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Acerca de no convertirse al Budismo

Raikoji Temple, Tsuruga

Templo Raikoji, un templo Jodo Shin en Matsushima-cho, Tsuruga (Prefectura de Fukui). Imagen de Nevin Thompson.

Poco después del nacimiento de mi hijo mayor, en setiembre del 2002, me encontraba arrodillado frente a una estatua de Yakushi Nyorai, el bodhisattva de la sanación. Me pregunté si estaba haciendo una ofrenda, una oración o una petición.

Vivíamos en la Prefectura de Fukui, en la zona costera de Japón, al norte de Kyoto. Unos cuantos días después de nacer, nuestro hijo sufrió una fiebre y después sepsis, una infección muy seria en la sangre. En el hospital no eran muy optimistas. Cuando vi al doctor correr con nuestro hijo para iniciar un tratamiento para salvarle la vida, me di cuenta de que teníamos pocas opciones. (Nuestro hijo se recuperó y ahora, casi 14 años después, nunca más se ha enfermado.

Así que, sentado afuera del hospital, junto a seis estatuas de piedra de Jizo, del bodhisattva de los niños y guía de la muerte en el inframundo, por primera vez en mi vida adulta, decidí rezar para pedir ayuda.

“…sentado afuera del hospital, junto a seis estatuas de piedra de Jizo, el bodhisattva de los niños y guia de la muerte en el inframundo, por primera vez en mi vida adulta, decidí rezar para pedir ayuda…”

Fui a Tada-ji, un templo que quedaba bajo una colina cerca al hospital de mi hijo en el pequeño pueblo pesquero llamado Obama. El hondo, o salón principal, era fresco y oscuro, después de caminar desde el auto bajo el tórrido sol de finales de verano. Como cualquier otro templo Budista en Japón, el interior era opaco y olía a incienso. Acompañado por el abad, caminé descalzo en las puntas de los pies por el ruidoso piso de madera hasta el frente del altar que estaba cubierto de una alfombra verde y andrajosa.

El objeto de veneración de Tada-ji es una estatua de dos metros de “Yakushi Nyorai el sanador” que tiene más de mil docientos años. La estatua pertenece a una época anterior a la medicina moderna, cuando las enfermedades causaban una muerte pronta o una vida de debilitamiento.

En la época en que fue establecido el templo y tallada la estatua, serían otros 500 años antes que Dogen trajera la meditación Zen y el concepto de “extinguir al ser” a Japón. En una época pre-alfabetizada, cuando el Budismo en Japón se reservaba a los pocos privilegiados que sabian leer, todos los demás acudían a Yakushi Nyorai, Jizo y otros bodhisattvas por cualquier clase de ayuda.

Como hacía yo entonces.

A primera vista, la estatua de Tada-ji del Yakushi Nyorai es solo un pedazo de madera, sin ornamentos, y en la oscuridad del hondo, parece casi crudamente tallado. Había pagado una cantidad de dinero al abad que había heredado la administración del templo.

Yakushi Nyorai Amulet

Yakushi Nyorai (Bhaisajyaguru) amuleto del Templo Tada-ji, en Obama, Fukui. Imagen de Nevin Thompson.

Mientras me arrodillaba frente a la estatua, el ágil abad de cabello blanco recitaba un darani o mantra asociado con Yakushi Nyorai. Como parte de su trabajo el abad guiaba tours cuando los buses llenos de visitantes llegaban al templo, hacía funerales, y recitaba plegarias para los visitantes solitarios como yo. No tenía idea de lo que decía, y por supuesto, me enfocaba en las facciones burdas de la estatua, labrada casi 1200 años antes.

Al haber crecido en Canadá en la época secular de los 70, no me era familiar el concepto de oración. Ni siquiera entendía cómo o por qué alguien debería orar a Bodhisattva. “No hay dios en el Budismo”, eso había leído. Entonces ¿por qué debía pedirle ayuda a una estatua?

Había conducido hasta Tada-ji y otros templos en Obama muchas veces antes en los diez años anteriores que había vivido en esta parte rural de Japón. Mientras que las guerras y los desastres naturales pueden destruir las antigüedades en Japón algunas veces, la aislada herencia cultural de Obama se ha mantenido casi intacta por más de 1500 años. Muchos de los templos y sus tesoros han sido puestos en Obama a propósito, a unos dos días de camino a pie desde Kyoto, para salvarlos de las guerras frecuentes de la antigua capital imperial. Los templos de Obama me dieron una buena oportunidad de aprender más acerca de la historia del arte. Las historias detrás de la arquitectura, las estatuas y las reliquias que encontré me hicieron interesar en “el aprendizaje del Budismo”.

Pero aun viviendo cerca a cientos de templos en Obama y Kyoto, descubrí que aprender acerca del Budismo no era fácil. “¿Cómo se convierte una persona en Budista?”. Algunas veces le preguntaba a las personas que pensaba que debían conocer la respuesta, tales como los profesores de los colegios en los que yo enseñaba y que los fines de semana y días festivos trabajaban en el templo familiar. Cuando les hacía esa pregunta, me miraban como si estuviera loco, “¿Por qué quieres ser un Budista?” es lo que me preguntaban con frecuencia. “Ni siquiera eres japonés”.

“Cuando les hacía esa pregunta, me miraban como si estuviera loco, “Por qué quieres ser un Budista?” es lo que me preguntaban con frecuencia. “Ni siquiera eres Japonés!””

Y realmente no había otra manera de aprender. Generalmente hablando, el Budismo tradicional no tiene “misa” los domingos. No hay una escuela budista de domingo. No hay nada que se asemeje a una Biblia para que los japoneses se apoyen o aprendan sus escrituras. T

Y aun así parece haber una metodología en Japón para “practicar el Budismo”. Los funerales y servicios conmemorativos anuales se llevan a cabo con reglas formales muy estrictas. Las familias visitan las tumbas en higan, el equinoccio de primavera y otoño. Incluso he visto una mujer postrada enfrente de una gran estatua de Yakushi Nyorai en el Museo Nacional de Arte de Tokio que había sido traída en préstamo desde su hogar en Daigoji. Pero nadie pudo decirme cómo “convertirme” en Budista.

Entonces por casualidad me encontré un libro en inglés sobre meditación Zen. Sucede que el libro había sido escrito por Hosshin-ji, un pequeño monasterio Soto Zen en Obama (La prefectura de Fukui también es el hogar de Eiheiji, uno de los grandes centros Zen en Japón), estaba traducido por Daigaku Rumme, un monje Budista Eestadounidense que vivió en Hosshin-ji, en Obama por más de treinta años. Lo llamé por teléfono y nos volvimos amigos.

Mi primera pregunta para Daigaku fue: “Qué libros debería leer para aprender más acerca del Budismo?” Su respuesta fue: leer libros para aprender sobre el Budismo puede ser peligroso. Su recomendación fue aprender a cómo sentarme, y eventualmente pasé una semana en un retiro en Hosshin-ji en Obama junto con otros practicantes laicos.

La tradición Zen de “olvidar al ‘pequeño’ yo y ser iluminado o verificado por todas las cosas” me llamó muchísimo la atención. Esta aproximación Zen eliminó todas las enseñanzas contradictorias de varias escuelas de Budismo a las que las personas pertenecían en Japón. No había mucha más iluminación que aprender a sentarse o respirar conscientemente. Se podía conseguir la iluminación prácticamente lavando los platos.

Y justo dos años después de conocer a Daigaku me encontraba arrodillado frente a Yakushi Nyorai, pidiendo alguna clase de ayuda para mi hijo.

El abad del templo terminó de recitar su mantra y completó la ceremonia sacudiendo un haraegushi, una vara de madera con serpentinas de papel sobre mi cabeza, una forma de purificación, y después me entregó un pequeño amuleto dorado de Yakushi Nyorai mientras ibamos al auto.

Nuestro recién nacido se recuperó de su sepsis unos días después de mi visita al templo, a pesar de los pronósticos en contra. ¿Fueron de ayuda mi visita a Tada-ji y Yakushi Nyorai? Es difícil decirlo, aunque siempre tendremos a los capacitados médicos y otros miembros del hospital de Obama en nuestros corazones. Y también mantenemos el amuleto a salvo.

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