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Tengo la suerte de tener un pasaporte sirio

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Imagen: De dominio público, fuente: Pixabay.

Este artículo es parte de una serie especial de la bloguera y activista Marcell Shehwaro, que describe las realidades de la vida en Siria durante el actual conflicto armado entre fuerzas leales al actual régimen y quienes buscan derrocarlo.

Estimado agente:

Tengo la suerte de tener un pasaporte sirio. Vea, si no fuera por mi pasaporte, la selección aleatoria no me hubiera elegido, por casualidad o por coincidencia, para ser investigada en todos los aeropuertos por los que he pasado.

Si no fuera por mi pasaporte sirio habría pasado como todos los demás, o, para ser más precisa, como la mayoría. Habría pasado sin notar a los desafortunados que son elegidos para ser investigados. Hubiera tenido el privilegio de llegar a destino en un horario conocido de antemano.

¡Imagínese si eso sucediera! Sería como si mi tiempo realmente importara. Si ese fuera el caso definitivamente no habría notado a personas provenientes de países que valen menos según la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Si no fuera por mi pasaporte sirio nunca habría oído esa frase extremadamente amable: “Por favor señorita, ¿podría esperar junto a la pared?”, y no hubiera recordado los castigos escolares de la infancia.

¿Por qué el mundo nos está castigando? ¿No le parece que todas las fronteras deberían abrirse especialmente para nosotros, los sirios, con palabras de disculpa?

“No habría notado cómo nosotros, los sospechosos, somos conducidos con amabilidad extrema a defender nuestra inocencia y denunciar el terrorismo; nosotros, que hemos sido blanco del terrorismo en más oportunidades que ninguno de aquellos que nos investigan al respecto”

Si no fuera por mi pasaporte sirio, no habría notado cómo nosotros, los sospechosos, somos conducidos con amabilidad extrema a defender nuestra inocencia y denunciar el terrorismo; nosotros, que hemos sido blanco del terrorismo en más oportunidades que ninguno de aquellos que nos investigan al respecto.

El verdadero terrorismo vuela hacia ustedes en aviones privados, y con destino a aeródromos privados, después de asesinarnos de manera silenciosa, y ocupa páginas en sus diarios y consigue que sus medios discutan sobre la elegancia de su esposa —la “Rosa del Desierto”.

Su amabilidad, Sr., me mata más que su discriminación. “Sería tan amable….” “Lamentamos retenerla…” “Lamentamos que haya tenido que pasar por esto….” Suenan como los clichés que un hombre le ofrece a una mujer a la que no ama. “No eres tú, soy yo…” Un exceso de cortesía para ocultar una amarga realidad. Para que alguien se sienta bien consigo mismo. Nos envían para ser investigados sin motivos salvo nuestras identidades, pero lo hacen con extrema amabilidad.

Fue pura coincidencia que la mitad de los que esperaban ser investigados levantaron la mano cuando el investigador llamó a “Mohammed”. Fue pura coincidencia, entre tantas otras coincidencias similares.

Por favor, discúlpeme: Estoy obsesionada con la identificación de patrones. Si no fuera por mi pasaporte sirio probablemente no habría notado el patrón recurrente— un patrón recurrente puramente casual, por supuesto.

Me siento allí y espero con los demás. Saco un libro en árabe de Ibrahim Nasrallah, un escritor palestino que habla de la resistencia y el amor. Recuerdo cuando era una activista que luchaba por la libertad y la democracia, participaba en protestas, corría en busca de refugio, y escribía. Miro el libro que tengo en la mano. Ahora mi mayor acto de resistencia es sostener un libro en árabe en un aeropuerto.

Disculpe, señor, si he mencionado lo problemáticos que son para los sirios sus interrogatorios. Vea, algunos hemos vivido experiencias inimaginables durante interrogatorios, así que no nos intimida algo tan educado. Otros tienen tanto miedo a los uniformados que confiesan cosas que ni siquiera conocen. Entonces, ¿qué “verdad” pretende obtener de nosotros?

También le pido perdón, porque mi intención no fue decir “no” con tanto orgullo cuando Ud. me pidió que desbloqueara mi teléfono móvil. Vea, esta solicitud resuena profundamente en nuestra conciencia colectiva como sirios. Esta petición me traslada de nuevo a los puestos de control en mi país, donde negarse a una solicitud de este tipo equivalía a ser asesinado. Le dije: “No” con orgullo porque quería inhalar un poco de su democracia.

¿Usted entiende el significado de que medio millón de mis compatriotas están muriendo en busca de democracia? ¿Lo que significa ser capaz de decir no sin perder la vida?

“Voy a tratar de lucir alegre y feliz en el aeropuerto, pero permítame darle un pequeño consejo: si usted ve un sirio alegre y feliz en un aeropuerto, entonces realmente debería sospechar”

¿Quiere saber el propósito de mi estadía en su país? No lo sé. Vine a hablar de la muerte. Me dicen que soy tan buena hablando de la muerte que algunos de ustedes incluso me aplauden cuando termino mi discurso. He visto tantos restos humanos en Alepo y parece que soy buena para el marketing de esa experiencia en inglés.

Eso es lo que vine a hacer aquí. A buscar aliados a los que pueda convencer de que merecemos menos muerte, y de que tal vez, solo tal vez, el bombardeo de una escuela es una vergüenza para toda la humanidad.

¿Le parece que me veo enojada? ¡Me disculpo! Todavía no domino sus modales. Lucir enojada me hace ver sospechosa, lo sé, y ya sabe lo emocionales que somos. Vea, aún no hemos aprendido a lucir menos enojados mientras todos los aviones del mundo están ayudando a nuestro gobierno a bombardearnos noche y día. Voy a tratar de lucir alegre y feliz en el aeropuerto, pero permítame darle un pequeño consejo: si usted ve un sirio alegre y feliz en un aeropuerto, entonces realmente debería sospechar.

¿Le parezco inquieta? Tal vez es porque no entiendo cómo alguien alguna vez puede responder “Sí” a la pregunta: “¿Es usted miembro de una organización prohibida secreta”.

¡No! ¡No! Todos los grupos pacíficos secretos a los que alguna vez pertenecí fueron destruidos por nuestro régimen, sus miembros fueron desplazados y sus jóvenes murieron torturados. ¿Alguna vez ha usado armas? Una vez le sugerí a un chico que me gustaba que fuéramos a disparar para liberar un poco de rabia, pero él me aconsejó que mejor lo evitáramos, porque no se vería bien en nuestros documentos oficiales como sirios. Pero solo lo sugerí porque me gustaba mucho el chico, y usted sabe cómo el amor nos lleva a hacer tonterías. Pero no tengo intención de acercarme a un arma en mi vida. No señor, no uso armas, odio las armas, en mi casa no entran ni pistolas de agua.

A pesar de todo, tengo la suerte de tener un pasaporte sirio, mientras miles se ven privados de un pasaporte debido a una decisión política. Otros millones, que no son tan buenos para el marketing de la muerte como nosotros, o cuyas historias no son tan emocionantes para el público, no consiguen visas de viaje, por lo que llegan a usted por mar. Algunos de ellos mueren simplemente por llegar hasta usted, entonces, ¿qué son cuatro horas en la sala de espera en comparación?

Tengo suerte de tener mi pasaporte sirio. Imagine—después de todo lo que he pasado, todavía tengo pesadillas en las que pierdo mi pasaporte y me despierto aterrorizada.

Tengo el TOC de controlar mi pasaporte cada cinco minutos cuando viajo. Si lo extraviara, desconozco si alguna de las entidades internacionales interesadas me ayudarían a conseguir otro documento de viaje, en el supuesto de que el adolescente Bashar Al-Asaad se negara a considerarnos ciudadanos y nos castigara por escapar negándonos pasaportes.

Tampoco quiero contribuir a la crisis de refugiados en sus países, Dios no lo permita.

Tengo suerte de tener mi pasaporte. ¿Sería tan amable de devolvérmelo?

Gracias.

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