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Oda a los soñadores caídos: la Juventud Revolucionaria Siria

Syrian Revolutionary Youth Banner

Banner de los jóvenes revolucionarios sirios

“La única venganza a la que aspiro es ver un día triunfantes los ideales por los que he luchado y por los que tantos hombres y mujeres de este país perdieron su vida y su libertad”. 

Marcos Ana, poeta comunista que pasó 23 años en las prisiones del General Franco

Aquellos que no vivimos bajo los bombardeos y el asedio en Siria, tenemos el privilegio de evitar o tratar de evitar el espectáculo público de crueldad y muerte.

En un intento inútil de escapar de los horrores actuales de Alepo e Idlib, busqué refugio en un lugar familiar: el amplio archivo visual de las manifestaciones, sentadas, flashmobs y campañas de graffiti.

A través de las imágenes que hemos heredado, somos testigos de hasta la protesta más pequeña en las periferias rurales abandonadas, cada una es lo suficientemente importante como para subir el vídeo a YouTube junto a sus mejores deseos.

The Syrian Revolutionary Youth symbol graffitied on a Damascus wall. Source: Marxsite.

Un graffiti del símbolo de los jóvenes revolucionarios sirios en un muro de Damasco. Fuente: Marxsite.

Sobre si tener acceso a esa memoria es una bendición o una maldición, ahora no tengo ni idea. De lo que estoy seguro es que mi hundimiento en la nostalgia ha sido igual de doloroso, porque ahora conozco el futuro que hubiera esperado a los esperanzados.

Cuando los sirios publicaron estas imágenes, lo vimos como un testamento para el mundo y para ellos mismos sobre su existencia. Años más tarde, en retrospectiva, podríamos preguntarnos entonces si también esperaban lograrlo cuando las llamas inevitables del nihilismo y de la guerra civil incendiaban su tierra (presente y futura) si hubieran sido capaces de salvar los fragmentos de su memoria colectiva de las cenizas del revisionismo. Que, a lo mejor, deberían haber conservado un conjunto de pruebas para demostrarse a sí mismos lo que hicieron para levantarse, que no era un sueño pasajero. Que, incluso después de que el conquistador y su jubilosa comitiva cantaran victoria en las ruinas de su patria, los sirios pudieran aferrarse a las canciones que cantaron un día, las calles por las que marcharon, las plazas que les pertenecían.

Para hacer frente a mi impotencia ante la masacre; para conservar los fragmentos restantes de mi cordura; para convencerme de que los años 2011 y 2012 han pasado de verdad y no han sido un capítulo sacado de una novela distópica, en ocasiones, necesito volver a ver aquellos vídeos, en concreto, aquellos que subió la Juventud Revolucionaria Siria. Grito con ellos, suspiro por su valentía y me pregunto: ¿cuántos de estos que gritan siguen vivos? ¿es más fácil contar los que siguen vivos o los que están muertos?

¿Cómo ese estallido de esperanza podía ser tan inquietante e inimaginablemente emocionante? ¿Cómo las voces de un grupo de jóvenes sin miedo podían hacer tanto ruido, más que los misiles, más que las balas, más que el coro estrafalario alabando al Líder Eterno, más que los pomposos discursos pronunciados por los predicadores sectarios con millones de seguidores en las redes sociales?

Translation:

Banner de las peticiones de los jóvenes revolucionarios sirios que dice: dignidad, justicia social, civismo, estado civil, igualdad, poder judicial justo, separación de poderes, seguro de salud, derechos de la mujer, derechos humanos, seguridad social, educación pública, democracia, libertad de expresión, medios de comunicación independientes, separación entre religión y estado. Pan y Libertad.

¿Recuerdan cuando la Juventud Revolucionaria Siria pedía pan, libertad y justicia social al mismo tiempo en que las élites de la oposición política insistían en decir que la revolución era sobre libertad y democracia electoral?

¿Recuerdan cuando se reunía en el barrio damasceno de Rukneddine y le cantaban a Gaza y entonces uno de sus camaradas, un refugiado palestino de Haifa, añadía: “¡Oh Haifa, estamos contigo hasta el final!”?

¿Recuerdan cómo trabajaban y organizaban conjuntamente, hombres y mujeres, no porque nadie lo impusiera sino porque creían de forma sincera en la igualdad de género?

¿Recuerdan cómo se burlaron y rechazaron la intervención extranjera mientras que las élites de la oposición política estaban ocupadas arrastrándose ante Estados Unidos y otras potencias extranjeras?

¿Recuerdan cómo optaron por seguir siendo independientes y rechazaban la financiación externa cuando muchos otros grupos más famosos habían empezado ya a depender de la ayuda exterior dictada por los programas de donantes?

¿Recuerdan cómo se enfrentaban a la represión y desafiaban al importante sistema de seguridad e inteligencia sirio, semana sí, semana también hasta el mes de junio del 2013, para mostrar su apoyo a las ciudades y pueblos asediados?

¿Recuerdan lo alentadora que era su posición sobre la unidad nacional real en medio de la creciente incitación y alarmismo social?

Probablemente importe poco ahora, pero merecen ser recordados y honrados.

Eran hermosos y jóvenes, y tenían un corazón tan grande como Siria.

Eran obstinados, imprevisibles y un poco imprudentes. Y sobre todo, eran tremendamente valientes, demasiado valientes.

Muchos de ellos se han ido pronto, sin despedidas. Se han ido, pero sus voces permanecerán y, con ellas, nuestro sentimiento de culpa permanente.

El día 30 de diciembre del 2013 nueve miembros de la Juventud Revolucionaria Siria fueron arrestados por las fuerzas de seguridad sirias: a dos los detuvieron en la universidad por la tarde y a los otros siete en una casa del barrio de Rukneddine en una redada nocturna.

Seis fueron asesinados a base de torturas en las cárceles del régimen sirio, uno por uno, sueño por sueño: Roudin Ajek, Fayez al-Ayoubi, los hermanos Muaz y Qusai Burhan, Amer Zaza e Imad Ghanam.

En diciembre del 2014, se confirmaron finalmente las muertes de Imad y Amer a causa de las torturas, meses después de su muerte real, a través de una fría, indiferente y maleducada llamada de las fuerzas de seguridad a los miembros de sus familias: “tu hermano está muerto. Ven a recoger su documento de identidad y sus pertenencias”.

En repetidas ocasiones, se le pide a los sirios que aporten pruebas que corroboren las masacres del régimen sirio. Pero, ¿cómo pueden los padres, familiares y amigos de aquellos a los que han matado a base de torturas presentar esas pruebas cuando lo único que se les da es una hoja de papel mojada y el pañuelo que llevaban puesto sus seres queridos durante el arresto? ¿Cómo pueden satisfacer la neutral y profesional obsesión con eficacia y veracidad cuando no tienen ni idea de dónde han enterrado a su ser querido, si es que lo han hecho, o cómo lo han torturado o incluso por qué motivo lo detuvieron?

Imad Ghanam no había cumplido 26 años cuando fue asesinado y torturado. Imad era miembro fundador de la Juventud Revolucionaria Siria, un colectivo de izquierdas desarmado de Damasco, y fue arrestado junto a otros dos miembros del mismo colectivo en noviembre del 2012. Sobrevivieron y fueron liberados en febrero del 2013.

Unos meses más tarde, el 31 de mayo del 2013, los palestinos celebraron el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Sirio y organizaron pequeñas protestas en la ocupada Puerta de Damasco de Jerusalén. Imad me pidió llevar la pancarta de la Juventud Revolucionaria Siria durante la protesta. “Solo así podremos cumplir nuestro sueño de visitar Jerusalén, aunque sea a través de una pancarta”.

Su elocuencia y su madurez política eran sorprendentes, y su compromiso con la causa palestina era admirable. “El conflicto palestino ha inspirado nuestra revolución”, añadió, “y Palestina está presente en nuestras protestas no solo a través de banderas, signos y cánticos sino también a través de los refugiados palestinos que protestan con nosotros siempre”.

Imad se mudó a Egipto después de su liberación. Vivió allí durante breve período de tiempo antes de decidir volver a Siria. Era arriesgado, pero el joven estaba demasiado unido a Siria y al levantamiento y los eligió antes que la seguridad del exilio.

No me pude poner en contacto con Imad después de su vuelta a Siria. Nunca le pude decir lo mucho que le echaba de menos o preguntarle cómo estaba.

Cuando tienes amigos que viven bajo una amenaza constante de arresto, desaparición forzosa o bombardeo, asegúrate constantemente de que saben lo mucho que significan para ti. No pospongas la llamada o el mensaje para mañana porque puede no haber un mañana. Disfruta cada conversación, quédate con los recuerdos, valora sus sonrisas, recuerda las primeras palabras y la última canción que compartiste con ellos. No esperes que te contesten la próxima vez que les llames o escribas. No des por sentada su presencia.

Otro amigo al que dimos por sentado fue Jihad Asa'ad Muhammad. Quizás porque era extrovertido y prolífico. Quizás porque sus escritos expresaban todo lo que no conseguía decir o porque quizás pensábamos que era demasiado fuerte para desaparecer. Pero ya van tres años, cuatro meses y siete días desde que lo arrestaron. El hombre que escribió sobre la lucha heroica de las madres de los desaparecidos en Siria, es ahora el desaparecido.

Cuando tienes amigos que desaparecen, primero cuentas los días desde que alguien habló con él por última vez. Los días se convierten en meses. Ahora, los contamos por años. Estos años coquetean con nuestra esperanza desvanecida y ponen a prueba nuestra frágil voluntad y, aún así, nos aferramos a la esperanza firme de las madres. El corazón de Umm Jihad le dice que volverá pronto y siempre se debe creer en lo que dice el corazón de una madre. En cierto modo.

Pero cuando liberen a Jihad, ¿cómo vamos a mirarle a los ojos y a admitir que la revolución ha sido derrotada? ¿Que los sirios han quedado atrapados entre un dictador envalentonado y una retahíla de guerreros ansiosos de poder y control que se aprovechan del sufrimiento de la gente? ¿Que nuestras peticiones se han visto reducidas a suplicar a los expertos, analistas y turistas de guerra que se callen durante un momento para que podamos contar a nuestros muertos en paz?

Cuando liberen a Jihad y nos pregunte por Homs, Alepo, Qalamoun, Mleiha, Harasta, Zabadani, Douma y Yarmouk, ¿qué deberíamos decirle?

Y cuando pregunte sobre sus amigos que sabemos que han sido asesinados y torturados o sobre su familia que ha desaparecido y ha sido destruida, ¿nos limitamos a señalar los escombros o la tumba de su padre y permanecemos en silencio? ¿O simplemente le pedimos que cante? ¿Que cante por los caídos y por aquellos que engañan a la muerte, por los sueños rotos, por la Siria que pudo haber sido y por los soñadores a los que nunca olvidaremos?

“En los tiempos oscuros
¿Todavía cantaremos?
Sí, cantaremos
Sobre los tiempos oscuros”

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