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Exprisionero de Guantánamo arriesga la vida en huelga de hambre para reunirse con su familia

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Jihad Diyab durante una entrevista en Montevideo. YouTube.

Jihad Diyab deberá usar muletas el resto de su vida —un recordatorio frecuente de la tortura que soportó durante 12 años, ocho meses y siete días como prisionero en la Bahía de Guantánamo, donde el ejército estadounidense dirige una prisión para detener a presuntos criminales de guerra indefinidamente y sin juicio.

Con 45 años ahora, Diyab sufrió daño permanente en la espalda mientras estaba a cargo del gobierno de Estados Unidos. En una entrevista llevada a cabo este año en Uruguay, le dijo a un periodista argentino que Guantánamo acosa también a los prisioneros que tienen la suerte de salir. Dice que los que salen “siguen siendo prisioneros de Estados Unidos afuera”.

Diyab es uno de los seis prisioneros de Guantánamo (cuatro sirios, un palestino y un tunecino) que salieron en libertad y fueron recibidos en Uruguay en diciembre del 2014, gracias a un acuerdo entre el presidente estadounidense Barack Obama y el entonces presidente uruguayo José “Pepe” Mujica.

Luego de una fallida campaña para reunirse con su familia, que huyó de Siria a Turquía, Diyab se declaró en huelga de hambre a mediados de agosto. El 15 de setiembre, contó a la BBC que culpaba a los gobierno de Uruguay y de Estados Unidos por su situación.

Mi situación de salud está muy precaria, estoy mal, mi energía está muy baja y yo responsabilizo personalmente al gobierno de EE.UU. y también al de Uruguay si yo muero.

A fines de setiembre, tras recibir la garantía de que su familia estaba a salvo en Turquía, retomó una dieta líquida.

Diyab llegó a los titulares en junio, cuando huyó de Uruguay por la frontera hacia Brasil. Los medios uruguayos lo calificaron de “desagradecido” “rebelde” por salir del país que lo acogió al dejar su cautiverio estadounidense, Después de un mes de incertidumbre sobre su paradero, Diyab apareció en Caracas, Venezuela, donde estuvo detenido durante 17 días y luego fue deportado de vuelta a Montevideo.

Las circunstancias de la deportación de Diyab siguen sin estar claras. Aunque los funcionarios han sostenido que los exprisioneros de Guantánamo son ahora “hombres libres”, la realidad ha sido algo diferente.

Según el periódico Brecha, aparentemente Uruguay estuvo de acuerdo en solicitar que los prisioneros puestos en libertad permanecieran en el país dos años antes de salir al extranjero, aunque los principales funcionarios uruguayos inicialmente negaron que habían aceptado esta condición.

Cualquiera haya sido el pacto que Uruguay hizo con Washington, queda el hecho de que a los prisioneros liberados de Guantánamo solamente se les ha expedido cédulas de ciudadanía uruguayas, que no son válidas para viajar al extranjero.

Hoy, la opinión pública sobre los exprisioneros de Guantánamo ha cambiado, y hasta el expresidente uruguayo que negoció la liberación de prisioneros dice ahora que recibir a los hombres fue simplemente el precio que su país debía pagar para seguir “vendiendo naranjas a Estados Unidos” y mantener buenos vínculos.

La protesta de los prisioneros

Four of the Six of Guantanamo protest in front of the US Embassy, in Uruguay | Photo: Reproduction/YouTube

Cuatro de los “Seis de Guantánamo” protestan frente a la Embajada de Estados Unidos en Uruguay. YouTube.

Cinco meses después de su llegada a Uruguay, cuatro de los “Seis de Guantánamo” realizaron una protesta frente a la Embajada de Estados Unidos en Montevideo. Diyab no estaba. Los hombres se reunieron tras enterarse de que Washington se negaba a darles asistencia financiera.

En un blog en el que escriben, los hombres dicen que fueron abandonados en un país extranjero sin empleo, sin su familia y sin saber hablar el idioma local. Por esto, y por los 13 años que pasaron encerrados sin ser acusados, merecen ayuda del gobierno responsable. En abril expresaron:

They [the U.S.] should provide us with the means to live as normal human beings. They can’t just throw the mistakes on others, they should help us with houses and financial support. We are not asking the impossible from them they detained us for 13 years and they should help form some years to come. We think that this is the least they could do or we can ask for.

[Estados Unidos] debería brindarnos los medios para vivir como seres humanos normales. No pueden simplemente arrojar los errores sobre otros, deberían ayudarnos con casas y ayuda financiera. No les estamos pidiendo nada al imposible, nos tuvieron detenidos 13 años y deberian ayudarnos en los años por venir. Creemos que es lo menos que pueden hacer o que podemos pedir.

En un documental sobre la vida de Jihad Diyab en Uruguay, la revista Anfibia dice que el acuerdo que garantizó su liberación en realidad era un acuerdo “informal” con Estados Unidos. En otras palabras, no hay documentos oficiales que establezcan los derechos de los exprisioneros. La única hoja de papel formal que es aplicable a los prisioneros es una carta firmada por el Secretario de Estado estadounidense, John Kerry, que enumera los nombres de los seis prisioneros y que dice “no hay información de que estuvieran implicados o llevaran a cabo actividades terroristas contra Estados Unidos o sus aliados”.

El documental de Anfibia también examina la vida de otros exprisioneros de Guantánamo que se han fijado su residencia en Europa y África, donde muchos enfrentan problemas similares. Uno de ellos, que ahora vive en Eslovaquia, dijo a la revista: “Esto no es libertad. Seguimos detenidos. Salí de Guantánamo, pero sigue dentro de mí —todo el tiempo”. Otro prisionero en la película llamó a su vida después de la prisión “un segundo Guantánamo”.

Desde abril, todos los exprisioneros en Uruguay menos Diyab firmaron un acuerdo con el Servicio Ecuménico para la Dignidad Humana (SEDHU) para recibir apoyo financiero. Diyab se negó a firmar, dice que discrepa con los términos, que incluyen vivienda y fondos para dos años. Diyab dice que las lesiones de su espalda le impiden trabajar, y sostiene que la ayuda financiera ofrecida no es suficiente para sostenerse, menos aun a su familia.

Diyab fue el único de los seis prisioneros que entró a Guantánamo con su esposa y sus hijos. Del grupo, solamente él dice que quiere salir de Uruguay hacia un país árabe, donde espera instalarse con su familia.

Entonces, ¿ahora a dónde?

El siguiente desafío que enfrenta Diyab es encontrar un nuevo hogar. En una entrevista con el periódico independiente La Diaria, la senadora Lucía Topolansky —que estuvo presa durante la dictadura de Uruguay— prometió que el gobierno está buscando una solución:

Lo que hay que hacer es buscar un país que lo quiera. Y ese no es un problema de Uruguay ni tampoco de él, es un problema del mundo.

En setiembre, el gobierno de Uruguay dio a conocer la confirmación de que está buscando un país que desee recibir a Diyab y su familia. Los funcionarios dicen que están haciendo todo lo posible y piden a Diyab que ponga fin a su huelga de hambre “para respetar el principio de la vida”.

Sin embargo, las negociaciones han avanzado poco.

Según Gitmo Files [Archivos de Guantánamo] de WikiLeaks, Diyab —hijo de padre sirio y madre argentina— se ganó la vida como camionero durante muchos años en Siria. Cuando la policía paquistaní lo arrestó en Lahore en el 2002, vivía en un departamento mantenido por el Talibán y vendía miel para sostener a su familia.

Los archivos vinculan a Diyab con miembros de al-Qaeda, lo identifican como de “alto riesgo”, “alta inteligencia” y una “amenaza para Estados Unidos”. Era presuntamente responsable por falsificar documentos y pasaportes para la organización terrorista. Estados Unidos lo mantuvo detenido durante más de una década aunque nunca fue acusado formalmente de ningún delito. Diyab niega todas las acusaciones.

Quienes apoyan a Diyab administran una página de Facebook y una petición en Avaaz pidiendo a los gobiernos que den “pasos inmediatos para que se reúna con su familia en un pais que pueda ofrecerle reunificación familiar”. Mientras tanto, repitiendo lo que ha hecho durante 13 años en prisión, Diyab espera. En una entrevista con CNN, declaró:

Yo no quería hacer esta huelga de hambre pero me cerraron las puertas y me dejaron sin solución y es el único camino que encontré.

A mediados de octubre, luego de 54 días de huelga de hambre, a Diyab lo diagnosticaron con “coma superficial”. Según el periódico La Diaria, tiene suscrito un documento donde se negaba a recibir intervención médica “aunque su vida estuviera en peligro”, pero luego aceptó alimentación intravenosa. El doctor que atiende a Diyab dice que su salud actual es “crítica” y con “alto riesgo de muerte súbita”. Además de su deteriorada condición, su abogado y mediador ante el gobierno uruguayo acaba de dejar su caso.

No obstante, la huelga de hambre continúa mientras Diyab espera una respuesta a su pedido.

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