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Un joven refugiado liberiano, educado en EE. UU., decide regresar «a casa»

Jefferson Krua fled Liberia as a refugee at age 5, and eventually settled in Boston, MA. Recently, he's moved back to Liberia to help with re-building the country's infrastructure. Credit: Heidi Shin

Jefferson Krua huyó de Liberia como refugiado a los 5 años, y se instaló en Boston, Massachusetts. Recientemente, regresó a Liberia para ayudar a reconstruir la infraestructura del país. Crédito de: Heidi Shin.

Este artículo de Heidi Shin apareció originalmente en PRI.org el 12 de julio del 2016, y es republicado aquí como parte de un acuerdo para compartir contenidos.

Mercy Krua y su hijo Jefferson no se ponen de acuerdo sobre si él debe o no regresar a casa.

Estamos sentados en el sofá de su sala en Boston, y ella está deseando mostrar las fotografías de la infancia de su hijo. Esta es de la graduación, y esta otra del campo de refugiados en Ghana. Ha recordado cómo era la vida antes de que huyeran de Liberia, en medio de las sangrientas guerras civiles.

Jefferson era solo un niño, y cuando tenía hambre o estaba cansado, su madre no podía ofrecerle algo tan simple como un bocadillo. Después llegaban las lágrimas y el pánico de ser descubiertos: «así que tienes que asegurarte que los niños no lloren, para concienciarte de que hay gente o civiles en la zona, porque realmente no les importaba, estaban matando a todo el mundo. Fue muy complicado, terrible».

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Pero Jefferson lo recuerda de otra manera. Tenía solamente 5 años cuando se marcharon, y para él fue como una aventura. Se escondieron en la parte trasera de un camión de comida de la ONU para salir de Liberia y escaparon por las junglas de Costa de Marfil, antes de llegar a los campos de refugiados de Ghana, donde pasaron siete años.

Jefferson dice que la vida se complicó cuando llegaron a EE. UU. Eran los 90, y debía empezar la secundaria.

Me lleva por las viviendas sociales de Boston, donde vivió durante la mayor parte de su adolescencia. Me recuerda que cierre con llave la puerta del coche, y señala la esquina donde su primo y él fueron asaltados, todo mientras el guardia que estaba en el cruce del colegio los miraba. Escuchamos el chirrido de los columpios y niños gritando en caboverdiano y criollo, así que podían ser oidos por encima del estruendo de sirenas de policías y ambulancias que pasan.

Jefferson me cuenta que cuando era un niño, tenía permitido ir de casa al colegio y a la iglesia; eso era todo. Hincó los codos y consiguió entrar en la universidad —en la Universidad Cornell, donde conoció a otros africanos, pero no eran refugiados, sino estudiantes internacionales adinerados. La universidad guardaba una excepcional colección de revistas, donde Jefferson aprendió sobre Liberia mediante eruditos.

Admite la ironía de tener que venir a los Estados Unidos, a un lugar remoto como Ithaca, Nueva York, para aprender sobre las raíces de su familia. Aprendió a hablar de nuevo el idioma, estudió ingeniería civil, y ahora su objetivo es volver a Liberia. Había oído que otros jóvenes africanos —que habían estudiado en el extranjero— estaban regresando al continente.

Jefferson regresó a Liberia el pasado verano, justo después de que se terminara la crisis del ébola. Lo recuerda como llegar por primera vez. «Hombre, quería besar el suelo. Estaba muy emocionado», dice, «todo el mundo habla como hablas tú en casa, y no ser el otro es una sensación muy agradable».

Jefferson launched a digital news outlet in Liberia called the Bush Chicken. Here is a photo he took while on assignment, covering a student protest against proposed tuition hikes at the University of Liberia. Credit: Photo courtesy of Jefferson Krua

Jefferson ha lanzado un medio de comunicación digital en Liberia llamado Bush Chicken. Aquí les mostramos una foto que sacó mientras estaba cubriendo una protesta estudiantil por el aumento en las tasas de la matrícula propuestas por la Universidad de Liberia. Crédito: fotografía cortesía de Jefferson Krua.

Ha lanzado un medio de comunicación llamado Bush Chicken, el cual forma a periodistas para que informen con precisión. También está trabajando en un nuevo negocio de compartir bicicletas en Monrovia, ya que los niños pueden tardar horas en llegar al colegio.

Pero su madre se preocupa por la seguridad de Jefferson, y dice que todo lo que puede hacer es rezar. Ya no tienen a la familia para que cuiden de Jefferson, ni los árboles de donde comían mangos y aguacates todos los días —todo eso se ha ido. La tierra ya no es suya, así que para ella, el hogar también ha desaparecido.

Para su madre, Mercy, EE. UU. es el lugar que les ha proporcionado oportunidades. En los campos de refugiados no había trabajo. Sin embargo, aquí ha trabajado muchas horas de niñera, cuidando de los niños de otra persona, así que tendría suficiente para cuidar de ella misma. Ahorró lo suficiente como para terminar la escuela de enfermería, y ahora trabaja como enfermera titulada.

«Sinceramente, yo soy de Liberia», dice, «pero considero hogar donde quiera que esté ahora mismo. Donde quiera que estés, donde veas que puedas llevar una vida cotidiana, yo lo considero hogar».

Mercy Krua, and her son Jefferson Krua, on her living room couch in Boston, MA. Credit: Heidi Shin

Mercy Krua y su hijo Jefferson Krua, en el sofá de su salón en Boston, MA. Crédito: Heidi Shin.

Ella no quiere hablar más de Liberia —los recuerdos le ponen triste. En lugar de eso, me enseña con orgullo una foto del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y del difunto activista por los derechos civiles, Martin Luther King, Jr.,  que tiene colgadas en la pared de la sala de su casa.

Pero Jefferson me cuenta una historia sobre un altercado que tuvo con la policía, justo en frente de la casa de su madre en Boston, cuando la visitó no hace mucho tiempo.

«Me estaban interrogando, pero uno de ellos era muy agresivo», dice Jefferson. El agente le gritó mientras Jefferson buscaba su licencia: «¿Por qué tardas tanto? ¿No sabes que hace frío aquí?»

Jefferson admite, «y siendo un hombre negro en EE. UU., estaba asustado».

Continua, «por eso con algo así, es muy difícil llamar hogar a EE. UU. No importa cuánto dinero gane en este país, siempre voy a ser un hombre negro en EE. UU».

Pero en Liberia, Jefferson es el 1%. Me enseña fotos de los centros turísticos que frecuenta, la acreditación de prensa que muestra rápidamente. Incluso puede poner acento estadounidense siempre que lo necesite —es algo que te ofrece respeto en Liberia. Sueña con ser ministro de Transporte, y ha decidido no ser ciudadano estadounidense para poder estar listo para entrar en la política.

«Todos mis sueños, todo, todos mis objetivos en la vida están enfocados a Liberia», dice Jefferson. Continua, «tengo pesadillas donde me despierto sudando, porque Liberia ha entrado de nuevo en guerra. Eso es lo que me asusta, porque no sé qué haría».

Pero de momento, aprovecha las oportunidades que su hogar le ha ofrecido, y está comprometido a ayudar a reconstruir el país, por eso, dice que «las cosas como la guerra no son tan probables que pasen de nuevo».

Esta historia ha sido producida con la ayuda de la Comunidad Narrativa Restauradora de Images and Voices of Hope.

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