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Esta familia judía acoge a un refugiado musulmán de Siria en su hogar berlinés

The Jellinek family in their home in Berlin, with their houseguest, Kinan, a Syrian Muslim refugee (second from left). When Chaim Jellinek told Kinan he was Jewish, Kinan said he had no problem with that. Credit: Daniel Estrin. Used with permission

La familia Jellinek en su casa de Berlín, con su invitado, Kinan, un refugiado musulmán sirio (el segundo desde la izquierda). Cuando Chaim Jellinek le dijo a Kinan que era judío, Kinan contestó que no tenía ningún problema al respecto. Crédito: Daniel Estrin. Usada con permiso.

Este artículo de Daniel Estrin originalmente apareció en  PRI.org el 28 de junio del 2016 y se republica aquí como parte de un acuerdo para compartir contenido.

Cuando el hijo de los Jellinek de 20 años se fue de casa, un refugiado de Siria de 28 años se instaló en ella.

“La habitación estaba libre”, dice Chaim Jellinek, un doctor berlinés. “Y nosotros dijimos: ‘De acuerdo, lo intentamos’”.

Alemania acogió a cientos de miles de refugiados de guerra sirios durante el año pasado. Algunos alemanes los alojaron en sus hogares.

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Pero los Jellinek se destacan por ser una familia germano-judía, la cual acoge en su casa, por un largo período, a un musulmán sirio -en una época de creciente vacilación entre los alemanes, y los alemanes judíos en particular, con respecto al millón y medio de los recién llegados a su país, en su mayoría del Medio Oriente.

“Creo que la mayoría de la comunidad judía quiere dar la bienvenida a los refugiados. Esto por una parte”, dice Chaim Jellinek, sentado en el salón de su casa un viernes pasado por la noche antes de la comida del sabbat. “Por otra muchos judíos le tienen miedo al islamismo radical”.

Joseph Schuster, que encabeza el Consejo Central de los judíos en Alemania, le dijo a un periódico alemán en noviembre que Alemania debería marcar una cantidad límite para los migrantes que llegan.

“Muchos refugiados escapan del terror del Estado Islámico y quieren vivir en paz y libertad”, dijo Schuster durante la entrevista. “Al mismo tiempo, ellos vienen de lugares donde el odio hacia los judios y la intolerancia forman parte de la cultura”.

Los Jellinek pertenecen a una sinagoga igualitaria en Berlín donde hombres y mujeres participan de manera equitativa en el servicio. Es una sinagoga vieja, tomada en otro tiempo por los nazis y usada como un almacén.

El templo está involucrado en la ayuda a los refugiados y los Jellinek también se entregaron totalmente a la causa, cofundando una organización de asistencia para refugiados, FREEDOMUS, que publicó un manual informativo para ayudarlos a superar la dificultad de integración en Alemania.

“De verdad creo que es la única forma buena de resolver ese problema, de establecer una conexión con los refugiados y darles la bienvenida”, dice Chaim.

Su esposa Kyra y él hacían labores de voluntariado con los refugiados sirios, cuando escucharon sobre Kinan, un vendedor farmacéutico que huyó de Damasco, su ciudad natal, hizo un largo viaje desde Turquía a Grecia por agua y después hacia el norte hasta Alemania.

Kinan, quien pidió ser identificado por su nombre de pila, estaba viviendo en condiciones difíciles en un centro para refugiados en Alemania.

Cuando Chaim Jellinek se encontró con él, le dijo que su familia era judía y Kinan le contestó que no tenía ningún problema con eso, recuerda Kinan.

“Vienes de un lugar donde hay guerra y una persona te invita a su casa”, dijo él. “Ves a esa persona como alguien realmente bueno”.

Kinan dice que sabe del rencor entre árabes y judíos en Medio Oriente, pero que nunca vio a los judíos como enemigos. Sí, efectivamente hay enemistad entre Israel y Siria, pero es un asunto político y no tiene nada que ver con la religión, dice Kinan.

Kinan, a Syrian refugee, prepares a meal for the Jellinek family's Sabbath dinner in Berlin. He says he learned out to cook from youtube videos. Credit: Daniel Estrin. Used with permission

Kinan, un refugiado sirio, prepara una comida para la cena del sabbat de la familia Jellinek en Berlín. Dice que aprendió a cocinar por videos en YouTube  Crédito: Daniel Estrin. Usada con permiso.

Kinan se encargó de la comida del sabbat. Estaba cocinando cuatro platos: arroz con especias; kawwaj, un guisado sirio que hizo con tomates y cebollas; carne picada con ajo y sopa de lentejas.

Kinan dice que aprendió a cocinar en gran parte por YouTube. Empezó a cocinar para sí mismo cuando partió solo de Damasco.

Cuando la comida estuvo lista, Kinan y la familia Jellinek se reunieron alrededor de una mesa larga: Chaim, Kyra y sus cuatro hijos: Lilli, 8; Joshy, 12; Rosa, 18; y Béla, 20.

Chaim sacó kipás para que se los pusieran sus hijos varones. Kinan también se puso uno.

La familia recitó bendiciones sobre las velas de sabbat, el vino y el pan Jalá. Comieron y bromearon durante horas.

Kinan se reía con ellos. Luego admitió que realmente no entendía mucho del alemán. Todos los comensales se rieron, incluido él.

Está estudiando alemán tiempo completo en clases de lenguas, y los niños Jellinek a menudo lo ayudan con su tarea.

“Es increíble, porque aprendemos mucho uno del otro–  como cocinar, festejar sabbat”, dice Rosa Jellinek de 18 años.

“Hace unas semanas me dijo buenas noches, pero lo dijo de manera incorrecta. Yo dije, bueno, tienes que decir ‘buenas noches‘ en vez de, digamos, ‘noche bien‘, o cualquier otra cosa que dirías en inglés”, dice Rosa.

“Se volvió a equivocar tres veces durante tres noches, pero después lo empezó a decir correctamente”, agrega Rosa. “Fue lindo ver que había aprendido más alemán, que yo le puedo echar una mano”.

The Jellinek family lights the Sabbath candles for Friday night dinner. Chaim Jellinek says he thinks the only good way to integrate refugees is to welcome them. Credit: Daniel Estrin. Used with permission

La familia Jellinek enciende las velas del sabbat para la cena de la noche del viernes. Chaim Jellinek dice que cree que la única buena manera de integrar a los refugiados es dándoles la bienvenida. Crédito: Daniel Estrin. Usada con permiso.

Sentado en el sofá, Chaim Jellinek reflexionó sobre la calidez de la bienvenida que da su país a los refugiados.

“Fue una de las cosas más importantes en mi vida porque a partir de ese momento, vimos una Alemania completamente distinta, algo que no habíamos visto antes”, dice Jellinek. “Una Alemania de mente abierta. Amistosa, realmente amistosa”.

Él se convirtió al judaísmo hace años. La madre de Kyra sobrevivió en el gueto de Budapest durante la Segunda Guerra Mundial. La familia es sensible al dilema de ser judío en la Alemania posterior al holocausto.

Como Alemania dio hogar a recién llegados de otra religión y cultura, Chaim dice que también él se sintió más en su casa.

“Hemos sido muy afortunados por encontrar a Kinan”, dice Chaim. “Él abrió la puerta para todos nosotros a una visión diferente de nuestro país”.

Frank Hessenland colaboró con este reportaje.

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