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Cincuenta años después, recrean en Texas una huelga de granjeros que apenas se menciona en los libros de historia

On September 9, 2016, Graciela Trevino marched in Edinburg, Texas to celebrate a 1966 farm worker strike. She also participated 50 years ago, when she walked from Rio Grande City to Austin, Texas to demand fair wages. Credit: Courtesy of the City of Edinburg

El 9 de setiembre del 2016, Graciela Trevino se manifestó en Edinburgo, Texas para conmemorar una huelga de granjeros de 1966. Ella también participó hace cincuenta años recorriendo el camino desde Río Grande hasta Austin, Texas para exigir unos salarios justos. Fuente: Cortesía de la ciudad de Edinburgo.

Este artículo, escrito por Reynaldo Leanos Jr, se publicó originalmente en PRI.org el 26 de setiembre del 2016. Se republica aquí conforme a un acuerdo de intercambio de contenidos.

En el verano de 1966, cientos de granjeros de Texas recorrieron el trayecto que hay desde Río Grande hasta Austin —casi ochocientos kilómetros en 90 días— para exigir un cambio.

No estaban pidiendo ningún capricho, solo mejores salarios, servicios higiénicos y agua no contaminada para los agricultores que cultivaban y recogían melones y otros cultivos.

Ahora cincuenta años más tarde, más de cien personas — algunas de las que participaron en la huelga original del condado de Starr—  se manifiestan otra vez.  A principios de setiembre, volvieron a recrear el acontecimiento que ahora se conoce como «la huelga del melón». Fue un acontecimiento crucial de la historia texana que apenas se menciona en los libros de historia.

Pero, este año, los manifestantes de la huelga del melón rememoran lo que ocurrió. Gritaban a su paso: «¡Si se puede!, ¡Si se puede! ¡Qué viva las huelguistas!». Y en inglés: «Yes we can! Long live the strike! [“¡Sí se puede! ¡Viva la huelga!”].

Daria Vera, de 70 años, era uno de ellos. Vera empezó a trabajar en los campos del valle de Río Grande cuando tenía 8 años.

Eugene Nelson, miembro de la National Farm Workers’ Association [“Asociación nacional de granjeros”], ahora conocida como la United Farm Workers [“Unión de granjeros”], ayudó a organizar la huelga de 1966. Por esa época, otros granjeros de California también pedían mejores condiciones de trabajo. Los líderes sindicales y activistas por los derechos civiles estadounidenses, César Chávez y Dolores Huerta, boicotearon a la industria de la uva.

Vera y otros también se manifestaron contra los principales productores del condado de Starr en 1966. Ella dice que las condiciones que soportó eran terribles.

Daria Vera marched in Texas in 1966 for better working conditions. She wants people to remember that, at the time, people would say that Mexican Americans were lazy and didn’t want to work. They were fighting that stigma, too. Credit: Walter P. Reuther Library, Archives of Labor and Urban Affairs, Wayne State University

Daria Vera se manifestó en Texas en 1966 para lograr mejores condiciones de trabajo. Ella quiere que la gente recuerde que, en aquel tiempo, la gente comentaba que los méxico-estadounidenses eran vagos y no querían trabajar. Ellos lidiaron con ese estigma también. Fuente: Biblioteca Walter P. Reuther, Archivos de asuntos laborales y urbanos, Universidad Estatal de Wayne.

«Pasaba una avioneta y dejaba caer los pesticidas que iban a parar al canal. De ahí sacaban el agua que nos daban para beber», dice ella.

Por aquel entonces, ganaban 40 céntimos al día. Ellos pedían 1,25 dólares. La huelga terminó un año después, pero no se consiguió aprobar el salario mínimo de 1,25 dólares a escala estatal.

Maritza De La Trinidad es una profesora asociada de Estudios méxico-estadounidenses de la Universidad de Texas del Valle de Río Grande. Afirma que la historia méxico-estadounidense no suele estar muy bien documentada; y la huelga del melón no es una excepción.

«Hay una falta de documentación y de fuentes escritas», afirma De La Trinidad. «No han dejado ninguna constancia de sus historias personales, cartas, diarios o cualquier tipo de material autobiográfico».

Ella ha revisado muchos libros de historia estadounidense para las editoriales que desean utilizar sus publicaciones y las de otras personas en las clases. Asegura que muchos no son demasiado inclusivos.

«Existen escasos contenidos sobre los méxico-estadounidense y sobre cómo las personas de origen mexicano han contribuido en la creación de Estados Unidos, especialmente del sudoeste», afirma ella.

De La Trinidad dice que algunos libros de texto son mejores que otros; pero, por lo general, la falta de historia méxico-estadounidense hace que las nuevas generaciones crezcan sin conocer sus raíces.

Este semestre, una de sus clases de universidad se centra en cómo solucionar el problema. Están recopilando los testimonios orales de las personas que participaron en la huelga de 1966, de personas como Vera. De La Trinidad cuenta que los manifestantes originales desean compartir sus historias.

«Quieren que su historia se conozca, no solo por las personas del valle del Río Grande, sino que esta historia se encuentre en los planes de estudio», añade.

De La Trinidad espera que el proyecto tenga potencial.

«Por supuesto, me gustaría que se publicaran artículos sobre varios aspectos de la huelga y posiblemente un libro», dice ella. «Podemos reunir toda la cantidad de historias e información de las que disponemos, pero será un proceso largo».

Arnulfo Daniel Segovia creció en el valle de Río Grande y ahora es estudiante de posgrado en el campus de la Universidad de Texas. Él también contribuirá a documentar las historias de la huelga del melón. Asegura que nunca oyó hablar de este acontecimiento histórico cuando era joven.

«Por ello, es aún más urgente que dejemos constancia de todo este material, que nos pongamos manos a la obra y que empecemos a allanar el terreno a las futuras generaciones», declara Segovia.

Vera quiere que todo el mundo recuerde la época en que los granjeros empezaron a luchar por sus derechos porque, en aquel tiempo, la gente comentaba que los méxico-estadounidenses eran vagos y no querían trabajar. Ella sabe que eso no es verdad, ella solo quería ganar un sueldo decente.

Some of the original strikers and marchers from the Rio Grande Valley gather on stage before addressing the audience about some of their experiences during 1966. Credit: Reynaldo Leanos Jr./PRI

Algunos de los huelguistas y manifestantes originales del valle del Río Grande se reúnen en el escenario antes de relatar al público algunas de sus experiencias durante 1966. Fuente: Reynaldo Leanos Jr./PRI.

«Solía decir: “podrán matarnos, hacernos daño o lo que quieran, pero nunca dejaremos de luchar por nuestros derechos”», sostiene Vera.

Después de que empezara la huelga, Vera junto con otros 14 hombres y una mujer de California hicieron una barrera humana para bloquear el puente internacional de Roma, Texas; con el fin de evitar que los productores trajeran a otros trabajadores de México para ocupar el puesto de los huelguistas, pero vino la policía y arrestaron a los hombres.

«Le pedimos a las otras mujeres que vinieran a ayudarnos, pero nos dijeron que tenían miedo. Así que les dije que se fueran a casa, ¿qué iban a hacer ahí?», dice Vera. «Le dije a la mujer de California: “vamos a bloquear el puente, tú y yo. Esto no acaba aquí”. Así que nos tumbamos en el suelo y bloqueamos el puente».

Vera y la mujer de California también fueron arrestadas, aunque luego las liberaron. Vera dice que nunca tuvo miedo y sabía que la labor que estaba haciendo era importante para la igualdad de los derechos de los granjeros.

«Quería hacer lo que hacía César Chávez», asegura ella. «Estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para ayudar a la gente».

Ahora los granjeros trabajan con plaguicidas controlados, tienen acceso a agua limpia, y tienen derecho a una indemnización y a otras condiciones que no existían hace cincuenta años. No obstante, Juanita Valdez-Cox, directora ejecutiva de La Unión Del Pueblo Entero (fundada por César Chávez), afirma que esto no siempre se cumple.

«Todavía nos llegan historias de trabajadores que no cobran un salario digno», dice Valdez-Cox. «Algunas de las condiciones de trabajo han cambiado, pero todavía queda mucho por hacer».

Valdez-Cox dice que la conmemoración sirve para recordar a todos aquellos que se revelaron contra las injusticias para que no volvieran a ocurrir. Ella sostiene que, ahora, es especialmente importante por la retórica hostil hacia los méxico-estadounidenses en el actual periodo electoral de las presidenciales de Estados Unidos.

«Al parecer el racismo está vivo y coleando en algunos candidatos políticos», afirma Valdez-Cox. «Estamos pasando tiempos difíciles por los comentarios críticos que los candidatos están profiriendo contra los méxico-estadounidenses.

Valdez-Cox dice que espera que la conmemoración permita que las nuevas generaciones sepan que todavía queda mucho trabajo por hacer, tanto en las granjas como fuera de ellas. Según ella, los derechos de los trabajadores, la reforma de la inmigración, mejores condiciones en las colonias (asentamientos irregulares), programas de ayuda a los deportados son cuestiones que debemos abordar hoy en día.

«Cuando llegue noviembre, es muy importante asegurar la participación de los jóvenes, que voten, porque ahora mismo el racismo está vivo y coleando; por ello, debemos combatirlo».

La lucha valió la pena para todos aquellos que recrearon la huelga del melón.

La huelga de 1966 terminó un año después, sin conseguir exactamente sus objetivos. Sin embargo, Valdez-Cox dice que la huelga y la manifestación permitieron que se ganara el respeto por los granjeros.

«Queremos que la gente joven sepa que nuestros padres y abuelos allanaron el terreno a muchos méxico-estadounidenses que vendrían después», afirma Valdez-Cox.

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