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Él nunca había visto una rockola antes de inmigrar a los Estados Unidos. Ahora es un maestro reparándolas.

Magdi Hanna, from Alexandria, Egypt, runs one of the few workshops in the United States dedicated to saving jukeboxes. Credit: Saul Gonzalez. Used with permission.

Magdi Hanna de Alejandría, Egipto, dirige uno de los pocos talleres dedicados a salvar rockolas en los Estados Unidos. Crédito: Saul Gonzalez. Usada con autorización.

Éste artículo escrito por Saul Gonzalez originalmente fue publicado en PRI.org el 19 de mayo del 2016 y es republicado aquí como parte de un acuerdo de intercambio de contenidos.

Es fácil pensar en cómo la tecnología ha dejado algunos productos atrás. Después de todo, ¿cuándo fue la última vez que usaste una calculadora de bolsillo o hiciste una llamada desde un teléfono público?

Y luego está la rockola.

Pero si vas a Los Ángeles y al bloque 2000 de Pico Boulevard, busca una tienda dirigida por Magdi Hanna. Él es una de las pocas personas que quedan en Estados Unidos dedicados a reparar rockolas. ¿Su misión? Salvar estas máquinas para las futuras generaciones.

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Hanna es de la ciudad portuaria egipcia de Alejandría y, antes de su llegada a los Estados Unidos, nunca había visto una rockola. Ahora, él llama a las máquinas de décadas de edad, las cuales ha reparado desde el año 1980, una parte de la historia de Estados Unidos.

Hanna dice que él se enamoró enseguida de las rockolas y rápidamente decidió dedicarse a repararlas a tiempo completo. En el siglo 20, las rockolas podían encontrarse en las discotecas, bares y restaurantes — íconos de la vida estadounidense, a la altura de Marilyn Monroe, los Corvette o Elvis (su música fue incluída en una de las rockolas en la tienda de Hanna). Pero una máquina que tocaba una selección limitada de discos no podría competir con el progreso tecnológico, desde la radio a transistores hasta los CD, y ahora, por supuesto, la música a través de internet.

Jukeboxes at Magdi Hanna’s workshop in Los Angeles. “We didn’t have jukeboxes in Egypt,” he says. Credit: Saul Gonzalez. Used with permission.

Las rockolas en el taller de Magdi Hanna en Los Ángeles. “Nosotros no teníamos rockolas en Egipto”, cuenta. Crédito: Saul Gonzalez. Usada con autorización.

Entonces las compañías de rockolas como Wurlitzer y Seeburg desaparecieron junto con muchos expertos reparadores de rockolas.

“Yo conozco algunos” dice Hanna. “Pero no sé de nuevas personas que entren al negocio de las rockolas”.

Como era de esperarse, Hanna tiene poco afecto por nuevas maneras de escuchar música. “Si escuchas a Elvis Presley en 45, es completamente diferente a escucharlo en la radio o en el CD o en la computadora”. Él dice que un sencillo en 45-rpm simplemente transmite más “sensación”.

El día que lo visité, Hanna había terminado la reparación, que le tomó semanas, de una rockola modelo 850 de la marca Wurlitzer del año 1941. Me la mostró, abriendo el hermoso exterior de madera con figuras de pavo real grabadas en el vidrio. “Mira cuán grande es el motor”, dijo. “Es como el alternador de un auto”. La rockola, que contiene 24 discos, toma 5 centavos para tocar una canción, dos canciones por una moneda de 10 centavos, y cuatro canciones por 25 centavos. Ésta sólo toca un lado del disco (modelos posteriores, construidos en la década de 1950, podían llegar a dar vuelta al disco y tocar ambos lados).

Tools Magdi Hanna uses to repair jukeboxes at his Los Angeles workshop. Credit: Saul Gonzalez. Used with permission.

Las herramientas que Magdi Hanna usa para reparar las rockolas en su taller de Los Ángeles. Crédito: Saul Gonzalez. Usada con autorización.

Los clientes de Hanna son por lo general coleccionistas, trayéndole rockolas rotas que han sido encontradas en ventas de garaje y del estado. Él dice que cada una es como una cápsula de tiempo musical con discos en ellas que no han sido tocados por décadas. “Algunas personas tenían rockolas en el garaje por veinte años, y éstas contienen discos de la década de 1950 y 1960. Discos originales”.

Cuando le pregunté cómo era para él traer esas máquinas de vuelta a la vida, Hanna dijo,”¡Oh, se siente como si quisieras bailar!”.

Mientras termina mi visita a su taller de reparación, le pregunto a Hanna si puedo elegir una canción de una de las rockolas que ha reparado. Claro, dice. Y, al no haber utilizado una rockola desde algún momento en la década de 1980, fue algo emocionante (Elegí la canción “My Special Guy” de la banda The Six Teens).

Luego de escuchar esa música salir de una máquina de sesenta años, iTunes y Spotify simplemente no parecen tan geniales.

A jukebox in Magdi Hanna’s workshop in Los Angeles. "I don’t know of new people coming into the jukebox business," he says. Credit: Saul Gonzalez. Used with permission.

Una rockola en el taller de Magdi Hanna en Los Ángeles. “No sé de nuevas personas que entren al negocio de las rockolas” cuenta. Crédito: Saul Gonzalez. Usada con autorización.

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