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Un año viviendo estratégicamente

The Global Voices core team, with Mexico contributor Juan Tadeo and digital security expert GIllo Cutrupi. Photo: Jeremy Clarke

El equipo central de Global Voces en Coyoacán, Ciudad de México, con el colaborador de México Juan Tadeo, y el experto en seguridad digital Gillo Cutrupi. Foto: Jeremy Clarke.

El mes pasado, el equipo central de Global Voices se reunió en Ciudad de México en un retiro de cuatro días. Normalmente conseguimos reunirnos una vez al año, pero la última vez que conseguimos juntarnos todos fue en enero del 2015, después de la Cumbre GV en Cebú, Filipinas. Si bien nos hemos vuelto muy eficientes trabajando como un equipo virtual, nada mejor que un par de días cara a cara para discutir y solucionar problemas difíciles, sugerir nuevas ideas, y elaborar planes para proyectos.

What planning session is complete without a cloud of sticky notes on a wall?

¿Qué sesión de planificación está completa sin una nube de notas en una pared?

Nuestra reunión en Ciudad de México fue especialmente importante para soñar y planear estrategias, ya que el 2017 promete ser un año vital en el futuro de Global Voices. Nos enfrentamos a una amenaza de metástasis a la idea de la verdad en las noticias y la información de muchos países a lo largo y ancho del mundo. Esta es una tendencia que se está acelerando y que hemos observado y luchado por combatir desde nuestra fundación, hace más de una década. Al mismo tiempo, las conversaciones online ocurren ahora de forma predominante en plataformas de redes sociales, ordenadas por el filtrado algorítmico de historias y voces, que crea filtros para nuestras realidades que pueden resultarnos totalizadores. Es descorazonador, pero no sorprendente, saber, por ejemplo, que internet en Myanmar se desarrolla ahora principalmente en Facebook, y que en muchas comunidades la capa de aplicación es la única parte de internet que la gente llega a experimentar.

Por supuesto, la idea de que el espacio online fue en algún momento libre y abierto siempre ha sido sospechosa para las comunidades acostumbradas al filtrado del gobierno y la vigilancia. Esto es cierto donde muchos de nosotros vivimos y trabajamos, como en China, Bahréin, o gobiernos recientemente más agresivos, como Turquía.

Los desafíos que enfrentamos cuando formamos esta comunidad siguen ahí, tan grandes como siempre, pero su naturaleza ha cambiado. Tenemos menos visibilidad, y quizá menos constancia de lo que pasa en los medios de comunicación digitales que median en nuestros pensamientos. Podemos ver estos cambios en cómo los lectores interactúan con nosotros. Por ejemplo, los mayores picos de actividad en el ‘tráfico’ de Global Voices solían liderarlos eventos de la vida real. Cuando un terremoto sacudió la provincia china de Sichuan en el 2008, sabíamos que el interés en nuestras historias estaba ligado a la documentación personal que los ciudadanos chinos estaban compartiendo en internet, y que nosotros traducíamos y analizábamos. En el 2011 nuestro crecimiento en visitas se debía a nuestros informes sobre el levantamiento árabe y el tsunami y terremoto de Japón, y durante ese tiempo podíamos ver picos de actividad unidos a eventos mundiales –desastres naturales, levantamientos políticos y transiciones, protestas y conflictos, etc.

A lo largo de los últimos años, sin embargo, hemos apreciado un cambio en la atención y el compromiso. Ahora los picos también concuerdan con fenómenos online, que están desconectados o fuertemente mediados por más fenómenos de este tipo. Son eventos de atención más que eventos reales –liderados e influenciados por algoritmos–. Un ejemplo es el efecto de un enardecedor tuit de Donald Trump, al que los medios de comunicación dan más tiempo y atención que a otros acontecimientos más importantes que pueden estar ocurriendo al mismo tiempo. Estos acontecimientos clave pueden no entrar en el conocimiento de mucha gente porque no se les da el mismo ‘amor algorítmico’ que a otros más superficiales y sensacionalistas, ya sea de forma intencional o no.

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Web de tráfico de Global Voices, 2008-2011. Los picos se relacionan con eventos de actualidad.

Nosotros, en Global Voices, nunca hemos encontrado el debate del ciber-escepticismo contra la ciber-utopía ni interesante ni útil. Nos centramos más en el, con frecuencia, problemático campo de la interacción y el discurso humano, y reconocemos que las tecnologías son herramientas diseñadas y construidas con el potencial de servir o dañar los intereses humanos. Es, claro, difícil predecir los efectos morales de la mayoría de tecnologías. Si bien es posible diseñar tecnologías con la idea de apertura, de acercar posturas, o de empatía, esa intención nunca es suficiente en sí misma para garantizar el beneficio de los individuos, de la comunidad, de la gente. Y eso es por la simple razón de que no todos estamos de acuerdo en qué valores deberían sustentar nuestra sociedad.

Dicho eso, somos muy conscientes de que los valores que apoyan el control de mercados y gobiernos dominan cada vez más las redes móviles y de internet. Algunos creen que esos valores dirigen el progreso humano; pero los intereses de los mercados y los gobiernos no son necesariamente los mismos. Sin embargo, sus intereses están entrelazados en el deseo de entender, catalogar, y ordenar la actividad humana, con el resultado de que gran parte de nuestras vidas cibernéticas está continuamente vigilada y monitorizada por compañías de redes sociales, anuncios y aplicaciones de terceras partes, y agencias del gobierno. Los gobiernos de demasiados países son conscientes, y buscan, el control del discurso online, en un intento por manejar, controlar, y gobernar a sus poblaciones, ya sea por estrategia propia de un autoritarismo, o para seguirle la pista a parte de la población en la que no confían. Con demasiada frecuencia ven la idea de medios ciudadanos –de la capa digital de conversaciones que acompaña y aporta a nuestras vidas– como una amenaza para el orden, una amenaza para los varios niveles de poder que controlan los gobiernos, las oligarquías, regímenes, y mayorías étnicas, sectarias o económicas.

Como consecuencia, es ahora un mayor desafío, más arriesgado, y a veces simplemente peligroso, producir el tipo de historias que nosotros producimos. Los colaboradores de Global Voices en Bangladesh, Etiopía, Siria, Baréin, Macedonia, Marruecos, Venezuela, Cuba, y tantos otros países, se enfrentaron a amenazas personales en el 2016. En algunos casos esos individuos han elegido dejar de escribir o colaborar con nosotros y otras plataformas de internet por su seguridad. Otros se han autocensurado, o se han ido a otros países.

Se espera que este tipo de amenazas continúen en el futuro. Sabemos que el abanico de tácticas disponibles para ensordecer las voces en tantos países es variado y efectivo –desde campañas de desinformación que distorsionan y confunden, como la actual histeria con las noticias falsas; hasta amenazas a los sistemas, como los DDOS (Ataque de denegación de servicio); y también formas más directas, como el seguimiento informático, el hacking, y el robo de información personal; o las opresivas leyes que se usan para silenciar o encarcelar; la violencia física y el asesinato.

Entrar y participar en el crecientemente adverso y hostil campo del discurso público es desalentador, incluso amenazador para muchos. Y sabemos que incluso los que atacan bien podrían convertirse en objetivos en la siguiente oleada de crueldad. El modelo chino del ‘buscador de carne humana’ está disponible para todos nosotros, y la idea de la mafia está cambiando nuevamente, de vuelta a la atávica definición empleada en los siglos XIX y XX, para describir nuestras más oscuras y violentas partes subsumidas dentro de dinámicas de grupo. En este contexto, las comunidades de apoyo y y práctica que defienden los principios y normas del discurso online parecen más importantes que nunca.

Ese pensamiento me devuelve a nuestras conversaciones en Ciudad de México. Nos pasamos un buen rato hablando sobre el lenguaje –sobre palabras que puedan capturar la esencia de la razón de ser de Global Voices–. Después de muchos intentos, dimos con el borrador de una simple y vigorosa declaración de principio que es, espero, el punto de partida de cualquier estrategia, y, quizá de alguna forma, una estrategia en sí misma. Y dice así:

We acknowledge and celebrate that individual attention and human connection are central to building bridges across countries and languages, regardless of origin, standing, or access to power.

Reconocemos y celebramos que la atención individual y la conexión humana son centrales para tender puentes entre países e idiomas, sin importar origen, posición, o acceso al poder.

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