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La difícil tarea de construir una coalición inclusiva liderada por mujeres para resistir a Trump

Marcha de las Mujeres en Washington DC. Fotografía de Elly Clarke tomada de Flickr bajo la Licencia CC BY-NC 2.0.

La Marcha de las Mujeres en Washington D. C. reunió a más de medio millón de mujeres y sus aliados el 21 de enero en defensa de los derechos de las mujeres y en respuesta a la toma de posesión de Donald Trump como presidente de EE. UU. El movimiento ha inspirado “marchas hermanas” en todo el mundo, incluyendo una en Los Ángeles que atrajo por lo menos a 650,000 personas.

Los principios unificadores de la marcha incluyen el fin a la violencia, el apoyo a los derechos reproductivos; los derechos de los trabajadores, de la gente con discapacidades y de las minorías sexuales; los derechos civiles, la libertad de religión, la inmigración y la justicia ambiental. Su mensaje tiene como propósito desafiar una elección presidencial marcada por el racismo, la islamofobia y el sexismo, además de una retórica llena de odio.

La idea de organizar la Marcha de las Mujeres empezó a tomar forma al tiempo que Trump ganaba la mayoría de votos del Colegio Electoral de los Estados Unidos. El 9 de noviembre del 2016, un día después de las elecciones, una mujer con el nombre de Teresa Shook creó un evento en Facebook e invitó a la gente a una marcha en Washington para protestar por la victoria de Trump.

Con el tiempo, la cabeza de operaciones de campaña trajo a bordo a la líder de los derechos civiles de los afroestadounidenses Tamika D. Mallory, a la activista mexico-estadounidense Carmen Perez y a la activista islámica palestina-estadounidense Linda Sarsour, para que fungieran como copresidentas. Este esfuerzo se llevó a cabo para asegurarse de que la marcha incluyera a mujeres de color—un término estadounidense comúnmente utilizado para representar a las mujeres no blancas dentro del contexto de resistencia a un racismo sistémico y exclusivista—en posiciones de liderazgo.

La copresidenta nacional Carmen Perez es la directora ejecutiva de The Gathering for Justice (Reunión para la Justicia), una organización basada en Nueva York que tiene como objetivo poner fin a la encarcelación juvenil y a las desigualdades raciales en el sistema de justicia penal local. Además de ser graduada de la Universidad de California en Santa Cruz, Perez ha sido activista por un largo tiempo. También ha fundado organizaciones para jóvenes de color, como R.E.A.L. (Reforming Education, Advocating for Leadership; por sus siglas en inglés, Reformando la Educación y Abogando por el Liderazgo) y The Girls Task Force (Cuerpo especial de niñas o mujeres).

Siempre estaremos JUNTAS EN MUTUO APOYO, porque nuestra liberación está entrelazada entre nosotras.

Perez, una chicana nacida en la pequeña ciudad californiana de Oxnard, habló recientemente con un corresponsal del sitio web latinx Mitu y explicó sus motivos para involucrarse en la marcha:

I felt a responsibility to my community, particularly being Mexican-American, my mother being from Mexico and my father being from California and Chicano. This president used racist rhetoric targeting my community. I felt it important to be front and center of this march.

Siento que tengo una responsabilidad hacia mi comunidad, sobre todo siendo mexico-estadounidense, mi madre es de México y mi padre es californiano y chicano. Este presidente usó una retórica racista dirigida a mi comunidad. Sentí que era importante estar al frente de esta marcha.

Al discutir sobre sus esperanzas de la marcha, Perez agregó:

I want it to reflect that when women come together in solidarity we can actually create opportunities for other women and also make sure that we are intentional and intersectional about the issues that we care about.

Quiero que la marcha refleje que cuando las mujeres se unen en solidaridad, realmente podemos crear oportunidades para otras mujeres y también asegurarnos que ser intencionadas e interseccionales sobre los problemas que nos interesan.

Aun cuando se reconoce la presencia de mujeres de color en la directiva de la marcha, las reacciones de las mujeres de color y de la comunidad lesbiana, gay, bisexual, transgénero, queer, intersexual y asexual (LGBTQIA), reflejan los desacuerdos sobre lo que algunos perciben como un movimiento feminista predominantemente blanco.

Posteriormente a la marcha, escritores y activistas de color publicaron artículos criticando la falta de responsabilidad del movimiento al respecto de la violencia histórica contra las mujeres de color. Debido a esta falta inicial de mujeres de color en el liderato de la marcha, hubo una inquietud que el nombre original del movimiento, “The Million Women March” (La marcha de un millón de mujeres), intentó apropiarse de una protesta organizada en 1997 por mujeres de raza negra en contra del racismo y la opresión sexista. Esto, junto con la percepción de una falta de criticas antirracistas de los participantes, hizo que muchas mujeres de color no fueran a la marcha del 21 de enero en Washington.

La comunidad trans también criticó el movimiento. Muchas participantes de las marchas usaban “sombreros de coño” (pussy hats) rosas y sostenían letreros en defensa de sus vaginas y órganos reproductivos. Las mujeres trans argumentaban que poner a la vagina como símbolo de la feminidad era transfóbico. Hicieron un llamado a las mujeres heterosexuales para hacer su lucha de derechos reproductivos más inclusivo. El uso de ovarios y del útero como símbolos de protesta se remonta al movimiento de derechos reproductivos; el uso del “coño” es también una respuesta a los comentarios que Trump ha hecho al respecto de sus tácticas sexuales agresivas hacia las mujeres: “Agárralas por el coño. Puedes hacer lo que quieras”. El ahora presidente fue filmado haciendo ese tipo de comentarios despectivos a una personalidad de televisión en los Estados Unidos mientras estaban en el set de un programa, pero fueron revelados públicamente en octubre del 2016 cuando estaba en medio de su campaña electoral.

Sin embargo, el compromiso al feminismo interseccional — el concepto utilizado para describir que las mujeres son a menudo miembros de otros grupos marginalizados, creando experiencias que también influencian sus vidas — fue evidente entre muchas de las personas que se unieron a las marchas de mujeres este mes.

Usando la etiqueta #WhyIMarch (Porqué voy a la marcha), muchas mujeres y miembros de la comunidad LGBTQIA compartieron sus razones para participar. Desde afirmar su compromiso a la defensa propia y la protección de la salud reproductiva hasta la defensa del matrimonio homosexual, cientos de mujeres de color escribieron en los medios sociales sobre las razones de su manifestación:

¿Puedo vivir?

Porque los inmigrantes vienen para quedarse y son los que hacen grande a esta nación.

Para que mi esposa y yo podamos seguir casadas.

Para muchas mujeres de color, se hayan unido o no a la marcha del 21 de enero, la xenofobia y el racismo que se muestra en los medios sociales y en las políticas del gobierno de Trump son una llamada de clarín al activismo.

Horas después de la marcha de las Mujeres en Washington, Linda Sarsour, copresidenta nacional de la marcha, fue acusada en línea de tener lazos con Hamas, considerada una organización terrorista por los Estados Unidos, la Unión Europea, Israel y otros países. Al poco tiempo la etiqueta #IMarchWithLinda (Yo marcho con Linda) empezó a ser tendencia en los medios sociales por los cientos de mujeres y organizaciones que mostraban su apoyo a la activista.

En su discurso del día de la marcha, transmitido por ABC News, Sarsour se refirió a la necesidad de enfrentarse al futuro con valentía y al compromiso a una solidaridad más extendida entre las mujeres:

Fear is a choice, we are the majority, we are the conscious of these United States of America, we are your moral compass. If you want to know if you are going the right way follow women of color, brothers and sisters. We know where we need to go and we know where justice is.

Tener miedo es una opción, nosotras somos la mayoría, somos la conciencia de estos Estados Unidos de América, somos su ejemplo a seguir. Hermanos y hermanas, si quieren saber cual es el camino correcto, sigan a las mujeres de color. Sabemos a dónde necesitamos ir y sabemos dónde se encuentra la justicia.

En los primeros días de su gobierno el presidente Trump ha demostrado su compromiso a las promesas que hizo al respecto de restringir el acceso a los abortos y otros servicios de salud reproductiva. El 23 de enero, tal como todos los presidentes republicanos desde Ronald Reagan en 1984, Trump promulgó la así llamada Mexico City Policy (Política estadounidense respecto al aborto en la Ciudad de México), también conocida como Global Gag Rule (Ley Mordaza Global).

La Global Gag Rule prohíbe a las organizaciones internacionales de salud que reciben fondos de EE. UU. mencionar el aborto como opción de planeación familiar. Según algunos expertos, esta política incrementa el número de abortos hechos en condiciones inseguras, dejando a las mujeres con un menor acceso a recursos de salud reproductiva.

Planned Parenthood (planeación familiar), una prominente organización no lucrativa de salud reproductiva, podría verse en problemas en los Estados Unidos si los políticos republicanos que se oponen al aborto se salen con la suya. El vice presidente Mike Pence prometió desproveer de fondos a Planned Parenthood al promulgar legislaciones que impidan a los pacientes de escasos recursos que reciben asistencia medica publica acceder a los servicios de salud de esta organización. Según “I Stand With Planned Parenthood,” (Yo estoy con Planned Parenthood) desproveer a las organizaciones que brindan este tipo de servicios afectaría sobre todo a la gente de color, privándola del acceso a exámenes de detección de cáncer, a métodos anticonceptivos, al diagnóstico de enfermedades de transmisión sexual y a otros tratamientos, incluyendo pruebas de VIH; algunos de los servicios provistos por Planned Parenthood van más allá del aborto.

Aliados a pesar de las diferencias

Para las organizadoras de la marcha de las Mujeres en Washington, construir una coalición es tan importante como preparar una marcha exitosa. Para manejar el seguimiento a la marcha, las organizadoras lanzaron la 10 Actions/100 days campaign (campaña 10 acciones en los primeros 100 días), la cual incita a las participantes de continuar su activismo.

La primera acción que se invita a hacer al público es escribir una carta a sus senadores sobre los asuntos que más importan y sobre cómo se planea seguir luchando bajo la administración de Trump.

A pesar que aún hay desacuerdos en lo que respecta la Marcha de las Mujeres, muchas mujeres de color y miembros de la comunidad LGBTQIA parecen estar de acuerdo en que contrarrestar las políticas de la administración de Trump es esencial.

El sábado pasado, en un mitin en Washington, la investigadora e icono de contra cultura Angela Davis, repitió este llamado a la resistencia feminista contra Trump:

The next 1,459 days of the Trump administration will be 1,459 days of resistance: Resistance on the ground, resistance in the classrooms, resistance on the job, resistance in our art and in our music. This is just the beginning and in the words of the inimitable Ella Baker, ‘We who believe in freedom cannot rest until it comes.

Los próximos 1459 días de la administración Trump serán 1459 días de resistencia: resistencia en la tierra, resistencia en los salones de clase, resistencia en el trabajo, resistencia en nuestro arte y en nuestra música. Este es solo el comienzo y en las palabras de la inimitable Ella Baker, “Aquellos que creemos en la libertad no podemos descansar hasta que llegue”.

*Imagen en miniatura de Micah Bazant. Reproducida con permiso del autor.

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