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Un día en la vida de Tião, vendedor de hot-dogs del Gran São Paulo

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Tião y su hot-dog, por el que la gente hace filas, en el centro de Osasco  — Foto: difusión.

Este texto, cuyo autor es Paulo Talarico, se publicó originalmente en el blog Agência Mural y se reproduce aquí por medio de un acuerdo de publicación.

“Bienvenido al restolanche“. Las noches de la plaza Patrona de Brasil, en el centro de Osasco (ciudad de la zona metropolitana de São Paulo) tienen una fila al aire libre de martes a sábado. Las personas esperan junto al carrito la preparación de un refrigerio típico del área metropolitana de São Paulo, el cual sale rápidamente.

“¿En baguette o en pan de manteca?”, pregunta Sebastião Figueira de 68 años acerca del tipo de pan que tendrá el hot-dog, o perro caliente. “Completo, sin tomate”, responde un cliente. A continuación, Sebastião empieza a preparar muchos, mientras que una ayudante pregunta al próximo cliente del ‘Dogão do Tião’.

Ésta ha sido la rutina del vendedor desde hace 22 años, cuando encontró en los perros calientes una manera de seguir en actividad . “Era camionero, perdí mi empleo y empecé a vender perros calientes para no estar en casa durmiendo. Usted sabe que a mi edad no se consigue trabajo en ningún lugar”.

Enquanto comem, fregueses se divertem com bom humor do vendedor. Foto: Divulgação

Mientras los parroquianos comen, el vendedor los entretiene con su buen humor. Foto: difusión.

Él desconoce la cantidad de bocadillos que hace por noche, pero para llevarlos a la plaza el trabajo comienza mucho antes de llegar al carrito, con el fin de elaborar los condimentos. Además del puré y de las papas fritas finas tradicionales, tiene algunas “opciones adicionales” como crema de maíz y salsa de aceituna.

Por lo general, el sándwich popular es bien generoso, una característica de la zona de la plaza y de la avenida Maria Ramos, en donde se convirtió en una opción para aquellos que salen más tarde del trabajo o van a una discoteca.

El hecho de que hagan filas en el carrito, incluso cuando existen varias opciones alrededor, puede tener algunas explicaciones. Para Tião, se trata de la calidad y de que él solo trabaja con productos “premium” o de “primera línea”. Por ejemplo, consume de 100 hasta 150 kg de puré. Otra razón es el humor del dueño del carrito. “Se puede ver a 20 personas, comiendo perros calientes y riéndose a carcajadas”, asegura una clienta.

“Es mi manera de trabajar. Toda la vida ofrecí bocadillos generosos o recargados y sensacionales. Mi meta es hacer lo mejor”, recuerda. Luego, usa dos frases coloquiales para conquistar a sus clientes. “Es el único perro caliente que no engorda. Solo engorda a partir del quinto plato o de la quinta baguette, es ahí cuando empiezas a sentirte un poco lleno”, bromea.”Pero sí engorda comer uno solo”.

Enquanto comem, fregueses se divertem com bom humor do vendedor Foto: Divulgação

El vendedor y sus ayudantes en el Dogão do Tião. Foto: difusión.

En realidad, como es recargado, repetirlo una vez ya es toda una hazaña. Tião vende refrigerios desde que dejó su antigua profesión. Oriundo del noreste, vivió prácticamente toda su vida en la ciudad. En la actualidad, está en Jaguaribe, en la zona sur del municipio. “Amo este lugar, mi cuna es Osasco”. Su esposa y sus dos hijas lo ayudan en el trabajo.

“Desde que trabajo en esto, aprendí a hacer los sándwiches con un señor mayor que me pasó sus consejos. Busco hacer lo mejor. Ese es el secreto, hacer una cosa con amor y con limpieza. La limpieza es prioridad número 1″.

Se estima que en la ciudad se hacen 40 mil perros calientes. Y eso equivale a 324 licencias para vendedores, que acostumbran a contratar de dos a tres ayudantes. El lugar que más se destaca es la calle Antônio Agu, un paseo que concentra los comercios de la región central, con precios que oscilan entre R$ 3 y R$ 5. Después sigue Maria Campos, en donde los aperitivos son más cargados y el precio también aumenta. Los precios varían entre R$ 6 y R$ 8 e incluso se venden los perros calientes servidos en platos. La mayoría acepta tarjetas de crédito.

Tião arriesga que esa situación es una buena característica de la ciudad y vuelve a citar la cuestión de la edad. “Debería dar gracias al ayuntamiento que me liberó, porque entre nosotros, uno no va a encontrar lo que te da el carrito en el medio de una calle”, afirma. “La ciudad brinda la posibilidad para las personas de mi edad que no consiguen empleo; ella tiene que glorificar a los del ayuntamiento porque nos liberaron para que ganemos nuestro pan de cada día”.

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