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Cómo las tasas altas de homicidios afectan a las mujeres de comunidades de bajos ingresos en Brasil

Rio de Janeiro - Protesto pela morte dos cinco jovens assassinados por PMs em Costa Barros e pelo extermínio de jovens negros, em frente ao Palácio Guanabara, em Laranjeiras, sede do governo do Estado (Fernando Frazão/Agência Brasil)

Un grupo de mujeres protestan frente al Palacio de Gobierno de Río de Janeiro luego de que cinco jóvenes negros fueran asesinados en noviembre por policías en la denominada masacre Costa Barros. La madre de uno de ellos, Joselita de Souza, murió en julio — según su familia, de depresión. Foto: Fernando Frazão/Agência Brasil, CC-BY 3.0

Los médicos dicen que Joselita de Sousa murió de una insuficiencia cardiorrespiratoria. No obstante, según su familia ella murió de depresión. Dos semanas antes de su muerte, los policías responsables del asesinato de su hijo negro adolescente y desarmado fueron liberados de la cárcel por orden judicial.

La descripción de las víctimas de homicidio en Brasil abarca hombres, jóvenes, negros o parcialmente negros de familias de bajos ingresos. Pero el caso de Joselita ilustra otra imagen: mujeres cuyos nombres no aparecen en las estadísticas oficiales de homicidios, pero son victimizadas por la violencia estructural en su país.

Cada vez más mujeres como Joselita luchan por obtener justicia. En los últimos diez años, las Madres de Mayo se han convertido en una fuerza significativa en Brasil, luchando contra la violencia policial y ofreciendo apoyo a las mujeres damnificadas directamente por ésta.

Apenas días después de su muerte, Joselita fue recordada en Julio Negro, una reunión de tres días, organizada por diferentes movimientos sociales brasileños, entre ellos las Madres de Mayo. Una delegación del movimiento Black Lives Matter de los Estados Unidos también asistió. Joselita fue recordada durante un debate sobre la salud mental en comunidades negras afectadas por la violencia. Waltrina Middleton, una activista de Black Lives Matter, dijo:

The normalcy of gunshots, living with the gunshots, living with the brutality, is enslavement. It’s trauma. It’s suffering against our souls. It is important for you to break the chains of oppression and to fight back, to be conscious of the statistics that impact your community and to support each other

La normalidad de los disparos, de vivir en medio de disparos, de la brutalidad, es una esclavitud. Es un trauma. Es el sufrimiento de nuestras almas. Es importante que Uds. rompan las cadenas de la opresión y se defiendan, que sean conscientes de las estadísticas que impactan en su comunidad y se apoyen los unos a los otros.

“Otra madre negra asesinada por la violencia estructural”

Siete meses antes de la muerte de Joselita, su hijo de 16 años, Roberto, estaba fuera de casa celebrando su primer cheque de pago con sus amigos cuando cuatro policías dispararon más de cien balas a su carro. Los cinco adolescentes negros de un barrio periférico pobre fueron asesinados. Ellos no portaban armas cuando ocurrió la llamada Masacre de Costa Barros. La policía después dijo que estaban persiguiendo a un grupo de ladrones de mercancía. Los procedimientos judiciales revelaron que la policía también intentó manipular la escena del crimen para hacerla parecer como que actuaron en defensa propia.

Luego del brutal asesinato de su hijo, Joselita empezó a recibir sesiones de asesoría sicológica en el Departamento de Estado de Bienestar Social, pero su familia dice que ella dejó el tratamiento porque no tenía dinero para el pasaje del autobús. Su corazón dejó de latir el 5 de julio, poco después de haber sido diagnosticada con neumonía y anemia.

Mis condolencias a los familiares y amigos de Joselita de Souza, otra madre negra asesinada por la violencia estructural de este país traumatizado.

NOTICIA 8 meses después de que su hijo fuera asesinado en la matanza de Costa Barros, Joselita de Souza dejó de existir

Cómo la tasa de homicidios afecta desproporcionadamente a las mujeres negras y de bajos ingresos

La última versión del Atlas de Violencia brasileña, un informe anual publicado por el Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA) y el Foro brasileño sobre Seguridad Pública, revela que 58,946 personas fueron asesinadas en Brasil en el 2014.  Estas casi 60,000 muertes representan el 10% de todos los homicidios ocurridos en el mundo en el 2014. Con un promedio nacional de  29.1 homicidios por 100,000 habitantes, el informe coloca a Brasil entre los 12 países con la tasa más alta en el mundo. Para comparar, en los Estados Unidos, la tasa de homicidios en el 2014 fue de 4.5, según estadísticas del FBI.

Los homicidios en Brasil afectan a ciertos grupos demográficos más que a otros. Por ejemplo, la tasa de homicidios correspondiente a hombres en el rango de edad de entre 15 y 29 años es 61 por 100,000 habitantes — muy por encima del promedio nacional. Marcadas diferencias surgen cuando se considera la raza: la tasa entre sujetos negros es de 37.5 por 100,000 mientras que para no-negros (que incluye tanto a blancos como personas indígenas) es de 15.6.

Investigadores y expertos en violencia, como Daniel Cerqueira (IPEA) y Atila Roque (Amnistía Internacional), han estudiado el por qué tantas personas mueren asesinadas en Brasil y cómo afecta esto a tantas mujeres negras y de bajos ingresos.

Para los hogares de bajos ingresos, la pérdida de una figura masculina de entre 25 y 35 años de edad también representa la pérdida de una parte significativa del ingreso familiar y un aumento en problemas sicológicos como depresión y trastornos de ansiedad. Para las mujeres, esto significa viudez temprana, la ausencia de parejas en grupos sociales específicos. La pérdida del componente masculino usualmente fuerza a las mujeres a interrumpir sus estudios y genera una enorme desventaja social para ellas.

De acuerdo al Banco Mundial, hay más mujeres que hombres viviendo en la pobreza. La forma predominante de globalización económica acentúa las desigualdades sociales y por consiguiente empeora los problemas típicos de una sociedad en la cual las mujeres dependen mucho de los hombres, especialmente en la población de bajos ingresos.

Muchos investigadores también han señalado que existe una ausencia de políticas públicas efectivas para apoyar a las mujeres que han perdido a sus padres, esposos o hijos por asesinato.

El destino de miles de mujeres brasileñas muestra cómo un país fuertemente guiado por la economía de mercado que satisface las necesidades de sectores de ingresos más altos e ignora los problemas de las clases bajas, mantiene a sus ciudadanos en una posición de competencia desventajosa.

En un artículo para el libro Origens e Destinos (Orígenes y Destinos), que explora temas de desigualdad social en Brasil, el sociólogo predice el efecto que una alta tasa de homicidios de hombres puede tener en la composición demográfica futura de Brasil. Según él, esto llevará al “desequilibrio de género en la población”, lo que a su vez tendrá consecuencias en las estructuras familiares  — por ejemplo, un aumento de los hogares encabezados por mujeres.

A drawing cartoonist Carlos Latuff made for the Movement Mothers of May. Illustration: Carlos Latuff, used with permission by the author.

Un dibujo que el caricaturista Carlos Latuff hizo para el Movimiento Madres de Mayo. Ilustración: Carlos Latuff, usado con permiso.

El movimiento de Madres de Mayo

Liderado por mujeres, Madres de Mayo, ha estado a la vanguardia de todos los casos prominentes de brutalidad policial en Brasil en los últimos 10 años. A inicios de octubre, las Madres de Mayo organizaron una gran manifestación contra la anulación del juicio de la Masacre de Carandiru, cuando la policía militar irrumpió en la prisión de Carandiru después de una revuelta, y mató a 111 presos. El 27 de setiembre, la corte estatal de São Paulo resolvió anular el juicio, en trámite hasta esa fecha, de los 74 agentes señalados como responsables de la masacre. El movimiento se ha enfrascado en muchas batallas judiciales para exigir la responsabilidad de policías que alegan defensa propia que resultó en muerte.

El movimiento nació luego de un marcado aumento en el número de asesinatos cometidos por policías en mayo del 2006 para reunir a las familias de las víctimas. Ese año, hubo una confrontación entre el PCC, la facción criminal más grande de Brasil y policías. Luego de una serie de ataques contra policías perpetrados por el PCC, escuadrones de la muerte paramilitares– formados por policías fuera de servicio — se vengaron de manera sangrienta. Se impusieron toques de queda, dejaron de operar los autobuses y tiendas y universidades enteras permanecieron cerradas en São Paulo. Al final, 564 personas fueron asesinadas en el lapso de una semana, 505 de ellas eran civiles. Las escenas de los crímenes fueron alteradas, muchos cuerpos nunca fueron encontrados. La mayoría de los asesinatos de civiles fueron perpetrados por agentes del estado y no por integrantes de PCC. Y mientras que la justicia por las víctimas del 2006 aún está pendiente — a la fecha, nadie ha enfrentado un juicio por los crímenes — las Madres de Mayo continúan poniendo nombres y caras a las frías estadísticas de homicidios en Brasil. En el 2012, ellas autopublicaron el libro “Del luto a la lucha: las Madres de Mayo”, que cuenta las historias de víctimas de violencia policial y sus familias en el 2006. La organización permite que madres como Joselita alberguen la esperanza de lograr justicia.

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