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Una niña de 10 años propone a los poderes occidentales hacer la paz en Yemen

Yara, 10 years old, lives in Sanaa. She wants the violence there to stop, now.

Yara de 10 años vive en Saná. Quiere que la violencia termine en Saná.

Este artículo de Stephen Snyder originalmente apareció en PRI.org el 6 de setiembre del 2016. Se publica aquí como parte de un acuerdo para compartir contenido.

Yara es una niña de 10 años que vive en Saná, la capital rebelde. El sonido de los aviones de combate, cohetes y explosiones de bombas la han mantenido despierta en la noche desde la edad de 8 años y medio.

Recientemente decidió que era el momento de hacer algo. Así, ella hizo un video.

En un mensaje grabado en su dormitorio con el teléfono celular de su madre dijo “No quiero que sea mi turno de morir”. “Quiero vivir toda mi vida, quiero ser médico, quiero ser ingeniero”, dijo a la cámara. “Quiero crecer y ser alguien importante en este mundo”.

Yara impulsó a sus padres para que compartieran el video en YouTube, Twitter y Facebook. En una semana ha sido visto más de 15 000 veces.

Los combates de la guerra en Yemen se habían detenido a mediados de año para coincidir con las negociaciones de paz. Pero las conversaciones se detuvieron a comienzos de agosto y desde ese momento la ciudad de Yara ha sido afectada la mayoría de los días y noches por aviones de combate de una coalición de países árabes liderados por Arabia Saudita. La coalición (apoyada por EE. UU.) está tratando de romper el dominio de los rebeldes en Saná y restaurar al presidente yemenita en el exilio que fue reemplazado por los rebeldes.

En otras partes de Yemen, la guerra se ve diferente. En la ciudad de Taiz, por ejemplo, el mismo grupo rebelde hutí que gobierna la ciudad natal de Yara es visto como el agresor. Arabia Saudita apoya a los combatientes locales que defienden la ciudad contra los hutíes.

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Es difícil, incluso para los yemeníes, comprobar cuáles intereses están siendo útiles para los combates que se han extendido por todo el país. Hasta ahora, cerca de 4 000 civiles han muerto en la guerra. Más de mil de ellos eran niños.

Como muchos residentes de la capital rebelde, Yara culpa a Arabia Saudita por seguir la guerra que ha destruido hospitales, mercados y escuelas.

Ella entrega su mensaje de video en inglés, de esa forma puede alcanzar espectadores en Reino Unido y en los EE. UU. –que, en su opinión, tienen las herramientas para terminar el conflicto.

“Deseo que EE. UU. deje de ayudar [a los sauditas] así la guerra puede terminar”, dijo en una entrevista en Skype desde Saná. “Si los estadounidenses no pueden detener la guerra contra Yemen, quisiera que dejen de ayudar a los sauditas y de venderles armas, así la guerra puede terminar”.

Los EE. UU. han vendido billones de dólares en aviones, armas y servicios de apoyo a Arabia Saudita y otros países del Golfo. Desde el inicio de la campaña de bombardeos en Yemen, personal de EE. UU. ha dado apoyo a los sauditas con información de orientación. Por aire envían tanques para cargar con gasolina los aviones de combate sauditas entre bombardeos. Y ayudan a la marina saudita con el bloqueo de los puertos marítimo-comerciales en la zona costera de Yemen.

Yara, 10 years old, lives in Sanaa. She wants the violence there to stop, now.

Yara, de 10 años, vive en Saná. Quiere que la violencia termine ya.

Yara recuerda cuando empezaron los ataques aéreos la medianoche del 26 de marzo del 2015. Fue la noche antes de que sus compañeros de estudio en la Escuela Británica Saná celebraran el fin del año académico. Recuerda que “Estaba realmente muy emocionada de asistir a la fiesta” recuerda, “pero infortunadamente comenzó la guerra”.

Su escuela no abrió al día siguiente y no lo hizo durante meses.

“Mamá me contó que la guerra contra Yemen había comenzado y que muchísima gente estaba muriendo y que todos habían perdido sus trabajos”, recuerda. “Mi papá también perdió su trabajo”.

Recuerda cómo su familia se adaptó a los bombardeos diurnos –y nocturnos. “Dormimos todos en una pieza en el subterráneo y nuestras mochilas están listas —tienen nuestro dinero e incluso nuestros pasaportes”.

Yara sigue durmiendo en el subterráneo junto a su madre, padre y hermano. Sus mochilas permanecen allí en caso de que la familia necesite irse rápidamente. Pero Yara sabe que hay pocas posibilidades para su familia de escapar de la guerra. La coalición liderada por Arabia Saudita controla el espacio aéreo, los puertos marítimos y la larga frontera de Yemen con Arabia Saudita.

“Realmente lloro todos los días diciendo a mi mamá que realmente quiero que nos vayamos [fuera de Yemen]”, dice Yara, “pero ella me dice, ‘¿Dónde podemos ir? Tu papá no puede trabajar en ningún país porque somos yemenitas’. Y las embajadas están cerradas y no se puede tener visa… y los aeropuertos están cerrados”.

Con el cierre del espacio aéreo de Yemen ha habido pocos vuelos comerciales que lleguen y salgan del aeropuerto de Saná. Los únicos aviones en el cielo de la capital son los aviones de guerra.

Yara dice que “antes de la guerra escuchábamos los aviones y tratábamos de ir a capturarlos. Ahora, cuando los escuchamos vamos a escondernos”.

Yara espera volver a la escuela en octubre para el semestre de otoño.

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