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Ni los partidarios de Assad son inmunes al pillaje de los reyes de Siria

[Image: Drawing by Abi al-Bara’ shows the map of Syria as a road signaled by coffins leading to the coast. (Source: The Cry (as-Sarkhah)’s Facebook page)].

[Imagen: El dibujo de Abi al-Bara’ muestra el mata de Siria como una carretera en dirección a la costa señalizada por féretros” (Fuente: página de Facebook de The Cry (as-Sarkhah))].

Esta historia fue publicada originalmente en Syria Untold, escrita en árabe por  traducida por  y editada por Andrea Glioti. Se vuelve a publicar aquí como parte de un acuerdo de colaboración. 

Un pequeño paseo por los barrios fieles al régimen en las ciudades de Jableh y Latakia muestra que no todos sus partidarios son iguales. Las conversaciones sobre “muertes banales”, “corrupción”, “especuladores de la guerra” y las “subidas de precios” ya no están confinadas únicamente a la esfera privada. Ahora pueden oírse en la verdulería, en el transporte público o entre los transeúntes en las calles.

Un conflicto de intereses no declarado se ha abierto entre los partidarios del régimen, formando varios grupos. La comunidad está dividida entre los beneficiarios del statu quo, apoyados por grupos influyentes, y todos los demás. Los beneficiarios llevan a cabo abusos cual “matones” (tashbihiyyah) contra los partidarios al régimen inofensivos, que no se atreven a reivindicar sus derechos básicos.

“Un nuevo modelo de teléfono capta más mi atención y me distrae más que las noticias sobre la muerte de algún conocido,” dice Nader, un estudiante universitario de tecnología, para describir cómo se siente ante las víctimas diarias a su alrededor.

“No pienso en el mañana. Vivo mi día con el menor gasto posible. Espero al inicio de cada mes para cobrar la pensión de mi madre recientemente fallecida, aunque ni siquiera cubre un cuarto de mis necesidades, y así veo los días pasar.”

Al otro extremo del espectro de partidarios del gobierno está Wasim, un exprofesional de telecomunicaciones en la treintena, y actual miembro de la Fuerza de Defensa Nacional (FDN). “Espero que la crisis duré años. Tengo las espaldas cubiertas (por gente influyente) y nadie puede meterse conmigo. Me doy una vuelta por la autopista de Latakia-Alepo con mis chicos y agarran lo que quieren sin que nadie se atreva a objetar o decir nada. Ahora tengo varias casas y coches,” presume Wasim.

Se detiene unos segundos, y continúa alzando la voz, como queriendo justificarse: “¡En esta guerra he perdido a mi hermano y a mi sobrino y tengo derecho a compensarme por ello!”

Algunos se unieron a las milicias progubernamentales para ganar un salario decente, o evitar ser enviados a regiones remotas. “Acabé mis estudios en el instituto industrial y me tocaba ser reclutado, así que no tuve más elección que unirme a la FDN, donde el salario es mejor que en el ejército [30.000 SYP (unos 58 USD) en comparación con las 15.000 SYP (29 USD), aunque el salario del ejército incluye algo de ropa, alojamiento y comidas],” dice Muhammad, otro combatiente de la FDN, “y yo sirvo en las afueras de Latakia, así que puedo ver a mi novia y a mi familia una vez por semana, lo cual sería imposible en el ejército.”

Wasim, que se hizo rico gracias al mismo grupo paramilitar, da unas cuentas caladas más al cigarrillo, y continúa: “La FDN es más como una banda a la que me he visto forzado a entrar por las circunstancias. De hecho es una banda de guerra de las peores. Entre sus líderes están los criminales más peligrosos de la costa, que solían dirigir actividades ilegales antes de la guerra. Esas actividades aumentaron y se extendieron como un cáncer estos últimos años. Todo tiene precio para ellos.”

Los miembros de la milicia del régimen explotan su presencia en los puestos de control para extorsionar a los conductores y chantajear a aquellos cuyo documento de identidad señale una zona fuera de control gubernamental.

Son también los reyes del “des-amueblado” (taʿfish), término usado para describir el robo de muebles de las casas de aquellos desplazados como resultado de la acción militar. Muhammad, miembro de la FDN, comenta irónicamente que la excusa es que son “botines de guerra” (ghana’im) que se han ganado por sus esfuerzos por defender la patria contra el enemigo.

Explica que los robos alcanzan incluso las casas de los que viven en áreas de Latakia controladas por el régimen, y la devastada periferia. En estas zonas “el defensor es el ladrón”, concluye Muhammad.

La muerte y sus muchas explicaciones

“La gente de la costa son el repuesto humano del régimen para esta guerra, como brasas que queman poco a poco bajo las cenizas de esta agotadora guerra,” así es como Mahmud describe la situación. Trabaja como tutor privado. No ha completado su educación universitaria a propósito, para posponer su reclutamiento militar.

Añade: “No es ningún secreto que algunos consideran la muerte un honor y se enorgullecen de ella, la buscan en los campos de batalla por toda Siria. Por otro lado, están aquellos que se ven forzados a tomar parte en esta asquerosa guerra sin pertenecer a ningún bando.”

Las ideologías “patrióticas” controlan las mentes y corazones de los que consideran que la muerte es un deber en defensa de la nación. Las violaciones cometidas por los grupos opositores, o su extremismo, se tornan un pretexto que les convence de que defender al régimen a pesar de todos sus fallos es la garantía de la supervivencia de sus familias.

Umm Ahmad tiene más de 70 años. Perdió cuatro de sus siete hijos en los últimos cinco años. Esta anciana dice entre lágrimas: “Debemos sacrificarnos todos en defensa propia para poder sobrevivir. Claro que el precio es muy alto, y no me importa perder a mis otros tres hijos.”

Su marido Abu Ahmad está de acuerdo, incluso aún expresando un claro rechazo a la manera en la que el régimen ha gestionado la crisis: “Los traidores y los corruptos deberían haber rendido cuentas. Aquellos que entregaron zonas a la los hombres armados (de la oposición) a cambio de dinero no han sido juzgados por ello. Perdí a uno de mis hijos en la batalla del aeropuerto de at-Tabqa (agosto 2014) y hasta hoy no hay informe del régimen que nos explique lo que allí ocurrió.”

Por otra parte, Umm ‘Ali, un mujer en sus sesenta, sostiene una postura muy diferente. Tras perder a su hijo del medio en la guerra, dice: “No estoy dispuesta a enviar a mi hijo pequeño a los militares. No puedo imaginarme perder a otro hijo, que pase lo que tenga que pasar. Mi hijo nunca sale del pueblo por miedo a que su nombre sea pronunciado para el reclutamiento, así que sólo sale de casa para ayudar a su padre en la recolección de naranjas.”

Cinco años después 

Muchos cambios han afectado de forma casi radical la postura de muchos partidarios del régimen. La corrupción se ha extendido a extremos obvios e innegables y los que defendían desesperadamente al régimen y a sus símbolos han quedado directa o indirectamente sujetos a una injusticia que les hace reconsiderar sus posturas.

Shadiah, una empleada en la treintena, comenta sobre esto diciendo: “Al principio había una mayoría de entusiastas dispuestos a sacrificar sus vidas por la patria y su líder. En todo acalorado debate, cualquier crítico con las prácticas del régimen era considerado un traidor. […] Los apologistas usaban el silencio de la oposición sobre las violaciones cometidas en nombre de la revolución como excusa para desautorizar los valores y la credibilidad de ésta.”

Hoy, tras cinco años, según Shadiah, la defensa vehemente del régimen “ha desaparecido entre los muchos que han sufrido abusos injustificados, mientras que sigue siendo frecuente a niveles individuales. Aún así, la ausencia del espíritu de ciudadanía y la falta de respeto por el humano individual han dejado a cada uno solo con su sufrimiento.”

Dicho esto, los agravios de guerra sufridos en las “áreas fieles” no se limitan a los abusos cometidos por el régimen y las milicias. Coches bomba, fuego de mortero y la llegada diaria de cadáveres de los campos de batalla devuelve a los locales el sabor de la tragedia siria como cualquier otro sirio la experimenta. Hoy en día, muchos partidarios del gobierno se encuentran atrapados entre ambos lados.

Este artículo fue elaborado dentro de Siria a través de entrevistas directas en las ciudades de Latakia y Jableh. Se han utilizado seudónimos para proteger a las fuentes.

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