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El régimen etíope enfrenta tiempos difíciles mientras la diáspora hace planes para el futuro

Parque Nacional Simien en Etiopía. Imagen: Pixabay

Parque Nacional Simien en Etiopía. Imagen para uso libre: Pixabay.

En noviembre del 2015, los habitantes de un pequeño pueblo llamado Ginchi marcharon en contra de una propuesta del gobierno etíope para expandir Addis Ababa, la capital, hacia las tierras de cultivo adyacentes en la región de Oromia. Los manifestantes crecieron hasta convertirse en un movimiento que exige más autogobierno, libertad y respeto por la identidad étnica de los Oromo, quienes han experimentado una marginación y persecución sistematizada durante el último cuarto de siglo.

En Amhara, la segunda región más grande del país, las protestas comenzaron en Gonder el 31 de julio del presente año, y pasaron rápidamente de tratar cuestiones de identidad locales en la comunidad a un movimiento regional que se ha expandido a otras provincias en sólo cuatro meses. Aunque el incidente a gran escala del 31 de julio en Gonder marcó la primera confrontación importante entre los principales manifestantes de Amhara y el gobierno etíope, la disputa entre los Amharas y el régimen data de principios de la década de 1990 cuando el régimen liderado por los Tigray rediseñó los límites distritales de la comunidad Welkait que pertenecían al grupo étnico de los Ahmaras en la región de Tigray. Algunos activistas Ahmara han descrito la protesta como “25 años de furia desencadenada”. Los manifestantes en Gonder también expresaron frases de solidaridad hacia las protestas en Oromia.

Aunque las protestas de Oromia y Amhara comenzaron por razones diferentes, ambas surgen de complejas identidades políticas etíopes. En las dos regiones, los manifestantes están desafiando el dominio de las élites de un grupo  — el Tigray — dentro de la política etíope. Los Tigray constituyen el 6% de la población pero dominan los puestos del ejército y el gobierno, mientras que los Oromo constituyen el 34% y los Amhara representan el 27 % de la población del país.

Desde noviembre, cientos de manifestantes han sido asesinados y miles arrestados. A comienzos de octubre, al menos 52 personas fueron asesinadas en una reunión con motivo de la festividad de Irreecha en Oromia, después de que fuerzas de seguridad desencadenaran una estampida con bombas de humo y balas reales.

La increíble propagación de las protestas desde Amhara a Oromia parecen representar un importante hito en este movimiento de un año que pone en tela de juicio los 25 años de gobierno del Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF), la coalición política dirigente, dominado por las élites Tigray.

Tanto para los observadores como para los críticos, estas protestas representan un momento clave en la moderna historia política etíope. A mediados de octubre, el gobierno incluso declaró un estado de emergencia de seis meses por primera vez en 25 años.

Las autoridades estatales han seguido prometiendo reformas, acercándose a lo que los observadores llaman “personajes amigables de la oposición”, como Lidetu Ayalew. Sin embargo, hace dos semanas hubo arrestos en masa, y las autoridades cortaron las comunicaciones digitales. La propaganda del estado y los “programas de entrenamiento” obligatorios a gran escala para funcionarios públicos parecen indicar que el gobierno está luchando para contener el enojo y descontento generalizados.

Mientras tanto, un importante número de 251.000 miembros de la diáspora etíope que viven en los Estados Unidos están marcando este momento histórico honrando a las víctimas de la violencia  y organizando vigilias. Sobre todo, han comenzado a contemplar una vida sin el regimen establecido.

A medida que las protestas gradualmente corroen las estructuras políticas y económicas de Etiopía, el regimen parece más inestable que nunca. Como consecuencia, la diáspora etíope ha organizado conferencias para debatir el cambio de regimen, reformas constitucionales y otros temas de transición. Dichas conferencias son organizadas por grupos políticos de la diáspora y por individuos pertenecientes a diferentes líneas étnicas e ideológicas.

De los eventos que tienen lugar actualmente en la diáspora etíope, se destacan dos conferencias importantes.

Conferencia Oromo para el Consenso Nacional, Londres, Reino Unido

La Conferencia Oromo para el Consenso Nacional fue una reunión pre-convención en la que grupos políticos de los Oromo, el grupo étnico más grande de Etiopía, deliberaron acerca de la Convención de Liderazgo Oromo a tener lugar este mes de noviembre en Atlanta, Georgia.

La pre-convención comenzó el 22 de octubre del 2016 y finalizó al día siguiente. Mientras la conferencia estaba en curso, surgió una división entre las élites Oromo de la diáspora sobre la inclusión y el marco de la convención planificada para Atlanta. Los organizadores de la convención de Atlanta parecían apoyar el accionar de la convención según lo planeado, a pesar de comentarios por parte de importantes activistas Oromo, periodistas y académicos, quienes plantearon nuevos desafíos y propusieron temas alternativos complejos, así como estructuras para la convención.

No obstante, la pre-convención alcanzó su punto álgido cuando Liben Wako (un representante del partido político Oromo) causó un gran tumulto diciendo: “La lucha de los Oromo no es democratizar a Etiopía sino romperla en pedazos.”

Es curioso cómo la diáspora construye y destruye Etiopía mientras los habitantes desayunan, toman café con los vecinos y van a trabajar.

El anuncio fue un fiel reflejo de la crisis existencial del país, demostrando que el nacionalismo étnico aún es un fuerte tema sin resolver en Etiopía. En el actual clima político, este tipo de expresiones amenazan con empeorar las actitudes hacia los etíopes no Oromo que han apoyado la protesta con el objetivo de democratizar Etiopía.

Los movimientos políticos en Etiopía pueden ser apoyados por la diáspora, pero no deberían ser dictados por ella. La gente sabe lo que es mejor para ellos.

Plan de transición y proceso constitucional en Etiopía

Esta conferencia tuvo lugar el 22 y 23 de octubre del 2016, reuniendo a distintas personas y partidos políticos en Washington D.C. Es la segunda vez que se realiza este evento, la primera fue en el mes de abril.

Especialistas y grupos políticos de la diáspora presentaron documentos, notas conceptuales e ideas acerca de las protestas en curso y su repercusión en Etiopía. Aparentemente, la mayoría de los conferencistas llegó a un acuerdo en cuanto a una identidad etíope general a la vez que reconocieron diferentes identidades étnicas. La mayoría de los documentos presentados en la conferencia reflejaron este acuerdo.

En líneas generales, dos grupos políticos antagónicos— etno-nacionalistas y nacionalistas cívicos —  han dominado el discurso que le dio forma a las conferencias. Esta disyuntiva a veces desencadena conflictos entre secesionistas y unionistas.

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