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Excursiones en Luhansk: Dashcams y nostalgia en el este de Ucrania

Luhansk_AbbeyRoad

“Los videos de Luhansk se centran en lo mundano. Y ese… es el punto”. Captura de pantalla de un video tomado con dashcam publicado en YouTube.

Un auto gira rápidamente y avanza. El volumen alto en la radio hace resonar una canción pop rusa de los años 90, todo estática y caja de ritmos. Calles, pavimento, visión periférica de edificios, árboles, quioscos, luces de calle, peatones. Ocasionalmente, el conductor comenta algo que no se ve en el entorno. Es una mujer. Es un hombre. Es fines de primavera y los álamos están cambiando sus blancas semillas copetudas. Es invierno y grandes hojuelas mojadas aterrizan en el parabrisas. El camino está blanco. La ruta va a través de intersecciones, gira en esquinas, pasa monumentos, estaciones de servicio, colegios, edificios de departamentos, parques. No tiene un comienzo obvio; parece que podría seguir para siempre.

Estas son las excursiones de Luhansk. Son videos grabados con cámaras instaladas en los tableros o parabrisas de los autos, y proporcionadas por los habitantes del lugar que saben que queremos verlos. ¿Y quiénes somos nosotros? Somos antiguos habitantes de Luhansk, o tal vez del Donbass, en el este de Ucrania, de otra regiones ucranianas, o de algun otro lugar de la Unión Soviética. Alguna vez tuvimos un auto como este, escuchamos estas animadas tonadas electrónicas, manejamos sin rumbo por estas calles, bebimos vodka o cerveza en estas bancas y Nescafé cerca de estos quioscos.

Estas imágenes de Luhansk empezaron a aparecer en línea el 2009, tal vez antes. Tienen títulos como “Luhansk hoy”, con una fecha. A veces hay Parte Uno, Parte Dos, Parte Tres. O “Luhansk y calles”, “Nostalgia por Luhansk”, “Invierno en Luhansk”, o Luhansk más el nombre de la calle o barrio —Sovetskaya, Oboronnaya, Vatutin, Frunze. Todos son nombres de tiempos soviéticos. Pues mientras otras ciudades ucranianas han renombrado su calles con héroes y temas ucranianos. Luhansk ha conservado los nombres soviéticos para muchas de sus vías públicas.

Las excursiones de Luhansk son parte de una tradición mayor de conducir en el mundo postsoviético. Las cámaras instaladas en los autos —llamadas dashcams en inglés— son ubicuas, en parte por el gusto a estos aparatitos, en parte por protección. Los conductores documentan su paso por el mundo, sabiendo que en caso de accidente o ante un intento de soborno policial, la filmación podría ser invalorable después, como evidencia o influencia.

En las cámaras de autos, como en la vida, por lo general nada pasa. Las famosas graban esos momentos en que, por casualidad o por circunstancia, captan un acontecimiento digno de notarse: el paso de un oso, el vuelco de un camión remolque, un reactor caza agitando la carretera, un tanque que sale despedido de los árboles, un meteorito cruzando el cielo.

Russian Sukhoi Su-24 fighter buzzes a car near Volgograd, Russia, September 2012. Screen shot of YouTube video.

Sukhoi Su-24 ruso de combate zumba sobre un auto cerca de Volgogrado, Rusia, setiembre de 2012. Captura de pantalla de video de YouTube.

Sin embargo, los videos de Luhansk se centran en lo mundano. Y ese —a diferencia de los azarosos videos con cámaras de auto que YouTube lanza a la fama— es el punto. Las cámaras que se instalan en los autos están ahí porque nunca se sabe qué puede ocurrir al conducir. Pero en el caso de Luhansk, se sabe que exactamente nada va a ocurrir, y que lo que veremos son precisa y únicamente las mismas viejas calles y edificaciones. Esto es sobre cierto con los videos hechos después de marzo de 2014, cuando el Donbass, incluido Luhansk, se convirtió en una zona disputada, violenta y luego militarizada, y cuando muchos habitantes decidieron que ya no era seguro quedarse.

El género del video tomado con cámaras instaladas en el tablero toma un especial significado para quienes han dejado atrás el este de Ucrania, pero todavía quieren saber que sigue ahí. La forma sigue igual, pero la intención y significado detrás están cambiando. Las personas están ahora creando excursiones hechas con estas cámaras a pedido, ofreciendo así un vistazo del hogar a los que no pueden regresar.

En noviembre de 2014, un habitante de Luhansk llamado Vitaly publicó un llamado en su página de Facebook, pidiendo a la gente que sugiriera calles, direcciones y rutas en la ciudad que después reunió en una única ruta larga. Con su cámara prendida, condujo lentamente más de una hora, captando conocidos lugares emblemáticos, pero también girando en esquinas para revelar ventanas rotas y paradas de autobús que han quedado sin forma por los bombardeos.

Para el observador casual, esto podría parecer un ejercicio de porno de ruinas, mirando la destrucción solamente por mirar. Pero en verdad es todo lo contrario. Aunque la nostalgia por la ciudad familiar que decae está ahí, lo que realmente impulsa estos videos es la esperanza de que la ciudad, tal como se la conoció, siga ahí. Queremos ver la destrucción, el perjuicio a largo plazo al que nos hemos acostumbrado y las marcas y agujeros más recientes que nos impactaron. Pero más que eso, queremos estar más que seguros de que algo queda. Gozamos con la vista común y corriente de ese edificio de departamentos de la era Khrushchev cuando lo vemos aparecer en el video porque muestra el hogar. Y porque sigue en pie.

Dashcam video of Luhansk, November 2014. Screen shot of YouTube video.

“Lo que realmente impulsa estos videos es la esperanza de que la ciudad, tal como se la conoció, siga ahí”. Captura de pantalla de video grabado con una dashcam en noviembre de 2014 en Luhansk. Publicado en YouTube.

Muchos hemos salido de Luhansk. Las Naciones Unidas y las autoridades ucranianas estiman que más de 1.5 millones de personas del Donbass se han reubicado en otras partes de Ucrania y Rusia u otros países. Dejamos nuestros departamentos, nuestra niñez, a nuestros padres, nuestras colecciones de fotos. Los que se fueron para escapar de la violencia perdieron su casa y vida diaria con todos sus hábitos y guaridas, y a veces una rutina deslucida pero familiar. Los que salimos antes, para estudiar o trabajar, a Kiev o a otros lugares, perdimos otra cosa: una sensación de Luhansk como se fijó en nuestra memoria, un lugar al que sabíamos que podríamos regresar, aunque tal vez no volviéramos.

Las excursiones de Luhansk están diseñadas explícitamente para los que nos hemos ido. Tienen todos los indicadores de autenticidad para evocar nuestra nostalgia: el uso de la radio como banda sonora. La afirmación de que no hay ediciones ni censura. La calidad trivial de las imágenes, y el relativamente estrecho campo de visión que muestra poco más allá de la superficie del camino y otros autos. Los edificios y la gente quedan en la periferia de la visión.

La naturalidad de la filmación contribuye con la afirmación de que es auténtico, y la idea de autenticidad es crucial para entender las imágenes. Para mostrar lo mundano y lo extraordinario, la actualidad del lugar, que es la raíz de la nostalgia. También muestran los cambios causados por la guerra, un paisaje urbano recién emprendido de Luhansk que se convierte en una afirmación de una autenticidad recién emprendida.

November 2014. Screen shot of YouTube video.

“Sabemos exactamente que nada va a pasar, y lo que veremos es precisa y únicamente las mismas viejas calles y edificaciones”. Captura de pantalla de video grabado con una dashcam en noviembre de 2014 en Luhansk. Publicado en YouTube.

Los que hemos vivido en el mundo exsoviético reconoceremos estos edificios, quioscos, parques, farolas, bordes de las aceras, el ángulos de los carteles, mientras estos diseños se repiten en todo el espacio postsoviético. Pero solamente quienes vivido en Luhansk reconocerán esas calles específicas, árboles, luces de neón y grafiti en persianas, así como los nuevos espacios en los paisajes urbanos creados por la reciente violencia y destrucción. De esta forma, la particular pérdida de Luhansk se mezcla con la pérdida mayor y más generalizada del mundo soviético, y participa de una práctica mayor de surcar la calle y documentar con dashcams. Estas actividades dicen primero; “aquí estoy” y “resisto” y solamente de manera secundaria —con un trasfondo de orgullo, tal vez preocupación, tal vez resentimiento— “te extraño”.

La voz en la radio canta “El verano acabará pronto, ya no quedan más esperanzas”. Y aun así, mostrándonos la rutina de las calles familiares, marcadas de hoyos, y casas desvencijadas, la cámara no nos sorprende, sino que nos consuela, como diciendo “esto sigue aquí. Tú sigues aquí. Sigue adelante”.

El DJ en la radio pone a Johnny Cash: “Todos lo que conozco se va al final”. Pero las calles y edificios siguen apareciendo. La ciudad sigue, terca pero calladamente. Ahora ves señales de violencia nueva, y después ya no. ¿Esa ventana estuvo siempre rota o es nuevo? Un amigo periodista de Luhansk, al ver el video grabado con la cámara instalada en el auto, escribió:

“I wonder, if I fell into a coma a year ago and then woke back up today—would I be able to tell, just from what I saw through the car’s windshield, what had happened to Luhansk in the meantime? Or would I not notice any changes?”

“Me pregunto si caí en coma hace un año y me desperté hoy —¿podré saber, solamente por lo que acabo de ver a través del parabrisas, qué ha pasado con Luhansk mientras tanto? ¿O no notaré ningún cambio?”

Hay cicatrices nuevas encima de las antiguas, lo nuevo se descompone sobre lo antiguo, y nos conforta ver que, a pesar de eso, la ciudad que es nuestra casa permanece. La amamos no por las cicatrices ni a pesar esas cicatrices. La amamos porque nos hizo quien somos, y porque esas calles y casas contienen los secretos de nuestra niñez, los sueños de nuestra adolescencia y la esperanza de la persona en la que nos convertiríamos. Pueda que veas un aburrido video donde no pasa nada. Nosotros nos vemos a nosotros, y extrañamos nuestra ciudad.

En el video, el cantante ruso Delfin se aparece en la radio del auto y promete: “Definitivamente nos encontraremos de nuevo, ¿me escuchas? Lo lamento”.

Tanya Lokot creció en Luhansk; Ivan Sigal nunca ha estado en el Donbass, pero vivió en países de la ex Unión Soviética durante ocho años.

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