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La duda que más duele a los venezolanos: ¿me quedo o me voy?

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“Descorazonado es poco para explicarlo. Vivo en Berlín, pero la situación de mi país perturba la pequeña burbuja de confort que tengo en el primer mundo”. Imagen diseñada por el artista gráfico venezolano Leonardo González, utilizada con permiso.

Actualmente, Venezuela presenta la tasa de inflación más alta del mundo, además de una escasez crónica de alimentos y medicamentos. Mientras el gobierno y la oposición siguen culpándose uno al otro por la alarmante situación económica, los venezolanos que viven en el exterior se comunican con los que permanecen en el país a través de las redes sociales para contarles que existe un mundo fuera de su tierra asolada por la crisis.

Esa crisis, que ha sido la imagen del país ante los medios internacionales, ha empeorado en los últimos años y, a su vez, ha dado lugar a graves violaciones a los derechos humanos que resuenan dentro y fuera del país.

Como resultado, cada vez más venezolanos se plantean la pregunta de si quedarse en el país o irse al exterior en busca de nuevas oportunidades. El medio en línea independiente Efecto Cocuyo publicó algunas estadísticas con su razonamiento subyacente, y así lo explican los investigadores expertos de Venezuela:

[…] Los momentos de migración en Venezuela en los últimos 15 años pueden ser divididos en tres períodos. En el primero, fue la élite venezolana la que emigró entre 1999 y 2003 debido a los cambios de carácter político que trajo la llegada del presidente Hugo Chávez […] En el segundo, comprendido entre 2004 y 2009, fueron los talentos y saberes los que abandonaron el país. Ahora, desde 2010 hasta la actualidad, los jóvenes y la clase media son quienes se despiden en [el aeropuerto internacional de] Maiquetía [debido a] las condiciones políticas, sociales y económicas de Venezuela.

Las dificultades

Las voces de quienes han abandonado el país son muy visibles en las redes sociales y reflejan las distintas dificultades que supone la migración para los venezolanos. En las conversaciones y testimonios en línea, están muy presentes los temas como la aceptación de la comunidad, los choques culturales y la conexión con la crisis política del país. Algunos de estos debates se publicaron en el blog colectivo Crónicas de Caracas bajo la etiqueta #TheCrisisInsideMe [‘Mi crisis interior’]:

Juan Cristóbal Nigel escribe desde Chile y señala cuánto duele el conflicto de Venezuela cuando se contrasta con lo que parece ser una vida sin problemas en comparación:

My heart is full of lead, weighed down by an inability to put Venezuela behind me.

Every day, this scene repeats itself five, six times. Whether it is in a work meeting, a comment by a student in the hallway, or a call from a friend, people’s questions are always the same: “how horrible, what is going to happen?” The other day I started talking to a panhandler. He asked me where I was from. “Venezuela? Sheesh, things there are baaaad…” He gives me his pity look.

My reaction is the same. When I talk about it, it’s the half-an-hour of lingering emotional [hangover] that gets me.

I am grateful people are concerned, but I can’t help feel a bit jealous. They go on with their lives. They don’t feel guilty every time they go to the supermarket. They don’t have to spend hundreds of thousands of pesos buying medicine for loved ones to send home. They don’t spend hours and hours away from their family writing about Venezuela’s crisis.

We’re lucky. We’re not living through this crisis directly. But in a tiny way, we are.

Mi corazón se siente lleno de plomo, sobrecargado por la imposibilidad de dejar atrás a Venezuela.

La escena se repite todos los días, cinco o seis veces. Ya sea en una reunión de trabajo, por el comentario de un estudiante en los pasillos o por la llamada de un amigo, las preguntas siempre son las mismas: “Qué horrible, ¿qué irá a pasar?” El otro día me puse a hablar con un indigente. Me preguntó de dónde era. “¿Venezuela? ¡Dios! ¡Qué mal están allá!” Y me miraba con lástima.

Mi reacción es la misma. Cuando toco el tema, me da una resaca emocional que dura una hora y media.

Agradezco la preocupación de la gente, pero no puedo evitar sentir un poco de envidia. Ellos siguen con sus vidas, no se sienten culpables cada vez que van al supermercado, no tienen que gastar cientos de miles de pesos en medicamentos para que sus seres queridos se lleven a casa, no tienen que pasar hora tras hora lejos de la familia y escribiendo sobre la crisis de Venezuela.

Somos afortunados. No sufrimos esta crisis directamente, pero la sufrimos de alguna manera.

En otra publicación, Alejandro Machado relata cómo su familia se mantiene en contacto a través de la tecnología en línea, aunque para él, no es suficiente para sentirlos cerca:

We’re keeping informed, but not really in touch. We’re being entertained, but not really fulfilled. My family is now split across continents, leaving group chats and video calls as our only tools for maintaining our meaningful connection. I appreciate these feeble bridges that digital technology is tending, but, having lived the real deal, they don’t fully cut it.

We are away because the crisis became too dire, opportunities sprung up elsewhere, and we took them. We were extremely lucky to be born to this loving family and to not have been victims of the real tragedies happening to Venezuelans every day.

Alas, the crisis turned my family to a virtual one, and it hurts.

Nos mantenemos al día, pero no hay un verdadero contacto. Nos entretenemos, pero no estamos del todo satisfechos. Mi familia está separada por continentes y sólo nos quedan los grupos de chat y las videollamadas como únicos medios de mantener una conexión significativa. Valoro los puentes un tanto débiles que nos da la tecnología digital, pero después de haber vivido realmente en familia, esto no le llega.

Nos alejamos porque la crisis se agravó demasiado, surgieron oportunidades en otros lugares y las aprovechamos. Hemos tenido la inmensa suerte de nacer en el seno de esta adorable familia y de no haber sido víctimas de las verdaderas tragedias que sufren los venezolanos a diario.

Por desgracia, la crisis nos convirtió en una familia virtual, y eso duele.

“Muchas veces los logros no son por el gentilicio sino a pesar de él”

Hay muchas experiencias cargadas de rabia, y también con ideas que cuestionan al hogar y al país, la nación y la identidad. Héctor reflexiona sobre ellas en una publicación de Medium en la que explica sus motivos para haber dejado el país y la rabia que genera el sistema y el conflicto político:

Pienso que hay que desechar esa tontería de sentirse orgulloso del país en donde uno nació sólo por eso. O sentir orgullo por los logros de connacionales excepcionales que se destacan alrededor del mundo en las distintas disciplinas. Si más bien dichos logros es porque se desprendieron de esa prisión moral y social que es atarse a una nacionalidad y actuar acorde a ella y a sus expectativas. No es casualidad que los grandes escritores o pensadores venezolanos cargaran sus obras con tanta crítica social hacia la identidad nacional, porque muchas veces los logros no son por el gentilicio sino a pesar de él.

Guías de supervivencia para los venezolanos en el exterior

Otros tantos utilizan las redes sociales no sólo para hablar de sus experiencias y compartir historias nostálgicas, sino también para aconsejar a otros que también están pensando en emigrar. Para muchos, los venezolanos experimentan hoy lo que muchas comunidades del siglo XX tuvieron que vivir en América Latina y Europa, y las conmociones generan tanta empatía como críticas. Como de costumbre, las narrativas son diversas, tal como muestra el canal de YouTube Diáspora Venezolana:

Uno siempre piensa que su país es el mejor, que su cultura es la mejor, la verdad es que todas las culturas son muy bonitas. No somos de ninguna parte, sino que somos del mundo. La gente tiene que atreverse a viajar. Yo pienso que la vida es conocer, ir a otros lados, conocer otras personas, conocer otras culturas. Ver el mundo.

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