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Una espléndida serie iraní repasa la historia del golpe de 1953 en la era del acuerdo nuclear

A still from “Shahrzad” recreating the chaotic scenes from the streets of Tehran at the time (Source: shahrzadseries.com).

Escena de “Shahrzad” donde se recrea el caos en las calles de Teherán durante el golpe de estado de 1953 (Fuente: shahrzadseries.com).

Por Mahdi Ganjavi

Según la creencia general y lo confirmado por los documentos que desclasificó la CIA hace unos años, el golpe de estado iraní de 1953 se originó como resultado del creciente temor de los Estados Unidos de un posible paso de Irán al comunismo. El golpe resultó en el derrocamiento del Primer Ministro electo democráticamente Mohammad Mosaddeq. Mosaddeq fue el líder del Frente Nacional, una alianza de políticos que compartían sentimientos antiimperialistas hacia Gran Bretaña.

El Frente Nacional defendía unas reformas judiciales limitadas y la restricción de la autoridad del Sha en conformidad con la Constitución de 1905. Nacionalizaron la industria petrolera, lo cual causó el embargo británico que, a su vez, llevó al gobierno de Mosaddeq a cortar por completo las relaciones diplomáticas y económicas con los británicos.

La crisis petrolera y la depresión económica que siguieron, junto con la creciente conciencia de clases de los trabajadores y campesinos, sobre todo al noroeste de Irán, intensificaron la lucha ya existente entre la tradicional clase dominante iraní (que incluía al Sha, a los terratenientes y el clero), la burguesía y el proletariado o campesinado. Todo esto avivó los temores de las potencias mundiales al comunismo y motivó la financiación y planificación de un golpe contra Mosaddeq por parte de la CIA y el M16, y con la ayuda (o al menos el apoyo moral) de la clase dominante iraní. El día del golpe, una turba contratada tuvo un rol crucial en las calles de Teherán al fomentar el caos y atacar las oficinas de varios periódicos.

A press release drafted by the US State Department anticipating the successful overthrow of Mosaddeq, and crediting “the Iranian people, under the leadership of their Shah.” Mosaddegh was ousted two weeks later (Source: NSA Archive)

Comunicado de prensa redactado por el Departamento de Estado de los EEUU donde se anticipa el exitoso derrocamiento de Mosaddeq y se da crédito “al pueblo iraní liderado por su Sha”. Mosaddeq fue destituido dos semanas después. (Fuente: Archivo NSA).

En la serie televisiva iraní “Shahrzad”, es la muerte accidental de un miembro de aquella turba lo que cambia el curso de la vida de sus protagonistas. Escrita por Hassan Fathi y Naghmeh Samini, la primera temporada se estrenó localmente en octubre del 2015 en DVD y en línea. Shahrzad, la producción más cara de la historia de Irán dentro de su tipo, ha tenido tanto éxito que, según el programa persa de la BBC Pargar, se ha vuelto un motor de la industria cultural y ha generado ventas de joyas y productos inspirados en su historia y personajes.

“Shahrzad” relata la historia de la relación amorosa entre dos personajes, Shahrzad y Farhad, y cómo esta relación se ve afectada por el golpe de 1953. Farhad, cuyo nombre alude a una figura de la literatura romántica persa medieval, es un periodista. Su padre es dueño de una tienda de alfombras dentro de un bazar. Su amada, Shahrzad, busca cumplir el sueño de ser médica, y su padre tiene un restaurante. En términos económicos, los padres de ambos se encuentran totalmente subordinados a un gran terrateniente al estilo de ‘El Padrino’ llamado Buzurg Aqa.

El día del golpe, Farhad mata accidentalmente a un miembro de la turba que ataca su oficina. En consecuencia, el gobierno posterior al golpe arresta a Farhad y lo sentencia a la pena de muerte. Aunque a Farhad le otorgan el indulto, Buzurg Aqa, quien es secretamente el jefe de la turba, obliga a Shahrzad a casarse con su yerno Qubad. Es la única forma de que Shahrzad garantice la seguridad de Farhad, y también es importante para Buzurg Aqa, pues su propia hija no puede tener familia y dar un heredero a su fortuna. Los padres de Farhad y Shahrzad, debido a su endeudamiento con Buzurg Aqa, también buscan la separación de Farhad y Shahrzad.

“Antes de “Shahrzad”, casi todos los dramas y relatos posrevolucionarios hacían énfasis en el rol decisivo de las fuerzas imperialistas, incluso al punto de marginar o minimizar por completo la participación interna”

Como en cualquier narrativa histórica, lo que se omite es tan importante como lo que se muestra. Al igual que otras producciones culturales de Irán que se transmiten por los canales oficiales, las series televisivas que se distribuyen en DVD y canales de internet locales también son vigiladas meticulosamente por los organismos de censura del gobierno, a pesar de que se insiste constantemente en que la censura es menos estricta sobre las producciones que se distribuyen a través de estos medios. No obstante, al detenerse en el contexto histórico de “Shahrzad”, se advierten algunas omisiones audaces.

Según la narrativa de “Shahrzad”, los actores políticos del Irán del posgolpe se dividían en tres categorías: los simpatizantes de Mosaddeq, el líder derrocado en el golpe, representados en Shahrzad y, especialmente, en Farhad; la clase dominante opresora (el Sha, los terratenientes, etc.); y el partido comunista Tudeh. Los tres grupos están caracterizados en la serie como ‘el bueno’, ‘el malo’ y ‘el feo’ respectivamente, y dominan la representación de la historia, que visiblemente omite el rol de la clase trabajadora que, para ser justos, casi siempre se omite, o solo se describe como liderada por el clero.

Las fuerzas religiosas también están ausentes en la narrativa de “Shahrzad”. No solo no hay clérigos en la serie, sino que ningún personaje clave muestra señales explícitas de convicciones religiosas. Lo más llamativo es, quizás, que no haya agentes ni civiles estadounidenses. Aunque el golpe ha sido atribuido a organismos secretos de los Estados Unidos, a lo que el presidente Obama se refiere como la “historia bien conocida” en su discurso del 2009 en la Universidad de El Cairo, en “Shahrzad”, los principales protagonistas del golpe son los actores locales: el Sha, su corte y los terratenientes. ¿Por qué?

Empecemos por la supresión de las fuerzas estadounidenses. En el 2009, el reconocimiento del presidente Obama del rol de los Estados Unidos en el golpe de 1953 fue uno de los varios gestos conciliatorios para “seguir adelante”. En el 2013, la elección del presidente Hassan Rouhani fue un indicador de este cambio, y la posibilidad de seguir adelante tenía defensores no sólo dentro de los Estados Unidos sino también en Irán.

A resident of Tehran washes "Yankee Go Home" graffiti from a wall in the capital city of Iran, Aug. 21, 1953. The new Premier Gen. Fazlollah Zahedi requested the clean-up after the coup d'etat which restored the Shah of Iran in power. (AP Photo) PHOTO: Pahlavi Dynasty via Wikimedia Commons

Un residente de Teherán borra un graffiti de “Yankee Go Home” de una pared de la capital de Irán el 21 de agosto de 1953. El nuevo Primer Ministro, el general Fazlollah Zahedi, ordenó la limpieza después del golpe de estado que restableció al Sha de Irán en el poder. (FOTO: Pahlavi Dynasty a través de Wikimedia Commons).

Antes de “Shahrzad”, casi todos los dramas y relatos posrevolucionarios hacían énfasis en el rol decisivo de las fuerzas imperialistas, incluso al punto de marginar o minimizar por completo la participación interna. Ubicaron el golpe en un entorno ahistórico en el cual, dada la ausencia de relaciones sociales y económicas concretas, son las fuerzas imperialistas las que tienen la última palabra.

La omisión de los antagonistas estadounidenses en “Shahrzad” podría interpretarse, entonces, como una respuesta a esos gestos previos, así como una contribución al esfuerzo por “seguir adelante” y fomentar lazos más fuertes con los Estados Unidos tras el acuerdo nuclear.

Sin embargo, para que el proceso de “seguir adelante” sea eficaz, se necesita un conocimiento concreto de los hechos sociales y políticos que llevaron al golpe de estado. El desvanecimiento del rol de los EEUU en “Shahrzad” no viene aparejado con una narración más concreta sobre las relaciones sociales y económicas y la lucha de clases antes y después de la Revolución. Lo que nos lleva a la eliminación, más provocativa, de las fuerzas religiosas antes mencionadas.

“Shahrzad” no solo glorifica al destituido Mosaddeq sino que, además, elimina de su narrativa al Ayatolá Kashaní, líder espiritual del Fada’iyan Islam. Kashaní fue el clérigo político más poderoso de su época. Compartía sentimientos antiimperialistas con Mosaddeq y fue jefe del parlamento por un periodo durante el gobierno de Mosaddeq. Sin embargo, con el transcurso de la historia, la alianza entre el Frente Nacional y Kashaní se volvió frágil. Kashaní retiró su apoyo a Mosaddeq durante el golpe y, según dan a entender varios historiadores, es probable que, incluso, haya ayudado a los golpistas. En “Shahrzad”, el personaje de Buzurg Aqa, con su autoridad sobre las turbas, hace las veces de una figura encubierta de Kashaní.

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Ayatolá Kashaní y Mohammad Mosaddeq. (FOTO: Wikimedia Commons).

La omisión del clero de la narrativa también nos obliga a considerar la historiografía ideológica de la República Islámica. A pesar de que la historia oficial de la República Islámica ha cambiado con el tiempo, incluyendo algunos asuntos y dejando de lado otros, ha sido muy insistente y uniforme en cuanto a determinados temas. Por ejemplo, desde un punto de vista oficial, ningún producto cultural de Irán autorizado por el estado debe enaltecer a las fuerzas nacionalistas (ejemplificadas en Mosaddeq y el Frente Nacional) cuando está disponible la alternativa de un frente religioso. Dicho de otro modo, el “bien” primordial dentro de cualquier relato histórico sólo puede ser el frente religioso.

Claramente, éste es el caso de las descripciones de la revolución de 1979 o del movimiento estudiantil de la década de 1970. La historiografía oficial de la República Islámica incluso rearticula los sentimientos religiosos de la Persia medieval como una búsqueda de la sociedad ideal que, finalmente, estableció Ayatolá Jameneí varios siglos después. Un ejemplo de ese revisionismo es “Jalal Al-Din”, una serie que narra los primeros años de vida del conocido poeta medieval Rumi. En la serie, el padre de Rumi defiende exactamente el sistema de gobierno que se practica hoy en la República Islámica.

“Como muestra la historia de “Shahrzad”, las aspiraciones, deseos e intereses políticos y económicos de cualquier momento histórico suponen una revisión de lo ocurrido en el pasado”

A diferencia de las series anteriores, “Shahrzad” enaltece a las fuerzas nacionalistas. No sólo los protagonistas son seguidores o simpatizantes del Frente Nacional, sino que la supresión de los simpatizantes izquierdistas asesinados después del golpe deja eficazmente a Hossein Fatemi, canciller de Mosaddeq, como el único “mártir” del golpe. En este sentido, por su conflicto de intereses con la historiografía revolucionaria de la República Islámica, se puede decir que la serie adhiere a una historiografía “burguesa” islámica.

A pesar de que ambas versiones conforman la historiografía oficial de la República Islámica, apelan a distintas audiencias. La versión de la burguesía islámica atrae a la juventud urbana de clase media, ya que a veces difumina los mensajes religiosos y, en cambio, enfatiza un discurso nacionalista, que a su vez podría fácilmente apelar a los círculos conservadores con profundas raíces en la fuerza militar.

No obstante, aunque la ideología “revolucionaria” dominante teme a los puntos de vista nacionalistas, la burguesía encuentra beneficios en hacer un uso ocasional de ellos en momentos de crisis económica. “Shahrzad” muestra en qué aspectos la historiografía de la burguesía islámica y la historiografía “revolucionaria” predominante son, al mismo tiempo, diferentes y similares. Por ejemplo, las dos versiones desestiman a los grupos izquierdistas como herramientas de la Unión Soviética, negando así toda contribución de la clase trabajadora a la causa por la nacionalización de la industria petrolera. Y ambas versiones comparten el odio hacia el Sha y su corte.

La célebre frase de Faulkner, “el pasado no está muerto; ni siquiera ha pasado”, rige muy bien para el golpe de Irán de 1953 y sus narrativas contrapuestas. Como muestra la historia de “Shahrzad”, las aspiraciones, deseos e intereses políticos y económicos de cualquier momento histórico suponen una revisión de lo ocurrido en el pasado. Muestra que no sólo el presente y el futuro, sino también el pasado, son escenarios de una constante lucha política.

Y lo más importante, también demuestra que todo esfuerzo por “seguir adelante” redefine el pasado solo para confinarlo dentro de un marco nuevo pero temporalmente beneficioso.

Mahdi Ganjavi es un estudiante de doctorado del departamento de Educación Superior y de Liderazgo para Adultos de la Universidad de Toronto. Sus ensayos, reseñas y traducciones han sido publicados en la Revista Internacional de Educación Permanente, la Enciclopedia Iránica, la BBC persa, The Bullet, y Radio-Zamaneh. Una versión de este ensayo se publicó originalmente en el espacio web Ajam Media Collective.

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