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Con la mirada puesta en China, los tibetanos votaron por su gobierno en el exilio

Dalai Lama. Image from Flickr by Giandomenico Ricci. CC BY-NC-ND 2.0

Dalai Lama. Imagen de Flickr por Giandomenico Ricci. CC BY-NC-ND 2.0.

La cuestión de la soberanía e independencia del Tíbet ha sido un asunto de larga data desde que China envió tropas a ocupar la región del Himalaya en los comienzos de la década del cincuenta. El gobierno del Tíbet conocido como Administración Tibetana Central, trabaja en el exilio. Fue establecido en la India por el Dalai Lama, el líder budista de los tibetanos, después que fue obligado a huir en 1959.

Los miembros de la comunidad tibetana de todo el mundo se presentaron para elegir un jefe del gobierno y los miembros del décimosexto parlamento tibetano el 20 de marzo de 2016. Las elecciones se diseminaron a través de 30 países y fueron la continuación de una ronda preliminar que fue llevada a cabo en octubre de 2015 (con el 53% de participación electoral). Los resultados estaban programados para conocerse el 24 de abril.

Los electores se han presentado en un gran número para votar hoy en Dharasmsala.

El gobierno que resulte elegido por el voto gobernará una gran comunidad de tibetanos diseminados a lo largo de varios países, incluyendo Nepal, la India, Bután, Cánada y Estados Unidos, desde su sede en McLeod Ganj en Himachal Pradesh en el norte de India.

“Yo voté por el Tíbet”.

Fueron las segundas elecciones desde que el Dalai Lama renunció a su autoridad politica sobre la comunidad para dar paso a un sistema democrático en el 2011.

El Dalai Lama actual (parte de la estirpe de los líderes espirituales de los tibetanos que se remontan al siglo XIV) ha estado defendiendo la causa de la democracia para su gente desde que él huyó a la India en 1959, luego que China reclamó el Tíbet y comenzó una campaña para reprimir su religión y su cultura.

Aquellos que se presentan a las elecciones incluido el actual sikyong (como se lo llama al primer ministro) son Lobsang Sangay, un experto legal educado en Harvard y Penpa Tsering, orador del parlamento tibetano.

El parlamento tibetano tiene 45 bancas en total. Las tres regiones del Tíbet, Tsang, Kham y Amdo tienen 10 asientos cada una, mientras que las cinco escuelas tibetanas budistas tienen dos bancas cada una.

Los tibetanos en Europa y Norte América tienen dos bancas, mientras que los tibetanos en Australia y el resto de Asia tienen un banca colectivamente.

Para estar habilitados para votar, los tibetanos deben tener más de 25 años de edad y poseer el Libro Verde (un documento emitido por el gobierno tibetano en el exilio). Este libro contiene la prueba de identidad así como los detalles fiscales mantenidos por la comisión electoral.

El usuario de Twitter Tenzin presumió de su Libro Verde:

Voté por el Tíbet…Creó que China debería aprender a adoptar la democracia en China y TAR.

China ocupa un lugar destacado

Aunque el amor por la patria unió a los tibetanos del exilio en la urna, la competencia en las encuestas no estuvo completamente libre de discusiones politicas. Los candidatos se atacaron unos a otros sobre “los hábitos de consumo de alcohol”, “la conducta narcisista” e insistieron en asuntos mezquinos y triviales mientras que el periódo de campaña conducía a las elecciones. Lobsang Sangay, que competía por la reelección fue censurado por tener su retrato exhibido en su oficina de Washington, mientras que los hábitos de bebida de su oponente, Penpa Tsering, el orador del parlamento exiliado, eran cuestionados.

Lukar Jam Atsok, de 44 años, que estuvo en prisión en China antes de escapar a la India hace un par de años, se inició en la competencia preliminar por el liderazgo politico. Su principal argumento se fundamentó en la premisa de que el Dalai Lama podría ser considerado un traidor por haber abandonado la batalla, por la independencia total del Tíbet en sus negociaciones con el gobierno chino. El Dalai Lama promovia un “enfoque intermedio” que vería al Tíbet gobernado por China, pero con un gran bagaje de autonomia, no como el gobierno en vigor en Hong Kong or Macao.

Se incorporaron veedores de varios países para asegurar que las elecciones transcurrieran de una manera justa. El gobierno de Pekín no vió con buenos ojos que otros países le prestaran ayuda a los tibetanos en el proceso de votación.

#China asks nations to deny ‘stage’ to exile Tibetans ahead of their general election https://t.co

/YdjIPmGPdW #Tibet pic.twitter.com/Zvhhy1OuRY

— TibetanReview (@TibetanReview) 19 de marzo de 2016

China pide a las naciones que nieguen “locales” a los tibetanos exiliados para sus elecciones generales

Casi 6 millones de tibetanos viven en China por lo cual el area del Tíbet se considera una región autónoma. Las autoridades del país dicen que la región ha sido históricamente territorio chino y de esta forma su incorporación del Tíbet esta justificada. Los tibetanos discutieron esto, diciendo que eran un país independiente antes que las tropas chinas marcharan hace seis décadas.

Pekín ha sido acusado de someter a los tibetanos a detención arbitraria, juicio injusto, represión de la libertad religiosa y la libertad de expresión y de albergar otros abusos de los derechos humanos. La mayoría de los esfuerzos que llevaron a China a un diálogo para encontrar una solución se han estancado o fallado en la mayoría de los casos, como señalaron numerosos científicos politicos.

Una frustración profundamente arraigada

Unas pocas semanas antes de que el Tíbet hiciera su ejercicio democrático un joven de 16 años se suicidó prendiéndose fuego en Dehradun, India. Esto fue un claro recordatorio de la profunda frustración que existe dentro de la comunidad exiliada a causa de la falta de progreso para ganar alguna medida de libertad para su patria.

Al menos 144 tibetanos se han suicidado de esta forma durante los últimos 20 años de acuerdo a la Campaña Internacional para el Tíbet.

Gelek Bhotay, un nepalés-canadiense advirtió en contra de la glorificación de la inmolación propia y llamó a la reflexión:

Calling a self-immolation a “sacrifice” is poetic and uplifting, but in a way, it is selfish. It displaces a person from her individuality and lived experience. It frames her life based on how it affected us. Our insistence on looking at it solely through the lens of China and Tibet takes her away from her humanity. When we talk about her “sacrifice” (to what, for whom?), we’re really only talking about ourselves.

Calling Dorje Tsering’s self-immolation a suicide may sound crass, clinical and, perhaps, at odds with what the self-immolator intended it to be. But it was a suicide. It was a culmination of many different trajectories, missed opportunities, obstacles, and yearnings. And we are all complicit in it. Through our actions—significant or small, intentionally or unintentionally, knowingly or unknowingly—we failed him.

[…] Whether in exile or inside Tibet, we cannot simply light lamps, confine the self-immolators to the altars of martyrdom, and leave it at that.

Denominar a la inmolación propia un “sacrificio” es poético e inspirador, pero en alguna forma es egoísta. Esto desplaza a la persona de su individualidad y experiencias vívidas. Enmarca su vida basada en cómo nos afectó a nosotros . Nuestra insistencia en mirarla únicamente a través del lente de China y el Tíbet le arrebata su humanidad. Cuando hablamos sobre su “sacrificio” (¿para qué o para quién?), en realidad solo hablamos de nosotros mismos.

Llamar a la autoinmolación de Dorje Tsering un suicidio puede sonar burdo, frío y quizás contrario a lo que el autoinmolador intentó ser. Pero fue un suicidio. Fue una culminación de muchas trayectorias diferentes, oportunidades perdidas, obstáculos y anhelos. Además todos somos cómplices de esto. A través de nuestras acciones, significativas o pequeñas, intencionalmente o inintencionalmente, con conocimiento o sin conocimiento, nosotros le fallamos.

[…] Ya sea en el exilio o dentro del Tíbet, simplemente no podemos llamar la atención o confinar a los inmoladores a los altares del martirio, y abandonar todo.

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