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Osos hibernando y cooperación bilateral congelada: la nueva relación entre EE. UU. y Rusia

Foto: Flickr / Jim Nix / Editada por Kevin Rothrock

Foto: Flickr / Jim Nix / Editada por Kevin Rothrock

En el debate vicepresidencial de la semana pasada, además de los dedos acusadores y las interrupciones, el candidato republicano Mike Pence recurrió a una inusual tendencia de esta campaña: hablar sobre Rusia. Pence mencionó lo que él denomina un «antiguo proverbio»: «El oso ruso nunca muere, solo hiberna». El dicho pretendía describir la siniestra amenaza rusa a los Estados Unidos.

Por muy impresionante que pueda sonar al oído estadounidense poco instruido, en realidad no existe ese proverbio en la cultura rusa. De hecho, la única mención de esta sentencia procede de una entrevista de Pence para la National Review en 2014. «La historia muestra que las ambiciones del oso ruso nunca mueren, simplemente entran en hibernación», dijo al periodista John Fund.

No obstante, si hay algo que adora la Internet rusa, son los errores, los malentendidos y la gente que se equivoca. Poco después del debate, la portavoz del ministerio ruso de Asuntos Exteriores, Maria Zakharova, se burló de Pence en su página de Facebook. Zakharova, que en tiempos publicaba su propia poesía patriótica en Facebook, escribió en inglés:

¡¡Atención!! Hoy salgo de la hibernación.
¡Hola, gente! Soy el inmortal oso ruso que nunca muere, sino que hiberna de vez en cuando. No estoy sola. Hay montones de osos rusos como yo. Incluso estoy casada con uno de ellos y tenemos una esponjosa hija osita. Como miel e intento ser graciosa. ¡Y les amo con todo mi corazón de oso ruso!

Aunque el «proverbio ruso» parece ser una invención de Pence, aun así refleja la creciente tensión entre Washington y Moscú. Después de una inicial confusión a finales de setiembre sobre quién bombardeó un convoy de Naciones Unidas que llevaba ayuda humanitaria a la ciudad siria sitiada de Alepo, los oficiales occidentales afirmaron que las pruebas apuntan a las fuerzas armadas rusas.

Con 20 muertes confirmadas y numerosos voluntarios y civiles en condiciones críticas, el oficial de la ONU Jens Laerke afirma que este acto puede ser considerado un crimen de guerra. Un coordinador del equipo de Ayuda de Emergencia de las Naciones Unidas confirmó que sería un crimen de guerra si pudiera establecerse que el ataque a los trabajadores humanitarios fue deliberado.

Desde el ataque, se han suspendido todos los convoyes de la ONU a Siria.

En las semanas posteriores al bombardeo, Moscú negó vehementemente su responsabilidad, y llegó a acusar a EE. UU. de perpetrar el ataque, declarando que la inteligencia rusa localizó un dron Predator estadounidense en Alepo minutos antes del ataque.

No obstante, el equipo de investigación de código abierto «Bellingcat» reveló más pruebas que apuntan a la intervención de Rusia en los ataques. Entre los escombros, los cooperantes descubrieron restos de una OFAB-250-270, una bomba rusa no guiada. Según Bellingcat, «está muy documentado que esta bomba se ha utilizado en ataques aéreos sirios y rusos en Siria. Los aviones de la OTAN no usan estas bombas, y en particular drones como el Predator».

Después de que oficiales de Washington hablaran abiertamente de investigar a Rusia y a Siria por crímenes de guerra, el presidente Vladimir Putin suspendió el acuerdo sobre eliminación de Plutonio firmado hace más de una década. Después, el 5 de octubre, Putin canceló otro acuerdo con EE. UU. de cooperación en investigación nuclear y energética.

El Kremlin dice que retomaría los acuerdos de cooperación en materia nuclear si Estados Unidos acepta una serie de condiciones, entre ellas el fin de las sanciones económicas a Rusia por su intervención militar en Ucrania, el pago de una compensación por el daño que han hecho las sanciones a las empresas rusas, y la reducción de la presencia de tropas estadounidenses en países de la OTAN fronterizos con Rusia.

Según Moscú, suspender estos acuerdos era una respuesta necesaria a los «actos poco amistosos» por parte de Estados Unidos. El Kremlin archivó su primer acuerdo en materia nuclear solo horas antes de que la Casa Blanca anunciara que suspendía todas las conversaciones con Rusia para un alto el fuego en la guerra de Siria. No obstante, EE. UU. y Rusia seguirán comunicándose los ataques aéreos contra posiciones de Daesh en la zona para evitar coincidencias o choques accidentales.

«La administración de Obama ha hecho todo lo posible por destruir la atmósfera de confianza que podría haber estimulado la cooperación», dijo el ministro ruso de Exteriores en una declaración oficial sobre la suspensión del tratado. «Queremos que Washington comprenda que no puede introducir sanciones contra nosotros con poco perjuicio para los estadounidenses con una mano, y con la otra continuar una cooperación selectiva en las áreas que le interesan».

Alexey Pushkov, senador de la Asamblea de la Federación Rusa y exjefe del Comité Estatal de la Duma para Asuntos Exteriores, escribió en Twitter que la confianza en Estados Unidos se terminó hace mucho tiempo:

Ayer, en televisión, propuse que no discutiéramos nunca más sobre las «buenas intenciones» y la reputada inocencia de los Estados Unidos. Se fueron hace mucho tiempo y para siempre.

Miembros de la oposición contra el Kremlin, que suele criticar al gobierno por echar la culpa de los problemas domésticos a Estados Unidos, encuentran gracioso que Moscú exija ahora compensaciones por las sanciones de occidente, cuando los funcionarios llevan años insistiendo que en realidad han sido una auténtica bendición para la economía rusa.

Alexey Navalny, el activista anticorrupción que organizó una impresionante campaña por la alcaldía de Moscú hace tres años, cuestionó las pretensiones del Kremlin:

Putin pide compensación por las sanciones de EE. UU. ¡Que asombroso! Los expertos llevan dos años diciendo en televisión que esas sanciones solo han producido beneficios.

Arkady Babchenko, periodista de la oposición y veterano de la guerra de Chechenia, bromeó de forma parecida, recordando las camisetas que han estado de moda estos últimos dos años, con imágenes de material militar ruso y la leyenda «¿Sanciones? ¡No hagas reír a mis Iskander (misiles)!». En vista de los actuales esfuerzos de Moscú por recuperar las pérdidas causadas por las «risibles» sanciones, ahora son las camisetas ─y no las sanciones─ las que parecen ridículas.

Putin exige una compensación de EE. UU. por las pérdidas ocasionadas por las sanciones, entre ellas las «pérdidas derivadas de la introducción de contrasanciones necesarias». Bueno, ¿ya se han reído? ¡Buenas noches!

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