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Islandia está tratando de elegir políticos que “sepan para quién trabajan”

The Kitchenware-Revolution in Iceland was organize by Hördur Torfason and "Raddir Fólksins". It started in the wake of the collapse of the banking system followed by the decimation of Icelandic economy in the beginning of October 2008. It resulted in the resignation of Geir H. Haarde and his cabinet on January 26. 2009. The protest meetings were held every Saturday at the Austurvöllur square in front of Alþingishús - the Icelandic parliament house. The first meeting (week 1) was dated Saturday 11. October 2008. The 16th meeting dated January 24. 2009 By OddurBen (Own work) [CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0) or GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html)], via Wikimedia Commons

Islandeses protestan en enero del 2009 durante la “Revolución de Ollas y Sartenes”. Foto: OddurBen (Own work) (CC BY-SA 3.0) vía Wikimedia Commons.

Por Lessig

Estoy en Islandia en este periodo —sabático, con mi familia, dándoles a mis hijos una sensación de Estados Unidos, escribiendo motones de cosas legales— y viendo avecinarse una asombrosa batalla política en las próximas elecciones parlamentarias (29 de octubre). Resulta que la democracia tiene problemas en todas partres —salvo que aquí, un extraordinario movimiento ciudadano está haciendo algo al respecto.

Algunos antecedentes: recordarán la crisis financiera del 2008. Esa crisis golpeó duramente a Islandia. Tanto que decenas de miles marcharon contra el Parlamento golpeando ollas y sartenes (se le conoció como la “Revolución de Ollas y Sartenes”) exigiendo un cambio.

Algunos vincularon la crisis a un fracaso en la Constitución de Islandia. Y respondieron al fracaso con un proceso para convocar a un nuevo fracaso. Al comienzo, el proceso no estaba conectado con el gobierno. Pero luego el Parlamento aceptó el movimiento, y le dio forma. Mil personas (elegidas al azar) identificarían los valores de la nueva Constitución. Luego se elegiría un consejo constitucional para redactar una constitución basada en esos valores.

Más de 500 cuidadanos postularon. Veinticinco fueron elegidos. Y durante cuatro meses, trabajaron para redactar una nueva constitución —en público, con publicaciones de su versión en Facebook, y con comentarios de todo el mundo. Luego, el Parlamento sometió el texto a una votación (no vinculante, donde preguntaban si debería haber una nueva constitución, “basada en” el borrador del Consejo). Hace cuatro años, más de dos tercios de los votantes aprobaron el borrador (Blueberry Soup es un documental maravilloso sobre el proceso).

Y entonces, sorprendentemente, el Parlamento no hizo nada. El proyecto para adoptar una constitución “basada en” el borrador se detuvo. Todos (en el Parlamento, por lo menos) parecieron olvidarlo.

Pero cuando estalló el escándalo de los Panama Papers, y el Primer Ministro renunció, el pueblo de Islandia recordó que todavía había un gobierno que arreglar. Y entonces, un asombroso movimiento ciudadano en Islandia empezó a desarrollarse, para presionar en el centro de estas elecciones.

He podido ver desarrollarse este movimiento. Y como demócrata del tipo “arreglen la democracia primero”, lo he visto con gran admiración (y un poco de celos). Ninguno de los líderes de este movimiento es político. Hay héroes políticos también, como Birgitta Jónsdóttir del Partido Pirata, y Katrin Jakobsdóttir de los Verdes de Izquierda, pero los verdaderos activistas aquí no son personas que postulen a algo. Son solamente ciudadanos que tratan de tener un gobierno que sepa para quién trabaja —porque luego de cuatro años de ignorar un referéndum, aparentemente es una pregunta abierta.

Hace pocos días lanzaron una campaña en medios sociales para enmarcar las elecciones en torno a este asunto. El mensaje de la campaña es una astuta nueva versión de un conocido meme: “¿Pueden [en el Parlamento] escucharnos [al pueblo] ahora?” Cuatro videos (dos en inglés, dos en islandés) fijaron los términos del debate, además los primeros dos de diez (en islandés) analizan los diez principales problemas que la nueva constitución resolverá. Estas son las versiones en inglés.

“En 2012, el pueblo de Islandia le dijo a su Parlamento que promulgara una nueva Constitución. El pueblo hasta redactó colaborativamente una constitución como punto de partida. Durante cuatro años, el Parlamento de Islandia ha ignorado lo que su pueblo dijo. Necesitamos que el Parlamento nos escuche. Necesitamos que el Parlamento nos respete. Ayúdanos a congregar a Islandia para que vote por partidos que escuchen. A nosotros.
Dona en canyouhearus.is”.
Mientras tanto, la mujer del video intenta dejarle un mensaje telefónico al gobierno sin lograrlo.

En este video, diferentes personas cuentan una historia que empezó hace ocho años con la crisis financiera que trajo un fracaso en su democracia y cómo eso motivó a los islandeses a iniciar el proceos de redacción colaborativa de su constitución. Y explican el proceso que usaron para esa redacción y que la mayoría aprobó ese texto, pero que el Parlamento no hizo nada. Expresan su descontento porque el gobierno ignora al pueblo, pero que quieren cambiar esa situación. Tal vez su texto no sea perfecto, pero es lo que los islandeses quieren para su nueva constitución. Y hacen una sola pregunta: “¿Nos escuchan ahora?”

Concluyen: “Ayúdanos a congregar a Islandia para que vote por partidos que escuchen. A nosotros”.

La campaña pide a los votantes — “de izquierda o derecha”— que voten solamente por partidos que se comprometan a “hacer que la ratificación de una nueva Constitución basada en el texto del consejo constitucional sea una prioridad para el próximo parliamento”. Hasta ahora, los cuatro principales partidos de oposición han hecho ese compromiso —el Partido Pirata, Movimiento de Izquierda Verde, el Partido Socialdemócrata y el partido Futuro Brillante. Hay una gran opción de que estos cuatro partidos constituyan mayoría en el nuevo Parlamento.

Y si este movimiento tiene éxito, tiene un potencial poderoso —en Islandia e internacionalmente. La Sociedad de la Constitución Islandesa (que maneja la campaña) ha prometido gastar el dinero que recauden en unir a Islandia en esta causa. Pero lo que se recaude además de lo necesario irá para trabajo a favor de la democracia internacionalmente.

¿Imaginan el marco de esta campaña  — ¿Pueden escucharnos?— aplicado a democracias en todo el mundo? (Ya he reservado CanYouHearUs.US). Mi parte favorita del anuncio más largo: “Aunque somos locales, la democracia es global. Enseñémosles qué significa eso”.

Esta sería una victoria excepcional para una reforma democrática en este ciclo electoral —y que podría inspirar a muchos en otros lugares.

A mí ya me inspiró.

Lawrence Lessig es un académico, abogado y activista político estadounidense. Una versión de este artículo fue publicada anteriormente en Medium. Esta versión editada se publica con licencia Attribution 4.0 International (CC BY 4.0).

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