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La masacre de Rabaa en El Cairo: Tres años después, el olor a muerte perdura

A picture commemorating the third memory of Raba'a massacre gone viral on social media. Photo share on Facebook by: Peter Youssef. Link: https://goo.gl/Qse1xM

Gráfico viral que conmemora el tercer aniversario de la masacre de Rabaa. Compartido en Facebook por Peter Youssef.

Estudié en un campus donde solía escuchar disparos más a menudo que el bulllicio de los estudiantes novatos. Ver a los francotiradores del ejército con sus armas es tan familiar para mí como los fuertes cánticos de los manifestantes bajo la cúpula de la Universidad del Cairo.

Entré en la Facultad de Economía y Ciencias Políticas ocho meses después del comienzo de la revolución egipcia. En un momento de cambio histórico, la Universidad del Cairo había sido cuna de un amplio y diverso cuerpo estudiantil orientado a la política. Era una maqueta de la tensa escena política en la tierra de los faraones.

Nunca había sido testigo de una atmósfera tan furiosa de tensión política y de protestas dirigidas por los estudiantes como la que se impuso en el momento que siguió a la dispersión de la sentada en Rabaa el Adaweya, ahora llamada Masacre de Rabaa. Vi munición real ser disparada contra la puerta principal, ambulancias en el campus, ingentes cantidades de gas lacrimógeno lanzado contra los manifestantes que condenaban las sangrientas acciones de las fuerzas de seguridad egipcias en la Plaza de Rabaa el Adaweya.

Temprano en la mañana del 14 de agosto de 2014, se declaró el estado de emergencia por todo Egipto mientras las fuerzas de seguridad rompían violentamente la sentada organizada por simpatizantes de la Hermandad Musulmana que protestaban por la destitución de Mohamed Morsi, el primer presidente elegido libremente y exoficial de alto nivel en la Hermandad, dejando hasta 1,000 personas muertas en un día. La sentada de la Plaza de Rabaa el Adaweya fue la más grande que haya sido atacada. A la vez que comenzaban los disparos, bulldozers blindados llegaban al lugar y circulaban helicópteros sobre la escena.

The area around the Rabaa Adiweya mosque on August 1. The area was packed with Muslim Brotherhood supporters who had been sleeping in tents for over a month. Families brought children to protect them from the police forcibly dismantling the sit-in. PHOTO: H. Elrasam for Voice of America, via Wikimedia Commons

La zona alrededor de la mezquita de Rabaa Adiweya el 1 de agosto. El área estaba abarrotada de simpatizantes de la Hermandad Musulmana que habían estado durmiendo en tiendas durante más de un mes. Las familias trajeron a los niños para evitar que la sentada fuese desmantalada por la fuerza. Foto: H. Elrasam para Voice of America, via Wikimedia Commons.

Era una zona de guerra.

El hospital de campaña era intensamente tiroteado mientras la gente se apresuraba a arrastrar los cadáveres lejos del fuego. Los médicos llevaron a cabo rescates de último minuto.

Recuerdo el video que se filtró de un médico gritando: “El pecho ha explotado, la cabeza había explotado, y el cerebro está fuera. Se ha acabado. ¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer?”

Yo no estuve allí.

Yo no estuve allí pero vi las imágenes. Vi fotos que se grabaron en mi memoria desde el momento en el que las vi. Fotos de tiendas de campaña quemadas, de ropas manchadas de sangre, de madres llorando. Vi a una niña sollozando sobre el pecho de su hermano, siendo testigo de su último aliento.

No estuve allí, pero vi a mi mejor amiga llorando por su primo que había recibido un disparo en el cuello. Recuerdo su voz temblorosa al teléfono diciendo que no podían encontrar su cuerpo entre los otros. Recuerdo el sonido de los llantos a su alrededor.

No estuve allí, pero vi las filas de cadáveres tendidos sobre ataúdes blancos, a la espera de ser recogidos por los familiares, en una mezquita del Cairo. Parecía un cementerio. Parecía el mortuorio después de una batalla, donde bloques de hielo cubrían los cuerpos y se rociaba desodorante ambiental para tapar el hedor a descomposición.

Rabaa Square before and after August 14, 2016. By Mazidan - Own work, CC BY-SA 3.0,

La Plaza de Rabaa antes y después del 14 de agosto de 2016.  Foto: Mazidan (CC BY-SA 3.0).

No estuve allí, pero vi a una madre examinando los rostros de los muertos en la morgue, buscando a su hijo entre los cuerpos quemados y baleados.

No estuve allí, pero recibí las noticias de mi compañero de clase al que habían abatido de un disparo mientras escapaba de la zona sur del campo.

Entonces, yo estaba allí.

Estaba allí viendo a miembros de los medios de comunicación bendiciendo estos actos de asesinato. Bendiciendo la tiranía, la opresión y la exterminación en masa de aquellos que no se amoldaban a las agendas políticas intolerantes. Estaba allí cuando a los asesinados se les llamaba “terroristas” y los asesinos se convertían en “salvadores”.

Viví todo eso.

La plaza ahora luce como la abarrotada escena típica del Cairo. Hoy, nadie recuerda que, no hace tanto, tenían que pasar entre el fuego de los francotiradores para cruzar al otro lado.

El sonido de las balas hace eco en mis oídos cada vez que cruzo por esta zona. La aburrida y temeraria escena atestada de coches reaviva mi memoria. Me recuerda a inhalar gas lacrimógeno, y esa estatua de las dos manos representando a la policía y al ejército parece como si estuviera cubierta de sangre.

Todos mis pensamientos están con las víctimas de la Masacre de Rabaa. El olor a muerte aún perdura.

Foto de portada: captura de pantalla del reportaje noticioso de AlJazeera Security crackdown kills scores in Egypt.

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