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Tres periodistas somalís en Lesbos esperan una vida mejor en Europa

Somali journalists Kamal Hassan and Yassin Abuukar sit at a canteen outside Moria refugee camp in Lesbos, Greece. Credit: Jeanne Carstensen

Los periodistas somalís Kamal Hassan y Yassin Abuukar sentados en una cafetería en el exterior de Moria, un campamento de refugiados situado en Lesbos. Fotografía: Jeanne Carstensen.

Este artículo escrito por Jeanne Carstensen se publicó originalmente en PRI.org el 6 de diciembre del 2016. Se republica aquí como parte de una colaboración entre PRI y Global Voices.

No se permite la entrada a periodistas al campamento de refugiados de Moria en la isla griega de Lesbos. Así que, probablemente nunca hubiera conocido a Kamal Hassan si no hubiera sido por el incendio.

En el mes de setiembre, los refugiados que protestaban en contra de las condiciones deplorables del campamento, prendieron fuego a gran parte de este. Las 4.000 personas que vivían dentro se vieron forzadas a  ser evacuadas al camino que hay fuera de sus puertas.

Estaba en mitad de la caótica multitud con otros periodistas cuando alguien me tocó el hombro. Un joven de ojos oscuros y amistosos se presentó como Kamal Hassan. Me dijo que era un periodista de Somalia y que él y otros dos periodistas somalís habían llegado a Grecia para pedir asilo porque habían sido amenazados por el grupo extremista al-Shabab en Mogadishu.

Pero ahora están atrapados en Moria y necesitan contarme su historia inmediatamente.

Unos días más tarde, regresé al campamento donde Hassan me presentó a Yassin Abuukar y a Kowthar Adraman.

Los tres periodistas me mostraron ansiosos sus credenciales de prensa de los medios de comunicación somalís (Kalsan TV, Horn Cable TV and Radio, TV Mantaa entre otros). Todos tenían menos de 30 años y habían trabajado como periodistas en la capital somalí desde que eran adolescentes. Todos habían sido atacados por al-Shabab varias veces, apuntan. Sus vidas corrían peligro, por lo tanto, dejaron Somalia y llegaron a Grecia con la esperanza de conseguir asilo en Europa.

Los sirios, afganos e iraquís representan la mayor parte de la población de refugiados formada por 16.000 personas que se encuentran en Lesbos y otras islas griegas y esto hace que, a menudo, se ignore a los refugiados africanos. Aparte de los somalís, Moria cuenta con migrantes de Sudán, Eritrea, Ghana, Congo, Sierra Leona, Camerún, Marruecos, Egipto, Algeria, Mali, Gambia y Uganda. El deseo es conseguir el estado permanente como refugiados o migrantes económicos en algún país europeo, sin embargo, tienen pocas posibilidades.

Adraman tiene solo 21 años. Dice que es la única periodista somalí que ha construido y maneja su propia página web de noticias, que se llama Kowtharmedia.com, acompañada de su propia canción.

Trabajar como periodista en Somalia desde los 16 años ha hecho fuerte a Adraman. Al-shabab es conocido por amenazar a los periodistas en casa. Por ello, para protegerse a sí misma y a su familia, vivió en una casa segura con otras periodistas durante los últimos cinco años. Veía a su madre solo una o dos veces al año.

“Ahora huyo de Somalia pero antes ya había tenido que huir de mi familia para protegerlos”, dice.

No obstante, estas precauciones no la han protegido de recibir amenazas de muerte frecuentes de al-Shabab por teléfono y por mensaje. Consiguió escapar por poco en dos atentados bomba, uno en una cafetería y otro en un hotel de Mogadishu.

Dejó Somalia porque sentía que su vida se estaba agotando.

Kamal Hassan, Yassin Abuukar and Kowthar Adraman are pictured here at Moria refugee camp. Credit: Jeanne Carstensen

Kamal Hassan, Yassin Abuukar y Kowthar Adraman, fotografía en el campamento de refugiados Moria. Fotografía: Jeanne Carstensen.

Somalia es uno de los lugares más peligrosos para ser periodista. Un estado fallido donde los extremistas y las organizaciones criminales actúan con total impunidad, el país aparece en las últimas posiciones de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras.

El Comité para la Protección de los Periodistas lo sitúa en primer lugar en su Índice de Impunidad Global ya que muchos periodistas están amenazados y son asesinados.

“Somalia es muy peligroso para cualquier persona que tenga una opinión o un mensaje que no agrade a las personas que tienen armas”, dice el periodista Murithi Mutiga, corresponsal del periódico británico The Guardian en Nairobi y representante del Comité para la Protección de los Periodistas en el este de África.

Hassan también recibió amenazas de al-Shabab. Al igual que Adraman, no podía vivir en su casa. Un día, en una rara ocasión cuando intentaba visitar a su madre notó que le seguían hombres sospechosos. En cuanto empezó a correr, le dispararon. No resultó herido, pero fue el colmo. Huyó de Somalia y fue a Turquía donde pagó a un traficante para cruzar en lancha a Grecia.

Hassan conoció a Yassin Abuukar en la lancha.

Los problemas de Abuukar comenzaron en el 2008 cuando al-Shabab le secuestró tras negarse a trabajar para su medio de comunicación, Radio Koran. Lo liberaron después de que su familia pagara un rescate. Luego volvió a ser secuestrado pero se consiguió escapar la noche anterior a ser ejecutado.

En el 2012 volvió a librarse por poco de la muerte, lo atacaron militantes en Mogadishu mientras trabajaba con el conocido periodista Hassan Absuge. Abuukar consiguió escapar pero Absuge fue asesinado. El año pasado, al-Shabab bombardeó la casa donde vivían la mujer y el hijo de Abuukar. Él no estaba allí, su mujer resultó herida y su bebé fue asesinado.

En ese momento decidió huir de Somalia para siempre.

Abuukar, Hassan y Adraman esperan poder regresar algún día a su país y seguir trabajando como periodistas. Hasta entonces, su sueño es llegar a Londres, que tiene una escena periodística somalí próspera. Sin embargo, es poco probable que alguien de aquí que no sea sirio reciba asilo.

Por ahora, los periodistas están atrapados en Moria esperando sus audiencias para la solicitud de asilo. Según el acuerdo sobre migrantes entre la Unión Europea y Turquía, no pueden abandonar la isla hasta que sus casos se hayan decidido. Pueden enfrentarse a una deportación a Turquía considerado un país tercero seguro para los migrantes, pero en el que no pueden trabajar legalmente. En Somalia, tendrían ciertos problemas.

A pesar de las incógnitas, la ambición de Adraman no ha parado ni un poco. Cuando tiene buena conexión a Internet en el campamento, actualiza su página web con vídeo-reportajes de otros periodistas somalís. “Necesito contarle a mi gente todo lo que está pasando en el mundo, quiero que mi página sea conocida”, apunta.

El artículo de Jeanne Carstensen en Grecia fue apoyado por el Centro Pulitzer para el Reportaje de Crisis.

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