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Soy catarí y quiero decidir con quién casarme

IMAGE: Public Domain via Pixabay

IMAGEN: Dominio público, Pixabay.

De Doha News

Yousef, un ciudadano catarí de 28 años, se enamoró de una  mujer de Europa del este hace cuatro años. La pareja decidió casarse, pero el gobierno catarí se negó a ratificar la unión, y la pareja decidió eventualmente que no tenían otra opción más que el divorcio. En este artículo de opinión, Yousef le explica a Victoria Scott las dificultades a las que se enfrentan los cataríes cuando se casan con una mujer que no comparte su nacionalidad, y por qué él cree que el sistema debería cambiar.

Conocí a mi mujer cuando yo estaba de vacaciones en Europa. Nos conocimos a través de unos amigos que teníamos en común, e inmediatamente sentimos una conexión. Nos enamoramos.

Yo solía ser lo que llamaría un catarí tradicional. Creía con fervor en nuestra cultura y en nuestros valores. Así que, cuando conocí a mi mujer, me pregunté a mí mismo qué estaba haciendo. Ella era una extranjera, no compartía mi fe, y venía de una cultura diferente. Decidir casarme con ella fue una decisión difícil para mí al principio por todas estas razones pero, eventualmente, decidí que quería vivir mi vida con ella; el amor lo podía todo.

Una cultura diferente

Nos casamos en el extranjero en una ceremonia civil, antes de viajar de vuelta a Qatar. Era totalmente nuevo para ella. Era su primera visita al país. Sin embargo, mi familia quería a mi nueva mujer, y ella comenzó a asentarse. Se ajustó lentamente, pero con seguridad. Se acostumbró a nuestra cultura. Éramos felices. Pero pronto entendí que las cosas podrían no salir como me esperaba.

Yo creía que le concederían la ciudadanía de forma automática y que, por lo tanto, podría vivir en Qatar de forma legalizada durante el resto de su vida. Y que los niños que pudiésemos tener serían automáticamente cataríes también, y podrían disfrutar de los mismos derechos que yo.

Lo que no sabía es que se suponía que debería haber pedido permiso al gobierno catarí para casarme con una extranjera.

Pidiendo permiso

Descubrí que había un comité especial en el Ministerio de Interior que se ocupaba de este tipo de casos, y que el mío tendría que ser procesado. Sin el permiso del comité mi matrimonio no sería considerado legal en Qatar. Yo no tendría derecho a recibir beneficios para empleados casados en mi empresa, u obtener terrenos del gobierno, que es tan sólo uno de los beneficios que los cataríes casados difrutan. Y aún peor que eso, ni siquiera podríamos vivir juntos en Qatar. Sin el permiso del Ministerio, my mujer no tendría siquiera el permiso de residencia.

Pensé, sin embargo, que era tan sólo cuestión de pasar por el proceso.

El amor no es “una razón aceptable”

Le pedí consejo a la gente que había pasado por el mismo proceso para ver cómo salir victorioso ante el comité. Me comentaron que algo que no debería decir es que me había casado con ella porque la amaba —que, aparentemente, no es una razón aceptable—. En lugar de eso, tenía que escribir un memorándum explicando por qué no podía casarme con una mujer catarí.

Las autoridades cataríes temen, por lo viso, que las mujeres cataríes no sean capaces de encontrar suficientes hombres cataríes con los que casarse. Tienen derecho a preocuparse por ello pero no, en mi opinión, lo suficiente como para regular los matrimonios. Así que, tuve que mentir. Dije que no podía casarme con una mujer catarí porque los gastos eran demasiado elevados, y que le había pedido matrimonio a varias mujeres cataríes, pero que me habían rechazado. La ley me obligó a ser un hipócrita. Tampoco les dije que estaba ya casado, ya que negarían mi caso de forma automática si lo supiesen.

Convirtiéndose al Islam

También me dijeron que tendríamos más opciones de ser aceptados si mi mujer fuese musulmana. Éso no cambiaba nada para mí, ya que no creo que que la fe determine quién es bueno o malo. Yo había aceptado a mi mujer cristiana por quién era. Pero al final le pregunté si consideraría convertirse al islam para ayudar al proceso, y estuvo de acuerdo.

Ella tuvo que pasar por una ceremonia para convertirse de forma oficial. Después se sacó otra foto para el pasaporte, llevando un hiyab —todo por mí—. Presenté las fotos, el memorándum, y el certificado de mi sueldo, y me dieron cita para una entrevista.

Mi padre vino conmigo para apoyar mi caso, para decir que aceptaba la decisión de su hijo, su elección de pareja. El comité —compuesto de siete hombres— te habla como si les debieses algo, de forma muy brusca, porque tú necesitas de su aprobación. Me preguntaron una y otra vez por qué no quería casarme con una mujer catarí. Me dijeron que la cultura y las tradiciones de mi esposa serían demasiado diferentes, aunque ahora fuese musulmana.

Dos días después de la reunión, rechazaron mi petición.

Persistencia

Pero no me rendí. Recurrí al wasta. Me llevé a mi anciano abuelo conmigo al Ministerio de Interior para ver qué podían hacer, con la esperanza de que tenerlo conmigo les haría querer ayudarme más, ser más comprensivos. Pareció funcionar. Dijeron que aprobarían mi matrimonio. Comencé a celebrarlo con mi mujer, pero resultó ser sólo un truco.

Había un segundo paso. El mismísimo ministro de interior tenía que dar su aprobación. Hice varios viajes al Ministerio para preguntar si él lo había aprobado, ya que sabía que documentos como el mío podían ser guardados en archivo durante años sin ser mirados siquiera. Eran amables conmigo, amistosos y educados, pero no aprobaron mi matrimonio. Sólo seguían diciéndome que lo mirarían.

Mientras tanto, la única opción que tenía era volver a pedir un visado de turista para mi mujer cada mes. Esto continuó durante dos años. Mi mujer estaba viviendo con mi familia, pero no nos sentíamos seguros, ni con estabilidad. Sabíamos que su visado podía ser rechazado en cualquier momento.

Después me enteré de que el ministro estaba abriendo su majlis a los ciudadanos, así que fui y le conté mi problema en persona. Dijo que lo miraría. Al día siguiente, sin embargo, me dijeron que mi petición había sido denegada, y que debería desistir. Ni siquiera me dijeron por qué.

Después la cosa empeoró. El gobierno dejó de renovar el visado de mi esposa.

Despedirse

Era un horrible dilema. Yo no quería dejar Qatar —es mi hogar—. Allí estaba mi familia, mi trabajo. Y si dejaba mi trabajo, no creía ser capaz de apoyar a mi mujer financieramente. Entonces, decidí hacer lo que creí mejor para ella. Le dije, “no tenemos hijos, y tú me estás esperando. He estado diciéndote que todo saldrá bien, pero ya no puedo garantizarte nada”.

Ella tuvo que dejar Qatar cuando su visado expiró. Nos divorciamos. Yo estaba destrozado. Continué ayudándola financiermente durante un tiempo porque ella había tenido que irse de forma muy repentina, pero al final le dije que eso debía cambiar, que teníamos que cortar todos los lazos. Me lastimaba demasiado.

Ella tiene ahora un nuevo marido, y un bebé. Seguimos en contacto, y me alegro por ella. Pero es doloroso ver a la mujer a la que amabas casada con con otro, con un hijo. Se suponía que sería mi hijo.

Preguntas

Mi matrimonio me cambió. Me sacó de mi burbuja, y me hizo cuestionarme los valores de nuestra cultura. No entendía por qué, por ejemplo, a los hombres cataríes nos permiten ir a clubes en los que se sirve alcohol, pero al mismo tiempo, el comité nos decía que la cultura y las tradiciones de mi mujer no encajaban con las nuestras. Dolía ver a mi país hablar sobre derechos humanos en el panorama global, pero después denegar a los ciudadanos el derecho a casarse a quién ellos escogiesen. Y, ¿por qué está bien casarse con una segunda o tercera mujer, pero negarle a un hombre el permiso para casarse con una?

¿Por qué fue denegada mi propuesta? ¿Fue porque mi familia no es lo suficientemente importante? ¿No conocemos a las personas adecuadas? Sé que muchos hombres cataríes se han casado con mujeres extranjeras con su aprobación en menos de un mes, tan sólo porque conocen a alguien del gobierno. Tengo tantas preguntas.

Quiero formar una familia, pero no me veo casado con una mujer catarí, o en un matrimonio tradicional. Mi mentalidad es demasiado diferente. Tengo un tremendo respeto por las mujeres cataríes. Son nuestras hermanas e hijas, pero esto no se trata de raza o religión. Es cuestión de una elección personal.

Creo que dejaré Qatar y viviré en el extranjero si quiero casarme con una extranjera. Odio que tenga que ser así. Amo a mi país. No quiero dejar Qatar o a mi familia pero, ¿qué opciones tengo?

Una versión de este artículo fue previamente publicada en Doha News.

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