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Una celebración de la diversidad musical de Sri Lanka, de los tambores tradicionales al rap urbano

Galle Music Festival

Foto de GroundViews

Este artículo ha sido escrito por Amalini De Sayrah para Groundviews, una premiada web de periodismo ciudadano de Sri Lanka. A continuación publicamos una versión editada como parte de un acuerdo para compartir contenidos.

Sobre mí había un cielo encapotado. El viento fuerte jugaba con el cabello de los que paseaban junto al rompeolas. Comenzaba a lloviznar y dejaba de hacerlo a capricho.

A lo lejos se oía la música.

Procedía del último Festival de música de Galle, que reúne en un único escenario de esta ciudad a artistas de la punta norte de Sri Lanka, de la región sur y la costa este, de la parte occidental de la metrópolis y de las montañas de la región central.

El foco de atención se sitúa sobre la diversidad de los artistas locales, y el evento celebra el talento y las tradiciones que han ido pasando de una generación a otra a través de los conflictos y la pobreza. Ese día, cada uno de los artistas (algunos de los cuales figuran más adelante) trajo con él historias de su gente, lleno del orgullo que se siente por adaptar su arte y dominarlo, sin dar importancia al género musical.

Los sufíes (Provincia del Este)

Han viajado lejos y atravesado un trecho importante desde Irakkamam, una población del distrito de Ampara. Los hombres son generalmente mayores y peinan canas, posible indicio de que el grupo tiene que atraer aún hacia la práctica musical a miembros más jóvenes de la comunidad, aunque espero que no sea este el motivo.

The Sufis - Eastern Province

Foto de GroundViews

The sufis 2

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Sus acompañamientos son mínimos: tambores pequeños, sacudidores, una pandereta, platillos y un instrumento plano con reminiscencias de la sarpina, de sonido similar al de la familia de instrumentos de cuerda. Son sus voces las que se elevan para entonar en cuerpo y alma un cántico fervoroso de los antiguos poetas sufíes. Con el contoneo de sus cuerpos, hacen evidente la conexión que hay entre las palabras y las partes de esta obra musical.

Las percusionistas de Sandasi (Colombo)

Ataviadas de negro y emanando un aire de confianza poco antes de subir al escenario, las jóvenes estudiantes de la Universidad de las Artes Visuales y Performativas integran el que es uno de los pocos conjuntos percusionistas compuesto solo de mujeres.

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Además de ser bandas principiantes, los espectáculos de percusión son una categoría dominada por hombres. Entrenadas por Dinusha Sandamali Wijenayake, una joven con una vasta experiencia en música local, las percusionistas de Sandasi se liaron un día la manta a la cabeza e irrumpieron con fuerza con su marca personal. Las chicas hablan con pasión de su música y me cuentan las horas y la dedicación que han puesto para perfeccionar la pieza que han interpretado.

Koothu (Provincia del Norte)

Ya desde el primer instante el vestuario es muy vistoso, incluso el de los artistas que esperan entre bastidores a que empiece el espectáculo. Dos jóvenes vestidos de leopardo llevan puesta una túnica anaranjada brillante. Otros dos interpretan a un hombre y una mujer, a los que no les falta su larga cabellera, un arco y carcaj. La sátira comienza con los leopardos ocultos en el bosque —representado por la hierba de un campo de deportes que la lluvia de ese día dejó embarrado—, y sigue con las bufonadas de dos humanos que se perdieron en él cuando iban de caza.

Foto de GroundViews

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El koothu es una forma de expresión artística comunitaria que va acompañada de las voces y los tambores de un pequeño grupo de músicos. Una práctica que está a punto de desaparecer pero que todavía puede verse en toda la costa oriental, hasta el norte peninsular. Es utilizada generalmente para narrar las historias de viejas epopeyas del pueblo tamil, aunque no se limita estrictamente a ellas. La danza adopta el carácter y las prácticas de la aldea que la interpreta, aportando distintos matices en cada actuación. Por la forma como van vestidos los jóvenes actores, todo parece indicar que el koothu se está enseñando a las nuevas generaciones de forma lenta pero segura.

Thappu (El Norte y Provincia del Noreste)

Por ahora el aguacero ha cesado y las mujeres se preparan lo mejor que saben para actuar. Se maquillan y pintan sobre sus frentes el bindi. Luego se apresuran a acercar los tambores a las llamas de un fuego encendido sobre el suelo húmedo, un rápido control de calidad de los sonidos que están a punto de emitir. Su actuación es de ritmo acelerado y ellas sonríen con el son de los tambores, al tiempo que bailan con pies ágiles al ritmo de la canción.

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El Kaveri Kala Manram es un movimiento cultural artístico iniciado por mujeres que emplean las artes dramáticas con la intención de entablar conversaciones con los marginados de la sociedad. Después de trece años y muchas familias desplazadas, el movimiento ha crecido orientándose a las necesidades de las familias que empiezan de cero y rehacen sus vidas en el norte y que todavía llevan las cicatrices de la lucha mantenida en esta zona entre las fuerzas del gobierno y las guerrillas. Este sería un proceso bastante difícil de iniciar para un solo individuo, por lo que el grupo mantiene a la comunidad unida a través de la danza y las canciones, renovando tanto su espíritu independiente como su fuerza dentro de ella.

Kolam (Provincia del Sur)

La resonante flauta, acompañada de un único percusionista y más similar por su potencia y sonido a la trompeta, deja de sonar para que puedan escucharse las palabras arrastradas del narrador que cuenta una historia. Asomadas al borde del escenario, unas caras verdes y amarillas parecen ver sin pestañear a través de ti. Por un segundo permanezco desorientado. Sacudo la cabeza y me recuerdo a mí mismo que se trata solamente de máscaras talladas de madera.

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El viaje en coche hasta el festival, si optamos por recorrer la ruta panorámica más larga, cruza exactamente por el lugar de Sri Lanka donde nació la cultura de la máscara y sus bailes. Tukkawadu Gunasena y sus antepasados son llamados los pioneros del baile de máscaras en Ambalangoda. Los orígenes de esta peculiar compañía se remontan a 250-300 años, lo que la convierte en uno de los primeros grupos de danza kolam de la región. En el Museo Nacional pueden contemplarse las creaciones hechas por tallistas que diseñaron las máscaras, debido al valor histórico que representa su iconografía.

Karagam (Región Central)

La chica joven se balancea precariamente subida a los hombros de un varón. Sobre su cabeza mantiene en equilibrio un jarrón de flores que, al girarse ella y controlar sus pasos para hacer un movimiento de manos con la música, apenas se mueve. Una vez que la bajan, sus compañeros danzarines y ella continúan con sus pasos para mostrar todos con los movimientos y el equilibrio la misma confianza acompasada que da agilidad a sus pies.

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El Karagam es un tipo de danza originada hace cien años en las montañas de la región central, creada e interpretada por primera vez por alguien llamado Marimuttu. El grupo carece de los tambores que utilizaba tradicionalmente para acompañar a los bailarines, después de perderlos durante los conflictos y los desplazamientos que afectaron a sus comunidades en las últimas tres décadas. Tras haber podido hallar grabaciones de la música, pudieron reanudar también sus prácticas y representaciones artísticas.

Rap urbano (Colombo)

La multitud responde a la invitación de acercarse y promete interactuar y participar con los raperos que actuarán en tamil y cingalés. Se oyen murmuraciones entre el público joven y hay dudas de que sea posible cantar rap en estas lenguas, pero reciben una agradable sorpresa. Da comienzo la escena y OJ manda un saludo desde Nuwara Eliyala, donde él se dedica a hacer rap en su lengua materna, una relación que está presente en sus palabras y en la pasión de sus interpretaciones.

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Pamuditha ‘Zen’ Anjana, un vocalista de Dematagoda y activista en la red, expresa sin reservas sus opiniones sobre los problemas del momento. Shafni, del dúo Krema Diaz, habla sobre la vida de una persona joven de Galle con el acompañamiento de un pegadizo ritmo de tambor que mantiene al público animado.

Imaad Majeed, poeta, cantante, rapero y cantautor que insiste mucho en temas sociales, se une a ellos tres para ayudarlos con “Balada del miércoles por la noche”, una canción de amor que habla fundamentalmente de las barreras sociales que separan a la gente. Son las clases, las razas, las religiones y las divisiones creadas por el lenguaje las que las jóvenes generaciones, confían, tendrán que ser lo bastante conscientes de poder superar.

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