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El Líbano obliga a las familias sirias a elegir entre el desamparo y el trabajo infantil

Niños refugiados sirios en una manzana de apartamentos a medio construir cerca de Reyfoun en el Líbano, junto a la frontera con Siria. Imagen de ‘Trocaire’ on Flickr. CC by 2.0.

Según la Organización de las Naciones Unidas, el conflicto sirio ha desplazado aproximadamente a 6,6 millones de personas en Siria y forzado a otras 4,8 millones a buscar refugio en países de todo el mundo.

Debido a su proximidad con Siria, el Líbano es uno de los principales destinos para aquellos que huyen de la violencia. Existe aproximadamente un millón de refugiados sirios registrados oficialmente en ACNUR en el Líbano, aunque las estimaciones no oficiales colocan esa cifra cerca de un millón quinientos mil personas.

The Guardian ha señalado que los refugiados enfrentan condiciones de vida difíciles. Autorizados únicamente para buscar empleo en agricultura, construcción o limpieza, más del 70 por ciento de ellos viven, según los reportes, debajo del umbral de pobreza.

Los estudios sugieren que los fracasos aunados por la falta de disposición de la comunidad internacional para cumplir con sus promesas de donación y las políticas del gobierno libanés están estimulando la pobreza y obligan a los refugiados a pasar a la “clandestinidad”.

Se calcula que 70 por ciento de los refugiados sirios viven debajo del umbral de pobreza extrema del Líbano: menos de $3.84 USD por persona al día. Esto se exacerba aún más por el hecho que las familias refugiadas están acumulando cada vez más deuda, con el fin de satisfacer sus necesidades básicas.

En los puestos de control, las mujeres y niños pasan en su mayoría sin ser inspeccionados, ya que es la población de refugiados masculina la que más le inquieta a las autoridades. Con tantos niños ingresando al país e incorporándose después a la fuerza laboral, algunos empleadores han sacado provecho del desequilibrio, contratando a los menores como trabajadores más baratos y más obedientes. La OIT clasifica el trato hacia los niños trabajadores sirios en el Líbano como alguna de las peores formas de trabajo infantil.

Según la ONG antiesclavitud Freedom Fund cerca del 70 por ciento de los niños refugiados en el Líbano son forzados a trabajar por poca remuneración o nada de ella para proveer a sus familias, sin tener una oportunidad real de renunciar al trabajo. En áreas como el valle Becá en el este de Líbano, algunos niños ganan, según se informa, $1 USD al día trabajando como recolectores de frutas en granjas locales. En palabras de un funcionario municipal libanés: “la esclavitud se da en todas partes“.

Algunas políticas libanesas solo han agravado los problemas de los refugiados. En enero del 2016, Human Rights Watch reveló que las normas de residencia, adoptadas el año anterior, privaron a la mayoría de sirios de su estado de residencia legal. Únicamente dos de los 40 refugiados entrevistados en el estudio fueron capaces de renovar su residencia. Esto siguió a la decisión del gobierno en mayo del 2015 de ordenar a ACNUR detener el registro de refugiados que ingresaban al país.

Esas normas tienen un impacto particularmente fuerte en los niños refugiados, a muchos de los cuales no les permiten asistir a la escuela por la falta de un estado de residencia adecuado. Hasta julio del 2016, alrededor de 250 000 niños sirios en el Líbano estaban fuera de las escuelas – más de la mitad de aproximadamente 500 000 niños en edad escolar dentro de la población de refugiados sirios del Líbano.

No obstante, el Líbano ha progresado en materia de educación infantil. Tal cómo lo explica Human Rights Watch:

Lebanon has taken important steps to include Syrian children in the public education system. Authorities have allowed refugees to enroll in school without providing proof of legal residency, waived school enrollment fees, and opened up afternoon “second shift” classes in 238 public schools to provide Syrians with formal education.

In 2014, Lebanon adopted the Reaching All Children with Education (RACE) policy, which has helped Lebanon increase the number of Syrian children enrolled in public schools to 158,321 by the end of the 2015-2016 school year. In 2016, Lebanon adopted a five-year RACE II plan with the goal of enrolling 440,000 Syrian children in formal education by the 2020-2021 school year.

El Líbano ha tomado pasos importantes para incluir a los niños sirios dentro del sistema de educación pública. Las autoridades han permitido que los refugiados sean inscritos en las escuelas sin brindar prueba de su residencia legal, desistieron de las tarifas de inscripción, y abrieron jornadas de clases vespertinas en 238 escuelas públicas para brindarles una educación formal.

En el 2014, el Líbano adoptó la política Llevar educación a todos los niños (RACE, por sus siglas en inglés), la cual ha ayudado a que el país incremente el número de niños sirios inscritos en escuelas públicas (a 158 321) al concluir el año escolar 2015-2016. En el 2016, Líbano adoptó el plan RACE II de cinco años con el objetivo de matricular a 440 000 niños sirios en educación formal para el año escolar 2020-2021.

Sin embargo, las cifras proporcionadas en el nuevo informe del ACNUR, “Evaluación de la vulnerabilidad de los refugiados sirios en el Líbano“, resaltan las fallas fundamentales en las políticas del gobierno libanés, a saber los enormes obstáculos que presenta la normativa de residencia. Solo una de cinco personas refugiadas que viven en una misma casa declaró que todos los miembros dentro de la misma eran residentes legales en el país – un descenso leve pero significativo del 28 por ciento del año anterior.

Los donantes internacionales han fallado también, ya que no alcanzaron los objetivos que establecieron en el Plan de respuesta a la crisis del Líbano de la ONU. Hasta noviembre del 2016, solo 50 por ciento del plan de respuesta a la crisis fue financiado.

Pese a todos esos riesgos, muchas familias sirias no tienen otra opción más que huir de su tierra natal y someter a sus hijos a trabajar en el extranjero. Mahmoud, un refugiado de Siria, indicó cuando habló con Human Rights Watch que no tenía otra opción más que enviar a su hijo de 12 años a trabajar. “Si no trabaja, mi familia dormirá en las calles”, explicó.

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