así, el proyecto sigue en pie, y si esa isla remota puede lograr sus metas, podría convertirse en un modelo para el resto del mundo.

Este artículo se ha escrito en asociación con Round Earth Media, que trata noticias internacionales. Cleo Warner y Ninik Yuniati han contribuido en el reportaje.

Alexander Creed es actualmente estudiante de último año de Ciencias Marinas en el Eckerd College de Saint Petersburg, Florida, en la rama de gestión de costas. Es un apasionado del medioambiente, y espera hacer carrera en los NOAA Corps. Su cuenta en Twitter es @creedlur.
Cleo Warner es investigadora en el Instituto de Ciencia para Políticas Globales. Aunque nunca ha recibido formación oficial, ha practicado la fotografía en Indonesia, Tailandia, Costa Rica, Jamaica y por todo el territorio de los Estados Unidos. Su cuenta en Twitter es @CleboWarner.

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