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Los niños refugiados en California dicen que la discriminación en la escuela está empeorando

Amira Matti and her brother, both from Guatemala, rest after soccer practice at YALLA, a San Diego-based after-school program that teaches soccer to refugees and immigrants and provides academic mentoring. Credit: Jean Guerrero

Amira Matti y su hermano, ambos de Guatemala, descansan tras el entrenamiento de fútbol en YALLA, un programa extraescolar de San Diego que enseña a jugar al fútbol a refugiados e inmigrantes y proporciona tutoría académica. Crédito de: Jean Guerrero

Este artículo, de Jean Guerrero, apareció originalmente en PRI.org el 27 de junio de 2016, y es publicado de nuevo aquí como parte de un acuerdo para compartir contenido.

Amira Matti, 11 años, recuerda el día en el que su hermano estuvo a punto de ser secuestrado cerca de su casa en la ciudad de Guatemala. “Mi hermano pequeño vino corriendo hacia nosotros y nos dijo ‘Alguien ha tratado de llevarme'”, nos dijo ella. “Parecía que había visto un fantasma.” Un conductor que pasaba le rescató de los secuestradores.

Así que, la familia de Amira decidió que era hora de salir de Guatemala, y de su creciente violencia de bandas, y dirigirse a los Estados Unidos. Por el camino, oficiales mexicanos pararon a la familia y la pusieron en un centro de detención durante más de cinco meses. Amira dijo que fue una pesadilla.

“No podías dormir porque había enormes bichos que deambulaban por todo el lugar”, dice. “Eran como miles de ellos.”

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Cuando la familia llegó a EEUU, solicitaron asilo en San Diego. Amira creyó que la parte difícil del viaje había terminado. Se dio cuenta de que no era así tan pronto como empezó la escuela — aprender inglés era difícil, y ella se había perdido meses de clases cuando estuvo retenida en México –. “En esos cinco meses no aprendí nada”, nos dijo. “Me sentí estúpida porque no sabía la respuesta a nada de lo que el profesor me preguntaba.”

La familia de Amira está entre el creciente número de refugiados que huyen de la violencia de América central, y que están encontrándose con retos en forma de discriminación y dificultades educativas.

Dijo que sus compañeros de clase la acosan. “Los niños se acercaban a mí y me decían ‘Hola, niña rara’, y yo no entendía nada, porque no sabía inglés al principio, y pensaba que este no es un país en el que debía estar. No soy bienvenida aquí,” dijo.

Pero entonces su familia supo del YALLA (Juventud Y Líderes Viviendo Activamente, por sus siglas en inglés), un programa extraescolar que comenzó hace seis años. Le enseña a jugar al fútbol a inmigrantes y refugiados, usando el deporte como un divertido gancho para servicios académicos serios.

Enseñada por los mentores de YALLA y un software de la lengua inglesa que ayuda con la lectura y la escritura, Amira alcanzó rápidamente a sus compañeros. “Cuando no entendías algo en inglés, te lo explicaba en español y te pedía que lo repitieses”, explicó.

Además, por fin, sintió que pertenecía a algún lugar. En YALLA hay estudiantes de Irak, Sudán, Honduras, y demás. Todos conectan porque han sido desarraigados.

El hermano pequeño de Amira, Matti (su nombre y su apellido son iguales), de 8 años, también practica inglés en el programa de YALLA. Riyam Mansoor, una refugiada iraquí, le ayuda. Mansoor dice que muchos de los mentores del programa son inmigrantes, y que su amistad con los estudiantes es clave para el éxito.

El fútbol ayuda a establecer conexiones, también. “Con el fútbol, no sueles necesitar un lenguaje para hablar. Es como un lenguaje universal,” nos dijo.

Mark Kabban,que empezó el programa YALLA, dijo que el fútbol ayuda al personal a construir amistades con los estudiantes. “Somos capaces de establecer una manipulación sana”, dijo. “Podemos influenciarlos mucho más en sus estudios por todo lo que tenemos en el fútbol.”

Este año, 20 alumnos de instituto se graduaron desde el programa YALLA, recibiendo un récord de 2,4 millones de dólares en becas universitarias. Pero Kabban ha notado un cambio anticipado a la próxima ronda de financiación: algunos donantes están reteniendo su apoyo. Cree que es por el actual debate sobre la inmigración entre los electores de Estados Unidos.

“Políticamente, lo que creo que está pasando es que el cambio de actitud pública hacia los inmigrantes, especialmente los que vienen de Oriente Medio, ha afectado a nuestros jóvenes” dijo Kabban.

“Ha habido algunos donantes a los que no les gusta que sirvamos a niños musulmanes” dijo Kabban, que no nombró a ningún donante en particular. “Al final del día me digo que, si no quieren invertir en la diversidad de nuestros niños, entonces, no quiero su dinero.”

Kabban también dijo que los estudiantes de YALLA se quejan de más discriminación en la escuela.

“Nuestros atletas escolares dicen que ‘nos sentimos discriminados'”, nos dijo. “En nuestros seis años, nunca había oído eso antes. Y no sé qué decirles más que, eh, así es como somos y vamos a permanecer juntos y a seguir trabajando duro, y vamos a ser las mejores personas que podamos.”

Amira dijo sentirse apoyada en YALLA, y ha aprendido a creer en sí misma y sus grandes ambiciones — quiere ser cirujana — aunque algunos de sus compañeros de clase no inmigrantes le han dicho que no puede ser cirujana porque es de Guatemala.

Amira dijo que tiene la vista fijada en su objetivo.

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