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Los héroes: el otro lado de la tragedia de los ataques en Francia

Durante los últimos 18 meses, Europa ha sido testigo de una ola de ataques que ha derivado en tensión social y la polarización de muchas conversaciones sobre religión e inmigración, sobre todo en Francia. Mientras que los temas de debate actuales en los medios se centran aparentemente en si se debería permitir el uso de burkinis en las playas, otras acciones de interés periodístico caen rápidamente en el olvido (acciones extraordinarias que ayudan a solidificar el tejido social francés antes que tener algo que ver con la ropa de baño). Global Voices narra varias de esas historias heroicas durante los últimos ataques masivos en territorio galo.

Ataques de Niza del 14 de julio de 2016

Franck, the hero of Nice - photo posted on twitter by @Pabliteau

Franck, el héroe de Niza. Foto: Twitter / @Pabliteau.

Franck tiene 49 años y dos hijos. Cuando Mohamed Lahouaiej Boulhel condujo un camión a través de una multitud reunida para ver los fuegos artificiales del Día de la Bastilla en Niza, Franck iba cerca con un ciclomotor y presenció el inicio de la tragedia. En sus propias palabras, he aquí la recopilación de lo que sucedió:

On a pris la Promenade au niveau des Bosquets. On avançait tranquillement. En fait, je voulais aller au feu d’artifice, mais on est parti trop tard. Alors j’ai dit à ma femme, ce n’est pas grave allons manger une glace sur le Cours Saleya. On a senti un mouvement de foule venir dans notre dos. On a entendu des cris et des voitures se mettaient en travers. Ma femme m’a dit: ‘Arrête-toi, il y a un truc qui ne va pas’. Et le temps de se retourner, on a vu la foule courir dans tous les sens, comme si elle fuyait quelque chose. C’est alors que l’on a vu le camion arriver.

Nous, nous étions au milieu de la route. Il y avait peu de voitures. Je devais rouler à 60 km/h. Je n’ai même pas eu le temps de regarder dans mon rétroviseur. Et là, il m’a doublé à fond. Il roulait sur le trottoir. J’ai en tête les images des corps qui volaient de partout. J’ai tout de suite compris. J’ai alors décidé d’accélérer. Ma femme, derrière moi, me tirait le bras et me demandait où j’allais. Je me suis arrêté. Je lui ai dit: dégage! Et j’ai accéléré à fond.

Pour le rattraper, il fallait slalomer. Entre les gens, vivants et morts. J’étais à fond. Je ne pouvais freiner que de l’arrière car j’avais la poignée bloquée. Je me souviens même de crier dans le casque. Je criais à la mort en fait… Je n’avais que l’arrière du camion dans les yeux. J’étais déterminé à aller jusqu’au bout. Je voulais à tout prix l’arrêter. J’étais dans un état second mais à la fois lucide. Je suis donc parvenu à me mettre sur sa gauche, mon objectif était d’atteindre la cabine.

J’étais sur les marches au niveau de la fenêtre ouverte. Face à lui. Je l’ai frappé, frappé, et frappé encore. De toutes mes forces avec ma main gauche même si je suis droitier. Des coups au visage. Il ne disait rien. Il ne bronchait pas

Mi mujer y yo íbamos por el Paseo de los Ingleses con mi ciclomotor (por el lado en que ocurrió la tragedia). Íbamos tranquilamente. De hecho, queríamos ver los fuegos artificiales, pero salimos un poco demasiado tarde. Entonces le dije a mi mujer: «No importa. Vayamos a tomarnos un helado al Cours Saleya». Sentimos que una estampida venía detrás de nosotros. Oímos gritos y algunos coches se cruzaban. Mi mujer dijo: «Para, algo va mal». Cuando nos volvimos, vimos a la multitud corriendo por todas partes, como si escaparan de algo. Fue entonces cuando vi cómo se acercaba el camión.

Nosotros estábamos en mitad de la calle; había pocos coches. Debía ir a 60 km/h. Ni siquiera tuve tiempo de verle por el retrovisor. Y entonces nos adelantó. Iba por la acera. Todavía tengo en la mente las imágenes de cuerpos que salían despedidos. Comprendí enseguida lo que sucedía. Decidí acelerar. Mi mujer, que iba detrás, tiraba de mi brazo y me preguntaba adónde iba. Me detuve y le dije: «¡Baja!». Y aceleré a fondo.

Para llegar hasta él tuve que zigzaguear entre la gente, vivos y muertos. Iba a fondo. Solo podía frenar con los frenos de atrás, ya que tenía el manillar bloqueado. Me acuerdo incluso de gritar con el casco puesto. De hecho, le gritaba a la muerte. Solo veía la parte trasera del camión. Tenía la determinación de llegar a la cabina. Quería pararlo, a cualquier precio. Estaba conmocionado, a la vez que consciente. Conseguí situarme a su izquierda, mi objetivo era llegar a la cabina.

Me encontraba al lado de la ventana abierta. Frente a él. Le golpeé una y mil veces. Con todas mis fuerzas y con la mano izquierda, si bien soy diestro. Golpes a la cara. Él no decía nada. No pestañeaba.

Aymeric y San Monrocq, una pareja que vive en Normandía, creó un sitio web de micromecenazgo para comprarle a Franck un ciclomotor nuevo. La iniciativa logró 25.466€. Franck hizo uso de un tercio de la recaudación para comprarse un ciclomotor nuevo y donó el resto a hospitales, asociaciones locales y otras iniciativas.

Ataques de París del 13 de noviembre del 2015

Ludovic Boumbas as published on twitter by his friend @chilavertlille

Ludovic Boumbas publicado en Twitter por su amigo @chilavertlille

Ludovic Boumbas (40 años) era un ingeniero informático afincado en Lille, Francia. Estaba sentado en el Bistro La Belle Epique en París cuando los terroristas del Daesh dispararon contra el restaurante. Su amiga estaba con él, por lo que se situó delante para protegerla de las balas. Ludovic murió en el acto, mientras que su amiga también acabó herida, pero sobrevivió. Ludovic era originario de la República del Congo. Sus amigos le recuerdan con cariño:

Friends described Mr Boumbas as someone who loved people and travelling. “He was just one of life’s good, good people,”

Los amigos describen a Boumbas como alguien que amaba a la gente, así como viajar. «Era simplemente una buena persona».

Nicolas Cantinat (37 años) y Julien Galisson (32) reaccionaron al tiroteo como Ludovic, protegiendo a la gente de alrededor cuando se inició el ataque. Tanto Nicolas como Julien murieron por sus heridas. En Bataclan, escenario de la peor carnicería de aquella noche, Sébastien, de 34 años y procedente de Arlés, intentaba escapar de la matanza cuando vio a una mujer embarazada colgando de la ventana. Suplicaba a los que estaban debajo que la cogieran si caía. La ventana estaba a 15 metros del suelo. Sébastien recuerda lo que sucedió después:

À l'une d'elles, était suspendue une femme enceinte qui suppliait les gens en bas de la réceptionner si elle sautait. En bas aussi c'était le chaos. Je suis passé par l'autre fenêtre et je me suis accroché à une bouche d'aération. À 15 mètres du sol. J'ai tenu cinq minutes puis la femme enceinte, qui n'en pouvait plus, m'a demandé de l'aider à revenir à l'intérieur. C'est ce que j'ai fait.

Una de ellas, una mujer embarazada, estaba colgando de la ventana suplicando que la cogieran si saltaba. La calle también era un caos. Pasé por la otra ventana y me sujeté a un conducto de ventilación. A 15 metros de altura. La sujeté durante cinco minutos y después me preguntó, exhausta, si la podía ayudar a volver al interior. Fue lo que hice.

La escena fue grabada en vídeo:

Ataques de París del 9 de enero del 2015

Lassana Bathily es de Mali. Trabajaba en la tienda de comestibles Hyper Casher en París cuando Amedy Coulibaly, miembro del Daesh, entró con un fusil y mató a cuatro personas, con la intención de matar incluso a más. Lassana escondió al menos a seis personas y a un bebé en la cámara frigorífica de la tienda y salió solo del almacén para hablar con Coulibaly. He aquí un vídeo de su testimonio sobre el calvario:

Durante los ataques, Yoann Cohen, colega de Bathily en la tienda, intentó desarmar al terrorista, lo que provocó que este le disparara en la cabeza. El padre de Yoann proviene de Argelia y su madre de Túnez.

Estas personas, sencillas, no esperaban la tragedia con la que se toparon de repente, y respondieron instintiva y desinteresadamente. De hecho, hubo más ejemplos de actos de valentía durante los ataques, desde un agente de policía en solitario que entró a por los atacantes en Bataclan hasta gente que abrió sus puertas a asistentes retenidos.

Mientras que una retórica populista crece de manera ensordecedora y el clima del miedo barre aparentemente gran parte de Europa (sobre todo en Francia), recordar estas historias de altruismo y sacrificio es más esencial que nunca.

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