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Esta mujer ha estado atrapada en Corea tres años intentando volver a su hogar en Estados Unidos

Kim Craig has spent the past three years in Korea, hoping to get home to the US. Credit: Kaomi Goetz

Kim Craig ha pasado los últimos tres años en Corea, con la esperanza de volver a los Estados Unidos. Crédito: Kaomi Goetz

Este artículo de Kaomi Goetz fue publicado originalmente en PRI.org el 17 de noviembre de 2016. Se vuelve a publicar en este espacio como parte de un acuerdo de intercambio de contenidos.

Kim Craig fue adoptada con 5 años por una familia en New Hope, Minnesota. En un día reciente de otoño en una cafetería de Seúl, parecía la típica turista americana de vacaciones — sin maquillaje, ropa informal, pidió un café en inglés. Pero técnicamente, Craig no es americana. Nunca recibió la nacionalidad estadounidense.

Desde los años 50 se tramitaron más de 160.000 adopciones internacionales de niños de Corea del Sur. La mayoría de los países que los reciben les otorgan nacionalidad de forma automática, excepto uno: los Estados Unidos. El proceso en este país creó un vacío que dejó a varios adoptados sin los derechos que deberían haber obtenido. El mes pasado, un adoptado coreano, Adam Crapser, perdió la posibilidad de permanecer en los Estados Unidos y será deportado a Corea del Sur — un país del que se fue hace casi 40 años cuando tenía 3 — porque nunca recibió la ciudadanía.

Los problemas de Kim Craig comenzaron con su vida familiar inestable en los Estados Unidos.

Dice que su madre adoptiva era violenta y que fue abandonado luego de un año. Tras este episodio, Craig fue enviada a vivir con otra familia adoptiva en Minnesota, lo que tampoco salió bien. Recuerda tener que proyectar una determinada imagen familiar, pero dice que era una farsa.

«No tengo muchos recuerdos, quizás [la mayoría son cosas que ocurrieron] fuera de casa», dice. «Dentro de casa, pocas excepto palizas».

Con 13 años, Craig intentó suicidarse. Huyó y empezó a beber. Cuando las autoridades la intentaron devolver a su casa, Craig se negó. La respuesta de su madre adoptiva fue — «vale».

«Dijo, “bueno, vas a conseguir lo que quieres. Te vamos a quitar nuestros derechos, y oh, por cierto, no eres ciudadana estadounidense”. En ese momento no sabía lo que eso significaba», recuerda.

Kim Craig, before her adoption to the US. Credit: Courtesy of Kim Craig

Kim Craig, antes de su adopción a los Estados Unidos. Crédito: cortesía de Kim Craig

Aunque fue criada como una ciudadana estadounidense — e incluso formó parte del ejército — no lo era. Un vacío en la ley de inmigración requería que los padres adoptivos acatasen un período de espera de varios años después de una adopción internacional para completar el proceso de nacionalización. Mientras tanto, el gobierno coreano cancelaba de forma rutinaria la nacionalidad del niño. Pero algunos padres, como los de Craig, nunca completaron el papeleo. No se sabe cuántos adoptados internacionales no tienen nacionalidad; algunos defensores estiman que son decenas de miles. El gobierno coreano dice que el futuro de las nacionalidades de hasta 18.000 adoptados es desconocido, aunque admite que históricamente no tiene un buen proceso de registro de datos.

Craig dice que una vez de adulta estuvo cerca de adquirir la nacionalidad por sí misma. Tras alistarse en el ejército, las fuerzas armadas le ayudaron a rellenar el papeleo. Pero no pudo asistir a la ceremonia de juramento porque fue enviada a Alemania antes de ser notificada. Y posteriormente se produjo otro contratiempo: Craig dice que cometió un error y fue expulsada por mala conducta.

«Tengo una tendencia a fastidiar las cosas», dice.

Volvió a los Estados Unidos, consiguió trabajos y tuvo cinco hijos. Se casó una vez pero se divorció. Como madre soltera, estaba muy ocupada para pensar en volver a Corea de visita.

Pero hace unos años, una de sus hijas adolescentes, fan extrema del K-pop, acabó convenciéndola.

«No paraba de escuchar esa música y le dije, “¿Qué escuchas?” Realmente ahora me encanta [la banda de K-pop SHINee], es mi favorita,», dice, riéndose. A Craig le gustaba una canción especialmente, «Please Don't Go», porque contaba una historia de amor perdido o separación. Le recordaba a Corea del Sur.

Sus hijas querían aprender más sobre su origen coreano así que convencieron a Craig de que las llevase a Corea del Sur. No pudo obtener un pasaporte estadounidense, pero descubrió que por 35$ podía conseguir uno coreano. Así que fue a Corea durante tres meses.

Craig dice que desde el principio, sintió una gran identificación — olores familiares, imágenes familiares. Vio las cordilleras al fondo de Seúl y se dio cuenta de que las montañas que dibujaba de pequeña en los Estados Unidos realmente eran recuerdos de Corea del Sur.

Y también ocurrió esto: «La primera vez en mi vida que recuerdo ir andando y me parecía al resto de personas», dice.

Sin embargo, cuando se estaban preparando para volver a casa, Craig perdió su cartera. Tenía la tarjeta de residencia permanente de los Estados Unidos, que tenía que devolver según le habían dicho. Dice que fue a la embajada de los Estados Unidos en Seúl para buscar ayuda pero no se la ofrecieron porque no era ciudadana norteamericana. Una semana después, volvió.

«Intentaron decirme lo mismo. Dije “no, perdonen, no es mi culpa. Yo no pedí esto, soy una residente permanente, ustedes me sacaron de [Corea del Sur], me pusieron en este país [Estados Unidos]. Solo sé hablar inglés, no sé hablar coreano; tienen que ayudarme».

Al final alguien le escuchó y le ayudó y Craig comenzó a darse cuenta de lo complicada que podría ser su situación. No podría conseguir una nueva tarjeta de residencia fuera de los Estados Unidos. Y sin la tarjeta, le dijeron que no tenía la seguridad de que la dejasen entrar.

El viaje de tres meses de Craig a Corea se alargó a tres años. Dice que le ha sido difícil encontrar trabajo. Dos de sus hijos aún están en Estados Unidos e intentan ayudarle, pero Craig tiene deudas. Y con casi 50 años y soltera, tiene dificultades encajando en la sociedad coreana.

«Intento no pensar sobre ello cada día pero quiero volver a casa. Pero no puedo», dice, aguantándose las lágrimas. «Así que no pienso en ello».

Karen Christensen, supervisora de servicios al ciudadano para el Departamento de Estado norteamericano en consulados de todo el mundo, señaló que no podía hablar sobre el caso de Craig pero confirmó que los funcionarios de inmigración sí tienen la decisión final en sus manos en lo relativo a fronteras de entrada. «Eso es técnicamente correcto [aunque] no conozco la frecuencia con la que ocurre», dijo. Incluso si Craig entrase como visitante, podría poner en peligro su situación. Solicitar la renovación de una tarjeta de residencia perdida cuando has entrado a los Estados Unidos como visitante puede constituir fraude.

Christensen dice que entiende los tipos de situaciones a las algunos adoptados han tenido que enfrentarse.

«Los trajeron [a los Estados Unidos] cuando eran niños. Entiendo que es una situación complicada», dijo en un viaje reciente a Seúl. «Estas personas… no fue su culpa no haber hecho algo. Sugiero que ahora que son adultos contacten con el Departamento de Seguridad Nacional y los Servicios de Inmigración y Ciudadanía de los Estados Unidos e intenten nacionalizarse por derecho propio».

Pero no es tan sencillo. Los defensores dicen que los adoptados no disponen de atajos. Tienen que solicitarlo como cualquier otro inmigrante que busque la nacionalidad y puede costar miles de dólares entre abogados y papeleo — por no mencionar el peso psicológico y trauma potencial de tener que soportar un proceso que debería haber sido tratado por sus padres.

En 2001, se modificó la ley para que los adoptados extranjeros fuesen reconocidos como ciudadanos de forma automática. Pero la norma no incluyó a aquellos con más de 18 años en ese momento, como Kim Craig, Adam Crasper y muchos otros. Se ha presentado un proyecto para cubrir ese vacío legal.

Por el momento, Craig sigue esperando volver a su hogar algún día y reunirse con sus otros tres hijos, que no ha visto en todo este tiempo. Pero le costará dinero y posiblemente la ayuda de funcionarios estadounidenses.

Dice que sus hijos y su ira son la fuerza que le hace seguir adelante.

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