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Las fronteras y prohibiciones no pueden impedirme ser un médico musulmán

Mural de Banksy: ‘Peaceful Hearts’ Doctor (Médico de ‘corazones pacíficos’). San Francisco, abril del 2010. Foto del usuario de Flickr, Kanaka Rastamon. CC BY-NC 2.0.

Este reportaje de Jalal Baig apareció originalmente en PRI.org el 30 de enero del 2017. Se republica aquí como parte de un acuerdo entre PRI y Global Voices.

La práctica de la medicina nunca se ha visto confinada por fronteras o muros. Ni la habilidad de un médico para curar se ha visto determinada por el color de su piel o su pasaporte.

Pero ahora, la orden del presidente Donald Trump de prohibirle el acceso a los EE. UU. a los inmigrantes de los siete países de mayoría musulmana representa una amenaza imprecedente para los médicos inmigrantes, y para el sistema sanitario y los pacientes de nuestra nación. Su persistencia y expansión sería desastroso.

Los musulmanes representan un 5% del total de los médicos de los EE. UU.. Mientras que algunos han nacido en el extranjero, otros, como mi mujer y yo, son hijos e hijas de inmigrantes. Mis padres son de Pakistán.

Los inmigrantes son un 28% del total de médicos y cirujanos de EE. UU.. Muchos tienen que venir aquí de países como México, Pakistán, Egipto, Irán, y Siria para cumplir el universal Juramento Hipocrático.

Los desafíos que deben superar para servir a los pacientes son numerosos. Además de dejar atrás a su familia, tienen a veces que huir de otras dificultades, o la persecución. Estos individuos han pasado años superando exámenes, y trabajando para convertirse en personas aptas para una posición de residencia altamente competitiva. Tan solo un 51,9% de los graduados médicos internacionales estuvieron a la altura para las posiciones del 2016.

A pesar de ser un proceso lleno de tensión e incógnitas, siguen adelante por la promesa de oportunidades igualitarias en EE. UU., así como por un deseo desinteresado de ayudar a aquellos que sufren de una enfermedad.

Sus perfeccionadas habilidades y su compasión será necesaria para mantener el sistema sanitario del país a flote, ya que más médicos son necesarios para proporcionar cuidados básicos a las zonas más desatendidas, y porque el número de adultos de 65 años o más se verá duplicado, como se ha predicho, en el 2030. Los cambios demográficos en EE. UU. también se beneficiarán de una diversidad de médicos, sensibles a las necesidades culturales y lingüisticas de sus pacientes.

Además, la medicina no puede progresar sin las contribuciones en investigación de los inmigrantes. El 42% de los investigadores en los siete mejores centros de investigación del cáncer son inmigrantes. Como oncólogo, mis esfuerzos para curar el cáncer de un paciente se verían muy disminuidos sin las medicinas que su diligente trabajo hace posibles. Y los seis estadounidenses que ganaron el Nobel de Ciencia en el 2016 son inmigrantes.

Todo esto debe ser considerado, ya que con la errónea prohibición en inmigración del presidente Trump nos arriesgamos a convertir en víctimas a aquellos que vienen a los EE. UU. armados con nada más que sus estetoscopios, y su sincero deseo de ver las vidas de los estadounidenses prosperar.

No hay terroristas aquí. Tan solo humanidad.

Jalal Baig es médico en Chicago, y un compañero en el departamento de Hematología y Oncología en la Universidad de Illinois, Hospital de Chicago.

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