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Cinco cosas que están destrozando Afganistán y los proverbios locales que ayudan a explicarlas

Graffiti Art

Un grafiti en las calles de Kabul, que dice: “las heridas del país necesitan sanar”.

La cobertura mediática internacional de Afganistán se centra de forma abrumadora en la guerra; los daños recogidos por la OTAN/Misión de “Apoyo Resuelto” y sus ataque aéreos, las atrocidades cometidas por grupos radicales, los abusos de las tropas del gobierno sobre la población civil.

Pero si la guerra desapareciese mañana, los afganos seguirían estando sacudidos por problemas sociales. He aquí sólo cinco cuyo impacto en el país es claramente visible, y perfectamente explicables con la ayuda de un buen proverbio afgano.

1. Salida de capital

Dubai and Kabul

De izquierda a derecha: Rascacielos de Dubai y una mendiga en Kabul

Los afganos tienen un dicho “comer sal y romper el salero”. El país es muy conocido como el más corrupto, pero no se hacen los suficientes intentos por investigar el dinero que sale –con frecuencia procedente de donantes internacionales– hacia compañías privadas de Dubai, y otros países de Medio Oriente, propiedad de amigos y familiares de los “leones” de Afganistán, como a la clase política le gusta llamarse a sí misma.

Esta tendencia le cuesta al país billones de dólares, y refuerza el corrupto status quo al asegurar que los viejos políticos, que tan poco le han dado al país recientemente, expandan su fortuna e influencia. Traer dinero a Afganistán, ya sea como ayuda o inversión, es una cosa. Detener su salida es un desafío totalmente diferente.

2. Insultos tribales

Tribal insults

Pelea de perdices a las afueras de Kabul. Foto de Najeeb Azad.

Los insultos tribales tienen muchas raíces –desde el “divide y vencerás” del colonialismo británico a las guerras entre líneas étnicas en las últimas décadas–. Un montón de purza goya (charlatanes) de alto nivel usan insultos tribales para subyugar y controlar a otras tribus. Estas injurias deberían ser documentadas regularmente como ejemplos del discurso del odio que suele hacerse eco en las redes sociales.

Alrededor de cuarenta tribus viven en Afganistán, cada una de las cuales representa una cultura, una lengua, y unas tradiciones propias y distintivas. Los afganos tienen un dicho “de una mano no sale sonido”, que sugiere que el desarrollo y el progreso son iniciativas colectivas. Pero las figuras públicas sectarias dañan a los grupos que no son el suyo de diferentes formas. A veces los insultos son sutiles, como cuando se da a entender que los Wardakis (residentes de la provincia de Maidan Wardak) y los Laghmanis (residentes de la provincia de Laghman) son astutos y no dignos de confianza, mientras que en otras ocasiones los insultos son abiertamente discriminatorios, como al referirse a los Hazaragis (gente de la tribu Hazara) como “narices chatas”.

El objetivo es siempre el mismo; prevenir la aparición de una identidad nacional afgana, y mantener así su poder sobre grupos específicos.

3. Mirar hacia atrás, y no hacia adelante

Ruined tank

Los restos de los héroes nacionales afganos. Foto de Najeeb Azad.

Afganistán tiene muchos héroes nacionales; cada tribu considera a su líder como tal “héroe nacional”, y la mayoría de estos héroes nacionales aparecieron durante los treinta años de guerra civil.

En las oficinas de las organizaciones del gobierno, uno puede ver a menudo fotos del cabecilla de la tribu de la oficina. Algunas de estas leyendas locales, inevitablemente, vieron masacres de grupos de ciudadanos afganos a lo largo de sus vidas.

Una evaluación objetiva de la historia, y de los papeles jugados por estos “leones” del pasado es esencial para que Afganistán tenga un futuro nacional. Los jóvenes afganos usan un proverbio para criticar la visión, demasiado buena, que de los viejos héroes tienen sus compatriotas mayores: “los afganos no tienen buenas personas vivas, ni malas personas muertas”. Otro proverbio, más antiguo, tiene un enfoque similar: “una cabra muerta tiene cuernos de oro”.

4. Una línea en la arena

Durand Line

La línea divisoria en Dragon Valley, Bamyan, Afganistán.

La línea Durand que marca la división general entre Afganistán y Pakistán es una rica fuente de sangre para que los grupos insurgentes con base en cualquiera de los dos países se muevan de un lado a otro de la porosa frontera para llegar a su vecina surasiática. Los políticos afganos no suelen reconocer la línea como frontera oficial entre los dos países, y argumentan que el rey afgano que firmó el acuerdo de la línea Durand con la India británica lo hizo bajo coacción británica.

Si bien ese pudo ser el caso, la reticencia afgana a reconocer la línea como frontera han ayudado a que las relaciones con su poderosa vecina sigan siendo malas, mientras que la línea misma divide las comunidades Pastún a cada lado, avivando el resentimiento. Resolver el dilema Durand puede significar para Afganistán la cesión de algunos terrenos a Pakistán, pero como dice el proverbio, “detener tus pérdidas es una ganancia”.

5. Deudas de matrimonio y el Hajj

Desnutrición infantil, Afganistán. Foto de Najeeb Azad.

“Extender las piernas a la longitud de la alfombra”, es un proverbio afgano que equivale a “vivir dentro de tus posibilidades”. Desafortunadamente, allá donde las bodas sirven para mejorar el estatus, y se ejecuta la peregrinación Hajj, muchos afganos no hacen tal cosa.

A diario se muere de hambre, mujeres y bebés mueren en el parto, los jóvenes toman peligrosas e ilegales rutas para buscar asilo en el extranjero, y también se unen a grupos violentos radicales. En este contexto, las enormes cantidades de dinero que se gastan en el Hajj son similares al dinero que sale del país camino de Dubai; otro tipo de Hajj podría ser llevado a cabo, apoyando a familias pobres, iniciativas para la salud, y jóvenes empresarios.

Muchos de los pobres rurales del país, por razones financieras y burocráticas, nunca hacen la peregrinación a la Meca. Pero, inevitablemente, tomarán dinero prestado para grandes bodas mientras que la dote puede arruinar a las familias que tienen más hijas que hijos. Las bodas y otros eventos familiares ofrecen una gran distracción del estrés del día a día, hasta que llega la factura. Esta tendencia de gastar más de lo que se debería en un disfrute momentáneo nos trae otro famoso proverbio a la mente: “la cabra se preocupa por su vida, el carnicero por la grasa”.

Ver también: 9 cosas para amar Afganistán

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