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Tras mucho sufrimiento, un respiro de tres estrellas para los refugiados en Atenas

Ali Jaffari and his wife, Wajiha, and son Shayan, 4, eat dinner in their room while their other son naps. Together they traveled from Afghanistan to Greece, hoping to make their way to Germany. Now they are stuck in Greece. Credit: Jodi Hilton/Pulitzer Center on Crisis Reporting. Used with permission.

Ali Jaffari y su esposa, Wajiha, y su hijo Shayan de cuatro años cenan en su habitación mientras su otro hijo descansa. Viajaron juntos desde Afganistán hasta Grecia, con la esperanza de llegar a Alemania. Ahora, están atascados en Grecia. Créditos: Jodi Hilton/Pulitzer Center on Crisis Reporting. Usado con su consentimiento.

Este artículo escrito por Jeanne Carstensen fue publicado originalmente en PRI.org el 9 de mayo de 2016, y se republica aquí como parte de un acuerdo para compartir contenido.

No hay nada como llegar a un hotel y estirar las piernas después de un largo viaje.

Escucha esta historia, en inglés, en PRI.org »

Ali Jaffari realizó el extenso trayecto de Afganistán hasta Atenas. Después de que un Talibán hubiera secuestrado y amenazado de muerte a Ali por haber trabajado como intérprete para los ejércitos de los Estados Unidos y del Reino Unido, el experto en informática huyó de su ciudad natal de Kandahar con su esposa y sus dos pequeños hijos.

Con el dinero que obtuvo por vender su casa y todas sus pertenencias, le pagó a los contrabandistas para llevarlos a Pakistán, luego a Irán, a Turquía y, finalmente, a Grecia. Caminaron durante 16 horas por un cruce montañoso que atravesaba el límite de Irán con Turquía. El bote sobrecargado que tomaron para cruzar el mar Egeo desde Turquía hacia la isla griega de Samos casi se hundió.

Las lágrimas caen por el rostro de Wajiha mientras cuenta la horrorosa experiencia. La pareja no sabe nadar. Como la guardia costera turca rodeaba el bote, lo que ocasionaba grandes olas, pensaron que ellos, así como sus hijos de cuatro y dos años, se ahogarían.

Cuando la familia llegó finalmente a Atenas a mediados de marzo, completamente cansados, el pacto migratorio de la UE y Turquía se había resquebrajado y la ruta de los Balcanes en dirección norte se había cerrado. El camino al deseado asilo en Alemania se encontraba bloqueado. La familia, junto con otros 54,000 refugiados y migrantes, se quedó atascada en Grecia.

No había hotel esperando a semejantes viajeros. En el campo de Ellinkó en las afueras de Atenas, Ali y su familia durmieron en una carpa inestable sobre el suelo duro. Solamente había algunos baños, unos cuantas miles de personas y muy mala comida. Los niños se enfermaron.

Una semana después, Ali recibió una llamada. Era Nikos, un griego que había conocido un mes atrás en un parque. Él le dijo que tenía una solución para Ali: un hotel de tres estrellas en el centro de Atenas. “Me preocupaba que fuera una estafa, así que dejé a mi familia en el campo y fui solo a ver el lugar”, contó Ali.

Estábamos sentados en el piso, al estilo afgano, comiendo pastas, pollo y ensalada en la habitación número 532 del City Plaza Hotel en el centro de Atenas. El de dos años descansaba profundamente en una de las camas, mientras que su hermano mayor jugaba con animales de peluche.

No era una estafa después de todo. Finalmente, después de la larga travesía, Ali y su familia pudieron relajarse.

City Plaza Hotel

“Queremos construir una nueva sociedad. Suena un poco idealista”, me dijo Nasim Lomani, mientras se reía gentilmente. “Tal vez no podamos cambiar el mundo, pero podemos cambiar nuestro vecindario, podemos cambiarnos a nosotros mismos”.

Hace dos semanas, Nasim y una coalición de decenas de activistas en Atenas ocupó el City Plaza Hotel, una estructura moderna de siete pisos con 110 habitaciones en el centro de Atenas y que estuvo cerrado por siete años como consecuencia de la crisis económica griega.

Sí, el City Plaza es una ocupación. Los activistas irrumpieron en el edificio, que tenía todos los muebles en su lugar desde su apogeo durante los Juegos Olímpicos del 2004, e invitaron a algunos de los 54,000 refugiados que se encuentran ahora atascados en Grecia a tomar residencia. En el momento de escribir esta publicación, las autoridades no habían hecho nada para evitar que haya nuevos ocupas. Aliki Papachela, el dueño, condenó este acto, lo que es completamente entendible.

Caminamos a través del atractivo lobby de madera y baldosas, en donde las llaves de las habitaciones se encontraban brillantes en sus cubículos individuales. Podría ser un hotel en cualquier lugar, excepto tal vez por la gran concentración de niños que corren por las escaleras y por la enorme cantidad de listas de quehaceres que cuelgan en las paredes.

Room keys at the City Plaza Hotel in central Athens, which was abandoned for years starting during Greece's financial crisis, and was recently taken by activists to accommodate refugees. Credit: Jodi Hilton/Pulitzer Center on Crisis Reporting. Used with permission.

Llaves de las habitaciones en el City Plaza Hotel, centro de Atenas, que estuvo abandonado por años desde el comienzo de la crisis financiera de Grecia, y que fue tomado recientemente por activistas para poder recibir refugiados. Créditos: Jodi Hilton/Pulitzer Center on Crisis Reporting. Usado con su consentimiento.

Nasim, que llegó a Grecia como un refugiado hace una década, le explicó a los voluntarios y a los refugiados que tienen que trabajar juntos para limpiar las instalaciones y para cocinarse las tres comidas diarias. Actualmente, residen allí 320 personas, refugiados que, como Ali, estaban sufriendo en campos debido a los servicios inadecuados para una estancia a largo plazo. Muchos de los huéspedes son familias con niños u otros refugiados vulnerables, minorías sin compañía, embarazadas y discapacitados.

Según la investigación realizada por activistas de Solidarity2refugees, existen al menos 4,000 edificios públicos desocupados en Atenas. Esperan que el gobierno griego y que la población local vea el proyecto del City Plaza Hotel como un ejemplo. “Este problema no es solamente por los refugiados”, explica Nasim. “Miles de griegos no tienen hogar y estos edificios podrían usarse para hospedarlos sin importar que sean refugiados, griegos o cualquier otro”.

Ya que la ocupación de propiedad privada es un modelo viable para hacer frente a esta complicada crisis que está sobrellevando Grecia, la nueva encarnación del City Plaza Hotel está prosperando por ahora.

Nasim señala que el peor problema para muchos refugiados, especialmente para las mujeres, no es conseguir hospedaje, sino tener acceso seguro a un baño limpio, algo que está faltando mucho en los campos de refugiados de Grecia. No solo los actuales huéspedes en City Plaza tienen habitaciones con baños, sino que además han recuperado su dignidad.

Hacer el check-out

Pero al igual que el Hotel California de los Eagles, el City Plaza de Atenas podría ser el cielo o el infierno.

Ninguno de los 320 refugiados afortunados quiere ser huésped del hotel. La grave crisis económica en Crisis hace que el país no sea la mejor opción para los refugiados que esperan darle un nuevo comienzo a sus vidas y a la de sus familias. Con un desempleo del 25 por ciento y una lista de medidas de austeridad a punto de entrar en efecto, ¿cuáles son las esperanzas para los recién llegados?

Muchos están intentando aprovechar su derecho de solicitar asilo. Pero con los refugiados con los que hablé, aunque una encuesta a unos seis grupos con los que me topé en el comedor no sea exacta, todos se quejaron de que el sistema de Skype que les dijeron que usen para conseguir asilo no está funcionando. Nasim dijo que aquellos que hablan árabe, farsi y otros idiomas tienen un acceso muy limitado de un par de horas semanales para intentar contactarse con las autoridades a través de Skype.

En cuanto a Ali, es un padre contento. Por ahora.

“Estoy tan feliz de que ahora pueda ver a mis niños relajados y cómodos. Pero estoy rezando por que la ONU nos saque de esta condición. Que abran las fronteras y que cierren los campos y este hotel”.

Jeanne Carstensen está cubriendo la crisis de refugiados con el apoyo de The Pulitzer Center.

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