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Mujeres azerbaiyanas ven la campaña “No tengo miedo de hablar” desde fuera

Sexual violence. Wikimedia image.

Violencia sexual. Imagen de Wikimedia.

Como azerbaiyana, ha sido fascinante seguir la historia de #яНебоюсьСказать (No tengo miedo de hablar) iniciada por la activista ucraniana Anastasiya Melnychenko con la finalidad de discutir sobre incidentes de violencia sexual, física y psicológica contra la mujer.

Ya sea en Azerbaiyán, Kirguistán, Ucrania, Bielorrusia o Rusia, la mujer no solamente está sujeta constantemente a acoso sexual, físico y psicológico, sino que también es vista como instigadora de esos ataques en su contra.

Una mentalidad generalizada sostiene que “ella se lo buscó” o “es su culpa”.

Esto es porque la violación, la violencia y el acoso están tan estigmatizados en nuestras culturas que a menudo las víctimas se quedan calladas, intentando olvidar su experiencia, sin nunca volver a hablar al respecto.

Tal  vez esto se aplique al conservador Azerbaiyán más que en la mayoría de otros países de la ex Unión Soviética.

La persistente mentalidad de “es culpa de la mujer” explica el comportamiento de las cibernautas azerbaiyanas en Facebook, que en gran parte han guardado silencio sobre sus historias, a diferencia del repentino torrente de reacciones de parte de usuarias rusas, ucranianas y bielorrusas.

Como cualquier mujer azerbaiyana, esta autora ha sido acosada en muchas ocasiones.

Muchas hemos pasado experiencias de acoso en los atestados metros y buses de Bakú de camino al trabajo.

Es uno de los lugares donde los hombres pueden encontrar “el espacio” y la “oportunidad correcta” para tocar un trasero o rozarse con un cuerpo femenino, casi siempre por la espalda, porque el acoso es un acto de cobardía.

Escarbar en esta mina de recuerdos es doloroso y el silencio de #demeyeqorxmuram –lo que “No tengo miedo de hablar” sería en azerí– cuenta su propia historia.

La última vez que los cibernautas azerbaiyanos respondieron en masa a la violencia contra la mujer fue en el caso de Aytac Babayeva (#AytacBabayeva), estudiante de secundaria recién graduada que fue apuñalada ocho veces por su exnovio en un ataque de celos.

¡Silencio!
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¡Protesta ante la ignorancia!

Cientos de azeríes han expresado su rabia por el asesinato de Aytac Babayeva a quien mataron en Bakú la semana pasada.
En Turquía también han mostrado indignación, tras el incidente del asesinato de Özgecan Aslan, joven a la que mataron en febrero.

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Turcos y azeríes expresan su rabia en línea por muerte de una adolescente.

Apenas unos meses antes del asesinato de Aytac, Ozgecan Aslan, de 20 años, fue violada y luego brutalmente asesinada en Turquía.

Pero en el caso del asesinato de Aytac, su caso fue divulgado por más usuarios turcos que usuarios azerbaiyanos.

Según una noticia publicada en el servicio azerí de la BBC en su momento, la cantidad de mujeres muertas como resultado de violencia doméstica en 2014 en Azerbaiyán llegó a las 721.

Los números reales pueden ser todavía mayores.

La discusión de “No tengo miedo de hablar” en idioma azerí en realidad nunca llegó a cuajar, aunque, irónicamente, las pocas publicaciones que se refirieron al tema fueron ampliamente divulgadas:

Siempre quiero preguntarles a los que dicen “es su culpa, qué diablos estaba haciendo a esa hora sola por la calle” sobre mujeres que han sido víctimas de violencia, “¿qué diablos hacen siendo el animal que eres, entre seres humanos?” Pero nunca hago la pregunta. Porque no quiero menospreciar a los animales.
No tengo miedo de hablar.

Hay historias escritas en azerbaiyano […]. Es justamente que no son tantas. Serían historias si alguien comenzara una etiqueta en azerbaiyano. No creo que haya una mujer [en Azerbaiyán] que no haya enfrentado acoso o violencia. No solamente verbal o física, están los que te violan con la mirada. Es un tema bien duro. Muchos de los hombres que se ponen en los zapatos de la mujer no entienden esto.

Tal vez un día, las mujeres azerbaiyanas se unirán en llamados regionales de respeto y libertad mutuas del acoso. Mientras tanto, los recorridos en el transporte público de Bakú seguirán siendo un infierno.

Ver también: No tengo miedo de decirlo: Usuarios de redes sociales ucranianas rompen su silencio sobre la violencia sexual y Mujeres luchan contra la violencia en la sociedad kirguisa, pero ¿cuántos hombres las ayudarán? 

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