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El lado sicodélico de la Unión Soviética: cinco alucinantes cortos animados

Bats! Screenshot from YouTube clip of 'Hedgehog in the Fog', uploaded by the user Russian Animation.

¡Murciélagos terroríficos! Fragmento del video de YouTube ‘El erizo en la niebla’, subido por el usuario Russian Animation.

Atrapados entre un conflicto geopolítico global y un aparato de censura omnipresente, algunos de los más destacados animadores de la antigua Unión Soviética decidieron buscar sus propias formas para ganarse el reconocimiento de la crítica. ¡Y vaya formas que hallaron!

La animación soviética empezó a desarrollarse rápidamente en la década de 1930 después que el gobierno estableciera la companía “Soyuzmultfilm” como un monopolio de facto para fomentar la industria.

Sin embargo, no fue si no hasta la Segunda Guerra Mundial y “La lucha contra Disney” (bor’ba s disneevshinoi) cuando los artistas empezaron a dar la espalda al contenido y las técnicas del Occidente capitalista y de veras se lanzaron de lleno a la aventura.

Al principio los artistas, guionistas y directores soviéticos se adherían casi unánimamente al repertorio de animación del tío Walt, enfocándose en los dibujos animados sobre los animales, portadores de características humanas, tal como la habilidad de hablar.

A menudo esos personajes tenían una semejanza sospechosa con sus contrapartes occidentales.

Sin embargo, en plena Guerra Fría ese anteproyecto fue sometido a mayor modificación.

Las décadas de 1960 y 1980 fueron particularmente asociadas con un salto creativo por parte de los animadores soviéticos.

Aparentemente, para esquivar a la censura soviética -siempre dispuesta a etiquetar una obra maestra como ideológicamente fallida- los artistas fueron ahondando cada vez más en la seguridad de la abstracción.

A continuación algunos resultados de ese proceso que los dejarán boquiabiertos. ¡Niños, no lo vean!

Cuervo de plastilina (Пластилиновая ворона), 1981.

Aquí el narrador parece estar cantando una canción, basada en la adaptación poética de Ivan Krylov de ´El cuervo y la zorra´ esópico, pero no puede recordar las palabras.

La moraleja original de la fábula -“es peligroso confiar en el adulador”- fue deformada y reducida a instrucciones de seguridad en momentos determinados de la película. Los personajes se transforman uno en otro, escena tras otra.

Algunos de ellos parecen salidos del poema fantástico de Aleksandr Pushkin “Lukomorie” (У лукоморья), mientras que otros  sólo aparecen para contribuir al caos general.

El erizo en la niebla (Ёжик в тумане), 1975.

Este legendario cortometraje animado, creado por Yuri Norstein, obtuvo los máximos honores en la Unión Soviética y reconocimiento de los críticos internacionales.

El mismo Norstein dijo: “No hay intriga en la acción, no hay dinámica en la acción. Aparentemente, en el “Erizo en la niebla” felizmente encajaron todos los elementos”.

Resulta igual de imposible concordar y discrepar con esa afirmación.

Caía la nieve del año pasado (Падал прошлогодний снег), 1983.

Esta película animada (vea aquí la segunda parte) trata sobre un hombre tonto, holgazán y codicioso que va al bosque para buscar un árbol de Navidad, pero por el camino cae en la trampa de sus propias fantasías sobre la riqueza infinita.

Para cuando él se presenta con el árbol, ya es primavera y lo tiene que volver a llevar al bosque.

El legendario director Alexander Tatarsky dijo que la película por poco le provoca “algo parecido a un ataque cardíaco”, a causa de la atención por parte de la censura.

“Decían que yo tenía una actitud irrespetuosa hacia los rusos. Decían: “Usted tiene un solo personaje -un hombre ruso- y es un idiota”, recuerda Tatarsky.

Sin embargo, fue aprobado.

¿Quién contará un cuento? (Кто расскажет небылицу?), 1982.

‘¿Quién contará un cuento?’ es uno de muchos dibujos animados armenios populares por su estilo surrealista. Es una historia sobre un zar que se aburre y pide a su consejero ideas para entretenerse.

El consejero anunció un concurso, donde la gente tenía que contarle cuentos al zar. Si el zar decía, “¡No me lo creo, no es verdad!” le tendría que entregar al autor del cuento la mitad de su reino.

Sin embargo, si decía que creía en la historia, el zar se apropiaría de las riquezas de ese ciudadano.

Los propios cuentos son extraños y pintorescos, mientras que el personaje del zar resulta inquietantemente familiar a los ciudadanos de muchos países ex soviéticos.

¡Vaya! ¡Un pez parlante! (Ух ты говорящая рыба!), 1983.

Finalmente, otra obra maestra de “Armenfilm” que seguramente no hubiera estado fuera de lugar en Woodstock en 1969.

El guión es parecido al famoso ‘El pescador y el pez dorado’ de Pushkin, y transmite el mensaje de que la bondad siempre regresa a su origen, aunque cualquier factor de bienestar en el cortometraje es más o menos eliminado gracias a un actor invitado- un monstruo con dos bocas que fuma pipa y se llama Eh. ¡Eh!

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