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¿Crees que conoces al pueblo somalí? ¡Piénsalo de nuevo!

Desde hace tres meses el proyecto online Somali Faces comparte historias cotidianas de somalíes alrededor del mundo. La idea fue invención del dúo creativo integrado por Donia Jamal Adam, narradora y activista de derechos humanos, y Mohammed Ibrahim Shire, autor y entusiasta de la historia. Ambos son fotógrafos aficionados.

El proyecto tiene dos objetivos principales. El primero es global: busca reconstruir la imagen de los somalíes como gente tranquila y resiliente, desafiando así los estereotipos de terroristas, piratas, señores de la guerra y refugiados. El segundo, es nacional: un recordatorio piadoso dirigido al pueblo somalí para que olvide el clanismo mezquino “y comprenda seriamente que todas las etnias tienen sus propias luchas, sueños, arrepentimientos y aspiraciones”.

La gente somalí vive para contar poderosas historias (de derrotas, seguro, pero también de esperanza). Somali Faces actúa como curador de estas historias visitando e interactuando con somalíes de todo el mundo. Todos ellos, jóvenes y mayores, tienen un relato para contar. Aquí están algunas de las historias más atractivas…

La educadora

Photo used with permission.

Foto de Somali Faces (Donia y Mohammed). Usada con permiso.

I was born in Pakistan, raised in the United States and currently live in Hargeisa [Somaliland]. I moved to Hargeisa at the age of 10, after the tragic death of my mother (May God grant her Paradise). I come from two mostly uneducated, nomadic families. […] Being born to these two types of families […] gave me the eagerness to push myself and become successful and educated, be a successful story for my parents. Since my mother passed away, I always get judged strictly on a daily basis by the elders of our Somali community. […] So I arranged my goals into a strict order: news anchor, teacher, wife and a mother. […] I started anchoring news and programs for the English section of Radio Hargeisa at the age of 16. Then to make my father happy, I went on to study Public Health at a local university and found love in teaching. You never know when love knocks on your door. I never thought in a million years of getting married at a young age. Then I met my husband and realised he was the one for me. Alhamdullilah, we have been married for two years and I’m currently 19. We have a beautiful daughter and I’ve fulfilled the order I set out earlier and continue to act on it. My husband taught me to live by the well-known saying, ‘where there is a will, there is a way’. […] I created my own teaching course, teaching fellow Somalis how to learn English as a second language. I try to keep a smile on my face, no matter what I’m going through […] Amidst your rough upbringing, amidst your underprivileged background, the labels that people throw at you, remember you can make things still possible.

Nací en Pakistán, llegué a los Estados Unidos y actualmente vivo en Hargeisa (Somalilandia). Me trasladé a Hargeisa a los diez años, después de la trágica muerte de mi madre (que en paz descanse). Vengo de dos familias en su mayoría analfabetas y nómadas. […] Haber nacido en este tipo de familias […] me impulsó a esforzarme para ser exitosa y educada, para convertirme en una historia de éxito para mis padres. Desde la muerte de mi madre, los mayores de la comunidad somalí me han juzgado de manera estricta a diario. […] Así que organicé mis metas en un orden estricto: presentadora de noticias, profesora, esposa y madre. […] Empecé presentando las noticias y los programas para la sección inglesa de la Radio Hargeisa a la edad de 16 años. Entonces, para hacer feliz a mi padre, decidí estudiar Sanidad Pública en la universidad local y allí encontré el amor por la educación. Nunca se sabe cuando va a llamar el amor a tu puerta. Nunca pensé en millones de años en casarme tan joven. Entonces conocí a mi marido y me di cuenta de que era el perfecto para mi. Alhamdullilah, hemos estado casados durante dos años y actualmente tengo 19. Hemos tenido una hija preciosa y he cumplido la orden de establecerme antes y continúo actuando en consecuencia. Mi marido me enseñó a vivir bajo los proverbios conocidos, “donde hay voluntad, hay un camino”. […] He creado mi propio curso de enseñanza, para enseñar a los hombres somalíes como aprender inglés como segundo idioma. He intentado mantener una sonrisa en mi cara, sin importar lo que ocurra. […] A pesar de las dificultades en tu educación, de la falta de recursos, de las etiquetas que te pone la gente, recuerda que aún puedes lograrlo.

La ‘Chica ciega’

Photo used with permission.

Foto de Somali Faces (Donia y Mohammed). Usada con permiso.

My family and the Somali people that I interacted [with] didn’t know the proper way to raise or approach a blind girl. As a result, I became self-dependent and quite isolated. During my younger years, we lived in a village called Higlale, close to a large well. On a given morning, I accompanied my mother to collect some water […] my mother saw from afar two figures approaching the well […] You see, I love plants and flowers, though I’ve never seen how they look like, but I love caressing them, gently stroking them. So whilst we waited for them, I plucked lots of flowers, as many as my two hands could hold. When the two figures approached the well, they turned out to be a distant relative and her son. After greetings were exchanged, my aunt said […] ‘Who is this beautiful girl sitting next to you, is she yours?’ Before my mother could reply, she answered her own question: ‘Is she the blind girl?’ My mother replied in the affirmative. I got used to being referred to as the blind girl and I guess over the years, the hurt feeling dampened so it didn’t bother me much. But suddenly, once he heard that I’m blind, the son started walking towards me and sat next to me. He took the flowers that I held in my hands and patiently told me their names, their colours, where they can be found. I was taken aback for no one has ever done that for me. […]

He promised me that he will take me as many places as he possibly can, full of flowers and greenery. From that day onwards, he took me to the most beautiful places and we spent a lot of time together. I fell in love with him but since I was a young girl, I could not tell him. I kept thinking, in time I will disclose it to him. Unfortunately, we had to move […] In 2009, we saw [each other] once again in Hargeisa and I told myself that I’ve been given another chance to tell him so I did […] he replied with a question that bothered me to the core. He said: ‘How is possible for you to love, considering that you are blind and can’t see me?’ […] I tried to remain calm and explain to him that we, blind people, are capable of recognising love. In fact, you don’t need physical eyes to see and experience love. Love is experienced through the intuitive knowledge of our hearts and I see and recognise it with the eyes of my heart. […] In the end, however, we didn’t end up together and that’s God’s will. But know that beauty and love’s not experienced through your physical eyes. It’s experienced through your heart and I tell others who have been in my situation and are blind, if you experience love, don’t let your disability deter you from pursuing it. Everyone is capable of love.

Mi familia y la gente somalí con la que interactué no sabían cuál era la manera apropiada de criar o acercarse a una chica ciega. Como resultado, me volví autosuficiente y algo aislada. Durante mis primeros años, vivimos en un pueblo llamado Higlale, cerca de un gran pozo. Una mañana acompañé a mi madre a buscar agua […] mi madre vio desde lejos dos figuras que se acercaban al pozo […] Como ve, me encantan las plantas y las flores, aunque nunca haya visto como son, pero me encanta cuidarlas, acariciándolas suavemente. Mientras las esperábamos arranqué muchas flores, tantas como mis manos pudieron sujetar. Cuando llegaron al pozo, resulta que eran una pariente lejana y su hijo. Después de intercambiar saludos, mi tía dijo […] “¿Quién es esta niña tan bonita sentada junto a ti? ¿Es tuya?”. Antes de que mi madre pudiera responder, ella respondió su propia pregunta “¿Es la chica ciega?” Mi madre contestó afirmativamente. Me acostumbré a que se refirieran a mi como la chica ciega y creo que tras varios años, el sentimiento doloroso disminuyó de tal manera que no me importaba mucho. Pero de repente, una vez que oyó que era ciega, el hijo empezó a caminar detrás de mi y se sentó a mi lado. Cogió las flores que sujetaba en mis manos y pacientemente me dijo sus nombres, sus colores, donde se podían encontrar. Me sorprendió porque nunca nadie había hecho eso por mi. […]

Me prometió que me llevaría a tantos lugares como pudiera, llenos de flores y vegetación. Desde aquel día me llevó a los sitios más bonitos y pasamos muchísimo tiempo juntos. Me enamoré de él, pero como era una chica joven, no podía decírselo. Seguí pensando y decidí que llegado el momento se lo revelaría. Desafortunadamente, tuvimos que mudarnos […] En 2009, nos volvimos a ver una vez más en Hargeisa y me dije a mi misma que había recibido otra oportunidad para contárselo, así que lo hice […]. Me contestó con una pregunta que me enfadó hasta la médula. Dijo “¿Cómo es posible que ames si eres ciega y no puedes verme?” […] Traté de mantenerme calmada y explicarle que nosotros, los ciegos, somos capaces de reconocer el amor. De hecho, no necesitas ojos físicos para ver y experimentar el amor. El amor se experimenta mediante el conocimiento intuitivo de nuestros corazones y lo veo y lo reconozco con los ojos de mi corazón […]. Finalmente, sin embargo, no acabamos juntos por voluntad del Señor. Pero han de saber que la belleza y el amor no se experimentan a través de los ojos físicos. Se experimenta con tu corazón y les cuento a otros que han estado en mi situación y están ciegos, que si experimentas el amor, no dejes que tu discapacidad te desanime a perseguirlo. Todo el mundo es capaz de amar.

El emigrante

Photo used with permission.

Foto de Somali Faces (Donia y Mohammed). Usada con permiso.

Whilst in Mogadishu, a close friend of mine and I decided to enter Europe and travel through the usual path, which is from Ethiopia, Sudan, Libya and then into Europe. We ran out of money and were stranded in Ethiopia. […] I was broke, couldn’t speak Amharic and had little rent money left. With my last remaining money, I bought a Somali-English dictionary and grammar book. Every day, I would study at least 20 English words […] Within 2 months, I reached to a decent level where I could understand news programmes in English. I was getting stressed as the little money that I had left was running out but opportunity knocked […] You see, there was this Somali IT teacher who wanted to learn Arabic and I spoke fluent Arabic. […] He said he was willing to give 400 Ethiopian birr [Ethiopian currency] which was a lot […] my monthly rent was 50 birr. I thought about it and told him that I didn’t want his money. Just teach me computing and I will teach you Arabic. He happily agreed but told me that he couldn’t give me a certificate as I didn’t have a refugee card. I didn’t mind but of course, I was still not getting any money in. But thank God, by the next day, I met an American who wanted to learn Somali and we agreed that he would pay me 50 Ethiopian birr per half hour. After I taught him the Somali language, he tested it by travelling to the Ethiopian Somali region. A week later, he came back and started praising me profusely. Given that I had computing skills and spoke decent English, he offered me a good job at his place. […] Money comes and goes but knowledge lasts forever.

En Mogadishu, con un amigo cercano decidimos entrar a Europa viajando por la ruta habitual, que recorre Etiopía, Sudán, Libia hasta llegar a Europa. Se nos acabó el dinero y quedamos varados en Etiopía. […] Estaba arruinado, no sabía hablar amárico y me quedaba poco dinero para el alquiler. Compré un diccionario somalí-inglés y un libro de gramática. Cada día, estudiaría al menos 20 palabras inglesas […]. En dos meses, llegué a tener un nivel decente que me permitía entender los programas de noticias. Estaba estresado porque el poco dinero que me quedaba se estaba acabando pero la oportunidad de repente llamó a la puerta. […] Había un profesor de TIC que quería aprender árabe para hablarlo de manera fluida. […] Dijo que tenía la intención de darme 400 birr [la moneda de Etiopía], lo que era mucho. […] Mi renta mensual era de 50 birr. Lo pensé y le dije que no quería su dinero. Solo que me enseñara informática y yo le enseñaría árabe. Aceptó felizmente pero me dijo que no podría darme un certificado porque no tenía tarjeta de refugiado. No me importó, aunque seguía sin ganar dinero. Pero gracias a Dios, al día siguiente, conocí a un americano que quería aprender somalí y acordamos que me pagaría 50 birr por cada media hora. Después de enseñarle la lengua somalí, probó sus conocimientos viajando a la región somalí de Etiopía. Una semana después, volvió y empezó a elogiarme enormemente. Debido a que tenía conocimientos de informática y hablaba inglés decentemente, me ofreció un buen trabajo en su casa. […] El dinero viene y va pero el conocimiento se queda para siempre.

El científico militar

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Foto de Somali Faces (Donia y Mohammed). Usada con permiso.

I used to be part of Somalia’s elite special operations force before the civil war. We were Somali taught and thus trained/conducted exercises with the US Army Rangers and Egyptian Special Forces. We used to rotate; sometimes we trained in Somalia, sometimes in Egypt, other times in the United States. After 1991, I switched to IT and left my knowledge and experience in Somali military behind. It was only in 2006 when I saw what foreign forces were doing in Somalia that I changed course, how we do not have any military science specialists and that we have to be trained by so many different countries instead of empowering Somali trainers. I left the world of IT and decided to study military science from scratch, the theoretical aspect for I already am experienced in the practical aspect. I am now currently doing my PhD in Political/Military Science in order to fill the vacuum instead of keeping it open for non-Somalis. I’m aiming to bring back Somali military science, by Somalis and for Somalis.

Solía pertenecer a las fuerzas de élite del ejército de Somalia antes de la guerra civil. Fuimos entrenados como somalíes y, por lo tanto, participamos en ejercicios con Rangers del ejército de Estados Unidos y las fuerzas especiales egipcias. Solíamos rotar; a veces entrenábamos en Somalia, otras en Egipto y otras en Estados Unidos. Después de 1991, cambié para dedicarme a las TIC y mis conocimientos y experiencia en el ejército somalí quedaron atrás. Recién en 2006 cuando vi lo que las fuerzas extranjeras estaban haciendo en Somalia cambié de rumbo, ¿cómo es posible que no tengamos especialistas en ciencias militares y que tengamos que ser entrenados en muchos países diferentes en vez de empoderar a entrenadores somalíes?. Dejé el mundo de las TIC y decidí estudiar ciencia militar desde cero, el aspecto teórico porque en el práctico ya tenía experiencia. Actualmente estoy haciendo mi doctorado en ciencias políticas militares para llenar el vacío en lugar de dejarlo abierto para quienes no son somalíes. Tengo la intención de recuperar la ciencia militar somalí, por y para los somalíes.

La activista

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Foto de Somali Faces (Donia y Mohammed). Usada con permiso.

I was six years old. I went out to play with my friends […] Given that we didn’t have much to play with, we scanned the place for objects that we could play with. […] I found this particular metal object that was beautifully shaped and presented it to my friends […] But it kept getting hot so I chucked it away by throwing it in the air and giving it a nice kick. The minute I kicked it, it blew up. I became unconscious. I opened my eyes at the hospital. I tried to get up but was told that I lost both of my legs. I lost hopes and saw my ambitions dwindling away. I gave up on life. You will never walk again, I told myself. […] After several months in the hospital, the UN visited me and were intrigued by my case so they offered me artificial limbs in order for me to walk again. I […] was suddenly overwhelmed with a new sense of hope. I was the first Somali to have artificial legs fitted. In 1996, I attended an international conference on mine elimination in Switzerland. They kept asking me, what can we do for you, do you want to stay in Switzerland or any other country? I told them to build me a school in my birth city, and they did. It was aptly named after me. I attended my own school and finished high school there. I now have a bachelor degree and campaign for a local organisation that raises awareness for disabled Somali people. You might be physically disabled but that doesn’t mean you’re mentally disabled. If you have an ambition, there are many ways to achieve it.

Tenía seis años. Salí a jugar con mis amigos […] Dado que no teníamos muchos juguetes, examinamos el lugar en busca de objetos para jugar. […] Encontré un objeto extraño de metal que tenía una forma bonita y se lo enseñé a mis amigos […] pero siguió calentándose por lo que lo lancé lejos por el aire mediante una buena patada. Al minuto de haberlo lanzado, desapareció. Me desmayé. Abrí los ojos en el hospital. Intenté levantarme pero me dijeron que había perdido las dos piernas. Perdí las esperanzas y vi esfumarse mis ambiciones. Dejé de luchar por la vida. Nunca volverás a caminar, me decía a mi misma. […] Después de varios meses en el hospital, representantes de la ONU me visitaron porque estaban intrigados por mi caso, así que me ofrecieron unas prótesis para que pudiera volver a caminar. […] De repente me encontré abrumada con un nuevo sentimiento de esperanza. Era la primera somalí en tener piernas artificiales. En 1996, estuve en una conferencia internacional sobre la eliminación de minas en Suiza. Siguieron preguntándome ¿Qué podemos hacer por ti? ¿quieres quedarte en Suiza o en otro país?. Les dije que quería que construyeran un colegio en mi ciudad natal, y así lo hicieron. Convenientemente la institución lleva mi nombre. Fui a clases en mi propio colegio y allí terminé la educación secundaria. Actualmente tengo un título de bachillerato y trabajo con una organización local para generar conciencia en la población acerca de la gente somalí discapacitada. Podrás estar discapacitada físicamente, pero no quiere decir que vayas a estarlo mentalmente. Si tienes ambición, hay muchísimas maneras de conseguirlo.

Puedes leer más historias inspiradoras en la página web de Somali Faces y seguir el proyecto en Twitter, Facebook e Instagram.

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