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Una lección sobre el fracaso del MIT ayuda entregar leche fresca a millones en India

Sorin Grama, left, pours milk into his refrigeration system in India. Credit: Promethean Power Systems

Sorin Grama, izquierda, vierte leche en su sistema de refrigeración en India. Foto: Promethean Power Systems.

Este artículo de Jason Margolis apareció originalmente en PRI.org el 23 de agosto de 2016. Se reproduce aquí como parte de un acuerdo para compartir contenido.

Sorin Grama tuvo una idea grandiosa. En verdad, una idea realmente fabulosa. Era tan buena que el Instituto de Tecnología de Massachusetts (conocido como MIT) en Estados Unidos, le concedió uno de los premios más prestigiosos para emprendedores: el segundo lugar en la competencia anual del instituto Competencia para Emprendedores 100K.

El equipo de Grama construyó una máquina usando partes de autos antiguos que pueden calentar el agua sin electricidad. Piensen en las posibilidades en zonas rurales del mundo en vías de desarrollo: las clínicas podrían esterilizar equipos, las personas podrían limpiar la ropa con agua caliente, o podrían tener una ducha caliente, todo sin estar conectados a una red eléctrica. Revolucionario, ¿verdad?

Grama llevó el invento a India con la expectativa de una respuesta enorme. En cambio, lo que escuchó fue: “Sí, bueno, está bien. Pero no resuelve nuestro problema”.

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Había hecho mal sus cálculos. Los habitantes rurales indios no querían hablar de agua caliente; en cambio, querían hablar de leche fría.

“Éramos un caso clásico de una tecnología que buscaba un problema que resolver”, dice Grama.

“India es el mayor productor y consumidor de leche del mundo”, explica. “Y toda tiene que ser recogido en este proceso donde el tiempo es un factor crítico, que lleva a mucho desperdicio [o] leche de baja calidad que ha estado expuesta durante horas al sol antes de llegar a una instalación para su refrigeración o su procesamiento”.

Entonces Grama, que creció en Rumania y se mudó a los Estados Unidos cuando tenía 18 años, dejó a un lado su premiado calentador solar de agua y se concentró en la leche.

Se mudó a India y pronto se dio cuenta de que el principal factor que hacía que la leche se malograra era una energía poco fiable.

“Lo que hay que entender es que todas estas aldeas tienen energía eléctrica, [pero] no la tienen 24 horas al día”.

In India, most milk is collected in small amounts by rural farmers scattered across the country. Credit: Promethean Power Systems

En India, la mayor parte de la leche la recogen en cantidades pequeñas granjeros rurales repartidos por el país. Foto: Promethean Power Systems.

Pero el exalumno del MIT se imaginó que si pudiera aprovechar la red de energía eléctrica cuando estaba funcionando y almacenar la energía, podría conservar la leche fría. El desafío era construir una batería mejor.

Su solución llegó en la forma de una batería térmica que lentamente libera energía almacenada.

“Es como hacer hielo. Hacemos ‘hielo’. El proceso de congelar material conserva la energía y cuando ese material se derrite libera la energía”.

Funcionó. Y la empresa de Grama, Promethean Power Systems, ya ha vendido cerca de 300 enfriadores de leche industriales grandes en India. Esto significa que millones de galones de leche ya no se desperdician. Por otra parte, menos personas se enferman, y los pequeños granjeros rurales no pierden tanto dinero.

La Escuela de Administración Sloan del MIT quedó tan impresionada con Grama —los éxitos de su empresa, y sus fracasos— que lo han puesto a enseñar en un seminario. Será el primer emprendedor interno de la escuela dedicado únicamente al mundo en desarrollo.

“Muchos emprendedores fracasan la primera vez, la segunda y hasta la tercera, y tener a alguien que pueda ser honesto con los estudiantes es muy importante”, dice Georgina Campbell Flatter, directora ejecutiva del Centro Legatum para el Desarrollo y Espíritu Emprendedor en el MIT.

El centro enfatiza que los inventos solamente son útiles si se usan. Exhortan a sus alumnos a salir del laboratorio y a entrar el mundo en desarrollo para enfrentar problemas reales.

Flatter pone algunos ejemplos: “¿Cómo analizo detenidamente los desafíos de importación/exportación al trasladar mi equipo médico de Boston a Lagos? ¿Cómo comparto ganancias con un artista que vive en la India rural si no tiene cuenta bancaria?”

Cyril Masud Khamsi, recién graduado con un posgrado del MIT, es uno de los jóvenes emprendedores que trata de resolver esos problemas. Ahora está acampando en un espacio de trabajo compartido dentro del campus, en el Centro Martin Trust para Espíritu Emprendedor del MIT, lanzando una empresa para mejorar los servicios de transporte en Ruanda.

“Yo trabajé en Ruanda, y trabajaba con granjeros, y teníamos grandes dificultades para transportar agua que fuera confiable y que no tomara grandes partes de sus márgenes de ganancia”, dice Khamsi.

Describe su empresa como Uber para camiones comerciales en África. Está recibiendo asesoría casi a diario de Grama.

Khamsi dice: “Este programa está tratando de impulsar el asegurarnos que no estemos surgiendo simplemente ni viendo las cosas a menudo de manera muy simple o paternal. Estas personas tienen un problema, pobres. Ya sé, tengo el conocimiento correcto, dejen que se los arregle’. No creo que eso funcione bien”.

Students work at the shared workspace, the Martin Trust Center for MIT Entrepreneurship. Cyril Masud Khamsi is on the right. Credit: Jason Margolis

Estudiantes trabajando en un espacio compartido, en el Centro Martin Trust para Espíritu Emprendedor del MIT. Cyril Masud Khamsi está a la derecha. Foto: Jason Margolis.

Por supuesto que también hay algo de la filosofía de Steve Jobs. Es bien sabido que el cofundador de Apple dijo: “Muchas veces, las personas no saben qué quieren hasta que se lo enseñas”.

“Es un buen punto”, expresa Grama. “Pero creo muy pocos somos como Steve Jobs”.

Claro, los inventores pueden tener suerte, dice Grama. Pero sabe de primera mano que es mejor entender el mercado antes de diseñar un producto.

Millones de indios que ahora disfrutan de más leche fresca están sin duda contentos de que Grama haya llegado a ver así las cosas.

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