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Lo que vio un ruso de viaje por la ruta de la campaña electoral estadounidense

Foto de Ilya Varlamov, utilizada con su autoización

Foto de Ilya Varlamov, utilizada con su autorización

Desde que los servidores del Comité Demócrata Nacional fueron pirateados, los medios estadounidenses no han dejado de especular sobre qué influencia podría estar ejerciendo el Kremlin en la carrera presidencial americana. Prácticamente a diario se publican artículos que denuncian las interferencias de Rusia en las elecciones, o la afinidad del candidato republicano, Donald Trump, con el presidente ruso, Vladimir Putin. Este otoño, Rusia se ha convertido en un tema candente, algo inaudito desde los tiempos de la Guerra Fría.

El Kremlin ha negado todas las acusaciones, al tiempo que las relaciones bilaterales entre Moscú y Washington se tensan cada día más. Esta misma semana, Rusia suspendió un acuerdo con Estados Unidos para eliminar plutonio enriquecido con fines armamentísticos, aduciendo condiciones geopolíticas importantes que según el Kremlin, deben satisfacerse antes de que el acuerdo vuelva a entrar en vigor. Horas después, la Casa Blanca hacía efectivas las amenazas que había lanzado el día anterior, suspendiendo todas las conversaciones bilaterales con Rusia sobre Siria, conflicto en el que ambos países desarrollan una fuerte actividad bélica, tomando parte en los bombardeos y ayudando a las fuerzas terrestres en esa larga y sangrienta guerra.

Pero al igual que Casa Blanca es una simple metonimia que representa al gobierno de Estados Unidos, el Kremlin no es lo mismo que los rusos ordinarios, muchos de los cuales están tremendamente interesados en la carrera presidencial americana.

Ilya Varlamov es uno de los más populares fotógrafos y blogueros en activo actualmente en la Internet rusa. El mes pasado, viajó a través de Estados Unidos, capturando imágenes que, en su opinión, podrían interesar a los lectores de su país.

Así que para que los lectores en otros idiomas pudieran ver lo que llamó la atención de este visitante ruso, Christopher Moldes, de RuNet Echo, se puso en contacto con Varlamov, quien concedió su permiso para traducir el diario de su viaje por las elecciones americanas y publicar sus fotos.

Elecciones americanas: Los candidatos son… bueno, estos tipos
Por Ilya Varlamov

Los americanos se ven en una situación tan complicada que hasta a mí me están comenzando a dar un poco de lástima. Imaginen: las elecciones presidenciales se aproximan a toda velocidad ¡y no hay nadie a quien elegir! Es como si a ustedes les dieran a escoger entre Zyuganov [jefe del Partido Comunista Ruso] y Zhirinovsky [jefe del Partido Demócrata Liberal de Rusia]. Es espantoso pensarlo, pero es lo que los americanos se han hecho a sí mismos.

Por un lado está Clinton, la madura señora de la que todo el mundo está harto, que se desmaya de vez en cuando, y que se va a morir en cualquier momento. Por el otro lado está Trump, el delirante payaso que ha hecho un espectáculo de las elecciones, que escupe todo tipo de estupideces y que se burla abiertamente de todo el mundo. Y te preguntas ¿a quién se puede votar?

Le he pedido a Leva, un colega bloguero que vive en Nueva York desde hace 26 años y sigue de cerca la situación, que me diera su opinión. Leva tiene intención de votar por Clinton:

«Cuando Varlamov me contó que en Rusia la campaña electoral dura alrededor de un mes, ¡casi me atraganto! Nada que ver con los Estados Unidos. Aquí, las elecciones presidenciales han estado en marcha prácticamente todo el año 2016, y las primarias se remontan al verano de 2015. Y es así como debe ser: no hay prisa cuando se trata de elegir a la persona a la que se culpará de todos los problemas del mundo durante los próximos cuatro años, de las carreteras en mal estado a cualquier cosa que se les ocurra a los revolucionarios ucranianos».

Ahora ya estamos a pocas semanas de las elecciones, y todo el mundo conoce a los dos principales contendientes en este juego de tronos. Está Hillary Clinton por el Partido Demócrata y Donald Trump por el Partido Republicano. Ambos obtuvieron el respaldo de sus respectivos partidos tras un largo proceso de elecciones primarias.

Hillary es una candidata totalmente convencional. Yo diría que es incluso aburrida. Hasta 2000, su carrera política consistió en ser la esposa de Bill Clinton, que fue elegido primero gobernador del estado de Arkansas, y después presidente de EE.UU. Como primera dama, recibió severas críticas por sus intentos de desempeñar un papel activo en el desarrollo de la reforma sanitaria, que en esa época se había desmoronado.

Hacia el final del segundo mandato de su marido, Hillary fue elegida senadora por el estado de Nueva York, y en 2006 ganó con facilidad una segunda elección. En 2008 se presentó a las primarias del Partido Demócrata, pero perdió frente al joven y carismático Obama, que después de su cómoda victoria le ofreció un puesto en su gobierno como Secretaria de Estado. Hillary se tragó su orgullo y lo aceptó. Se dice que fue en ese momento cuando Obama y su equipo desarrollaron un profundo respeto por Hillary.

Clinton lleva 25 años en la palestra, y en este tiempo ha conseguido hacerse un buen puñado de enemigos, aunque incluso ellos admiten que la senadora es una persona que realmente se compromete a la hora de lograr sus objetivos. Está extremadamente bien informada sobre política nacional e internacional, entiende bastante de economía y nunca se queda sin palabras.

Durante sus años en la política, Hillary se las ha tenido que ver con un considerable montón de porquería, y aunque ninguno de los numerosos escándalos en los que se ha visto mezclada ha expuesto infracciones importantes, siempre quedan «escombros».

Pero el principal problema de Clinton es su escaso carisma. Las cualidades que pueden hacer de ella una buena presidenta, la convierten al mismo tiempo en una candidata poco atractiva: es demasiado complaciente, se centra demasiado en los detalles, es excesivamente meticulosa y detallada en sus explicaciones.

La mayoría de los votantes de Clinton son adultos moderados y liberales. Ella no es capaz de inspirar a los jóvenes idealistas, como lo era su principal adversario en las primarias, Bernie Sanders. La gran esperanza de su equipo es que todos esos jóvenes voten por ella en Noviembre, aunque solo sea para evitar la victoria de Trump. Esta es exactamente la razón por la que el 80% de la gente que conozco piensa votarle.

Y esto es porque, al contrario que Clinton, la candidatura de Trump es cualquier cosa menos tradicional. Su victoria en las primarias republicanas casi rompió el partido en dos. Muchos de los políticos republicanos de más renombre lo han apoyado solo a regañadientes, y unos cuantos han decidido no llegar ni a eso.

La cosa es que Trump no es de ninguna manera un republicano en el sentido habitual. Es un hombre de negocios que hizo su fortuna en el sector inmobiliario, y hasta estas elecciones, nunca había participado en la política. Y, a diferencia de los políticos, no duda en prometer tonterías imposibles que su electorado se traga encantado. En esto, Trump es como Zhirinovsky: ambos actúan de tal forma que nadie da importancia a sus palabras.

En el curso de esta campaña, Trump ha hecho montones de promesas poco realista, la más célebre de las cuales ha sido la de construir un muro en la frontera mexicana (unos 3000 km) y obligar a México a pagarlo. También prometió prohibir la entrada de musulmanes en el país, sin aclarar qué piensa hacer con los que ya son ciudadanos estadounidenses. Trump contradice a menudo sus propias palabras, cambia de posición y recurre a todo tipo de maniobras para hacer que los demás políticos parezcan deshonestos. Pero nadie parece esperar coherencia por su parte. Su último escándalo se conoció después de que diera una entrevista a Russia Today. Todo el mundo sabe que es una agencia propagandística del Kremlin, y su aparición planteó muchas preguntas. Trump se apresuró a declarar que él no sabía nada de Russia Today, que solo había concedido a su viejo amigo Larry King una entrevista para su programa en línea, y que King le había preparado una encerrona.

Los potenciales votantes de Trump pueden clasificarse en varios grupos. Por una parte, los que realmente están de acuerdo con sus tesis principales, del tipo «todos vuestros problemas están causados por mexicanos/musulmanes/chinos». Otros (¡y no son pocos!) sencillamente no quieren ver a Hillary Clinton en el sillón presidencial. Mis padres, por ejemplo, creen que Clinton es una candidata inaceptable. Después de todo, lo más probable es que sea antisemita: en Internet circulan fotos en las que se le ve abrazando a Arafat. ¡La han pillado en tantos escándalos! Y donde hay humo, hay fuego (he oído lo mismo sobre Navalny). Y en general, sería buena idea impedir que Dios-sabe-quién entrara en el país (incluso entre los emigrantes, los hay que realmente piensan así).

Como seguramente ya habrán notado, yo estoy con Clinton. Lo que es más, ¡ya estaba con ella en 2008! Para mí, está preparada, es inteligente y capaz de mejorar muchas cosas en EE.UU. Mientras Trump afirma que todo está mal y señala a los culpables, ella dice que en general, las cosas van bastante bien. Hay problemas, dice, y esta es la forma en la que vamos a resolverlos.

Lamentablemente, no tiene suficiente carisma, y si los republicanos tuvieran algún candidato cualificado, las cosas le irían muy mal. Pero muchos creen que en realidad, Trump no quiere ser presidente, y por eso su campaña no es seria. Durante mucho tiempo, la campaña se limitó a encendidos discursos y entrevistas televisivas, mientras que Hillary creaba su red de voluntarios por todo el país. Trump ha tenido que cambiar la dirección de su personal de campaña varias veces, todas ellas, después de explicar que ya llevaba mucho tiempo planeando estos cambios.

Hillary ha liderado las encuestas prácticamente durante toda la campaña (excepto en un solo momento: inmediatamente después de la convención republicana, cuando Trump aparecía sin parar en televisión). La mejor web para hacer un seguimiento de la carrera es fivethirtyeight, donde algunas personas muy inteligentes formulan previsiones estadísticas basadas en todo tipo de sondeos, que toman en cuenta el peso de cada estado, así como el sesgo y la exactitud histórica de cada encuestador.

Y ayer supimos más noticias: en una ceremonia en honor de las víctimas de los ataques terroristas del 11 de septiembre, Clinton se sintió enferma. Tuvo que ausentarse del evento, y por todas partes se publicó un vídeo en el que se veía que no se tenía de pie sin ayuda mientras la introducían en su coche. Al principio, su personal dijo que no pasaba nada, que simplemente se había mareado por el calor (las temperaturas en Nueva York eran bastante altas), pero después los médicos admitieron que tenía neumonía. Tuvo que cancelar un viaje de dos días a California. Sus oponentes llevan mucho tiempo avivando rumores sobre su mala salud, e incluso aunque se recuperó y volvió a la campaña rápidamente, este episodio podría haberle hecho mucho daño.

La distancia entre Clinton y Trump es ahora de un 4 puntos, lo que permite a los estadísticos de Fivethirtyeight decir que la probabilidad de una victoria de Clinton es del 70%. Esperemos que así sea.

1. Los partidarios de Trump provienen en su mayoría de zonas rurales, mientras que los de Clinton viven en ciudades grandes, sobre todo en las costas: California, Nueva York y sus alrededores, además de otras grandes áreas urbanas. Hay muchos carteles de la campaña en las carreteras. Existe un paso peatonal en el campo que algunos pueblerinos han decorado con carteles de Trump.

  1. Se pueden encontrar carteles de Trump incluso en los terrenos agrícolas, el habitual «Trump: ¡Haz América grande de nuevo!» y otros. Esta escena es típica en los estados del sur. Donde la gente se dedica a la agricultura, donde hay gente trabajadora y simple, donde hay agricultores y paletos, ahí es donde la gente vota por Trump.

  1. En este caso, la elección de eslóganes es interesante: Hillary mintió—gente murió.

  1. «La sociedad es más segura cuando los ciudadanos están armados». Como sabrán, los demócratas quieren limitar la libre venta de armas en EE.UU, pero estas personas creen que Trump no hará algo así.

  1. Estas personas están en contra la vacunación obligatoria. Me pregunto si se darán cuenta de que el propio Trump está muy probablemente vacunado contra todo tipo de enfermedades.

  1. Jajaja. ¡«Latinos por Trump»! Este es especialmente adorable e hilarante, sobre todo si consideramos lo que Trump piensa de los mexicanos.

  1. La gente que más odia a Trump vive en grandes ciudades, sobre todo en zonas liberales como los barrios gay de San Francisco y Seattle, y vecindarios populares entre los jóvenes, como Brooklyn (Nueva York) y Venice (Los Ángeles) donde florecen las subculturas y esas cosas. ¡Miren qué monada de escaparate en un sex shop!

08. Muñecas inflables Horny Hillary y Donald Chump (Hillary la Cachonda y Donald el Tonto).

  1. «Jodió la política. Ahora lo puedes joder tú a él».

  1. Una pegatina que dice «¡Basta de hacer famosa a gente estúpida!» al lado de una muñeca Hillary.

  1. Escaparate en un barrio gay de San Francisco.

  1. «Cacas para Trump».

  1. Este es un doble juego de palabras. Trump ha dicho que su apellido viene del apellido de sus antepasados alemanes, Drumph. El cartel es un anuncio de una obra teatral de Theater Schmeater production de Seattle, en la que «un hombre de negocios ligeramente retrasado se convierte en rey de Ninguna Parte».

  1. Otro folleto de la obra teatral. «Potus» es la abreviatura de «Presidente de los Estados Unidos» y también el nombre de su reino.

  1. Carteles políticos en un barrio gay.

  1. En venta, papel higiénico con la cara de Trump.

  1. Es seguro para el culo porque las imágenes están impresas con tinta de soja.

  1. Y ahora, el turno de los latinos: Trump en forma de piñata.

  1. Y no solo Trump, aquí está todo el mundo.

  1. Los que odian a Trump le dan la vuelta a su famoso eslogan, y sugieren hacer América gay o nativa.

  1. Más variaciones. ¡Imaginen qué pasaría si por aquí vendieran gorras que dijeran «Rusia nunca fue grande»!

  1. Aún quedan algunos carteles de Bernie Sanders, este dirigido al electorado hispano.

  1. Los carteles de Hillary son escasos.

  1. En ocasiones, la gente pone estos carteles en sus casas.

  1. Hay quien todavía piensa votar por Bernie Sanders. Los ciudadanos americanos tienen derecho a escribir el nombre de cualquier candidato, incluso de uno no registrado. Por tanto, en teoría, las elecciones podría ganarlas el difunto señor de la droga Pablo Escobar, el perro de Putin o Barack Obama de nuevo.

  1. Pronto habrá elecciones al ayuntamiento de Mountain View, California (80 000 habitantes). Fíjense en lo humilde de estas elecciones. Los carteles son prácticamente idénticos: ninguno destaca.

  1. Puede comprar una chapa que dice «Hillary a prisión».

  1. Arte callejero electoral.

  1. Donald y Hillary no se apean de las portadas.

Y ustedes, ¿quién piensan que ganará? ¿El pelo-paja de Trump? ¿La férrea Hillary? ¿Algún otro que los americanos escriban en la papeleta?

Traducido de la traducción al inglés de Christopher Moldes. Puede acceder al texto original de Ilya Varlamov en ruso aquí.

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