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Enérgica niña de 12 años nos muestra cómo es la vida en Nepal luego del terremoto

Shreesha Duwal doing chores at the temporary camp in Bhaktapur where she and her family moved after their house was destroyed in the 2015 earthquake in Nepal. Credit: Sonia Narang

Shreesha Duwal haciendo tareas domésticas en el campamento provisional en Bhaktapur donde junto a su familia se mudó luego que su casa fuera destruida en el terremoto de 2015 en Nepal. Gentileza: Sonia Narang.

Este artículo escrito por Sonia Narang apareció originalmente en PRI.org el 21 de abril de 2016 y se republica aquí como parte de un acuerdo para compartir contenido.

Cuando Shreesha Duwal me lleva a su vivienda familiar en Bhaktapur, en las afueras de Katmandú, solo hay un agujero enorme y pilas de ladrillos. El edificio de varios pisos colapsó durante el terremoto del año pasado.

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“Había 20 casas aquí, todas ellas fueron destruidas”, cuenta Shreesha.

“Me rompe el corazón pararme aquí. Duele ver las casas destruidas de todos los demás también”.

Libros y ropa, incluso muchos de sus uniformes escolares, están enterrados bajo los escombros.

Ahora vive con su madre, padre, hermano y abuelo en una choza de hojalata de una habitación, en un campamento para desplazados que alberga a 60 familias.

Ya pasó casi un año desde que un terremoto de magnitud 7,8 devastó pueblos y aldeas en todo Nepal el 25 de abril de 2015. Causó la muerte de más de 8.000 personas y dejó a muchas miles sin hogar. Pero una gran cantidad de ellas, como la familia Duwal, espera una recuperación que apenas ha comenzando. El gobierno de Nepal aún no aprobó los planes para la reconstrucción de viviendas.

En el campamento de Shreesha no hay agua corriente y tienen que cocinar afuera, preparar la cena en la oscuridad a la luz del fuego. Las paredes están hechas de planchas de metal corrugado y el techo es de lona. La ropa cuelga de largos cables al lado de grandes bolsas llenas de lana. Ella y su madre tejen guantes para ganar dinero extra.

A Shreesha le gusta bromear acerca de las ratas gigantes que corren alrededor de la choza. “Ya matamos tantas”, cuenta. “Pero no importa cuántas matemos, parece que tenemos la misma cantidad de ratas”.

Tampoco hay forma de escapar del clima.

Hace mucho calor aquí dentro”, afirma. “Durante las tormentas, el viento sopla el polvo hacia dentro y ensucia todo en nuestra pequeña habitación. Cuando llueve, el agua gotea en la casa”.

Como toda niña, lo que más le molesta es el hecho de que el televisor no funciona correctamente.

“Solo se enciende la mitad de la pantalla cuando intentamos mirar televisión”, dice Shreesha. “Entonces, pienso: ¿qué sentido tiene?”

Shreesha es una niña de octavo grado, inteligente y segura de sí misma, pero le resulta difícil estudiar con el incesante ruido de la construcción al otro lado de la calle.

Cuando está en la escuela, los demás niños se burlan de ella por no tener hogar.

“Ni siquiera tienes una casa para vivir”, dicen. “¿Cómo vives en una habitación?”

Se pretende que el campamento para desplazados por el terremoto sea provisional, pero el gobierno se ha demorado en repartir fondos para la reconstrucción. Irónicamente, el padre de Shreesha es un obrero de la construcción que se pasa los días construyendo las casas de otras personas. El poco dinero que gana lo destina para pagar las cuotas escolares de sus hijos.

“Creo que tendremos que quedarnos aquí por mucho tiempo más”, afirma Shreesha.

Shreesha Duwal at the site of her former home in Bhaktapur, Nepal Credit: Sonia Narang

Shreesha Duwal en el sitio de su anterior casa en Bhaktapur, Nepal. Gentileza: Sonia Narang.

Pocos días después de reunirme con Shreesha, me uno a toda su familia para el Año Nuevo nepalí. Me llevan hacia un cuarto pequeño y oscuro en el segundo piso de un edificio abandonado al lado de su vieja casa. Se tambalea y el suelo se sacude cuando alguien camina, pero están decididos a celebrar en cualquier lugar fuera del campamento.

Bebemos Mountain Dew y comemos arroz con verduras. Parecen alegres y la comida está llena de risas. A través de la ventana, su antiguo vecindario todavía luce como una zona de guerra bombardeada.

Cuando le pregunto a Shreesha qué es lo que la hace seguir adelante, su respuesta es clara.

“Es el sueño de tener mi propia casa algún día, y mi propia habitación, lo que me da fuerzas”, me dice.

Luego de la comida de Año Nuevo, Shreesha, su padre y sus primos me conducen por un laberinto de históricos callejones llenos de celebraciones cerca de su vieja casa. Probamos un poco del famoso “King Curd” de Bhaktapur, un delicioso yogur dulce, y nos detenemos en una ceremonia religiosa para escuchar la música.

En este momento, Shreesha parece muy feliz.

Sonia Narang informó desde Nepal con el apoyo de la South Asian Journalists Association (Asociación de Periodistas Surasiáticos).  

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