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“Brigada Pandereta” gana adeptos mientras crece la rabia de los jamaiquinos por abuso sexual infantil

La Brigada Pandereta es una nuevo grupo activista dedicado a la futura eliminación de abuso sexual contra mujeres y niñas en Jamaica. Mucho del trabajo de curación que hacen con sobrevivientes de abuso sexual se hace cerca de la playa. Foto cortesía de la Brigada Pandereta, usada con autorización.

Todo empezó a fines del 2016, cuando un pastor de 64 años de la Iglesia Moraviana Nazaret en Jamaica fue arrestado después de ser presuntamente encontrado en un auto atacando sexualmente a una muchacha de 15 años. Desde entonces, han salido a la luz muchos más casos, casi siempre cometidos por hombres en posiciones de poder. La situación ha generado una mayor atención al problema del abuso sexual infantil –una plaga antigua pero oculta en la sociedad jamaiquina que se suele mantener en secreto.

Como resultado, se ha formado una nueva “brigada” activista, con una sólida misión. La página de Facebook de la Brigada Pandereta define el grupo como “un movimiento radical que se formó de manera natural por un urgente reconocimiento de defender los derechos de mujeres y niñas”.

El grupo está dirigido por la fundadora de WE-Change, movimiento femenino afiliado a J-FLAG, grupo de derechos LGBT, y su nombre se deriva de un incidente ocurrido el 9 de enero durante una protesta de sobreviventes de abuso sexual en la Iglesia Moraviana Nazaret. La fundadora de WE-Change se molestó y golpeó al líder de la Iglesia Moraviana en Jamaica, el doctor Paul Gardner, con una pandereta en la cabeza, pues sostiene que abusó a su pareja en su niñez. El doctor Gardner y su vicepresidente, Jermaine Gibson, renunciaron poco después y desde entonces han sido acusados de abuso sexual de menores, lo que ha dejado a la Iglesia Moraviana sumida en el caos.

En su página personal de Facebook, la “capitana” de la Brigada Pandereta, Stella Gibson, escribió conmovedoramente sobre una de las principales preocupaciones del grupo:

When a little girl tells you that a man has touched her inappropriately, or that he molested her…When a woman tells you that a man raped her, or that he sexually harassed her…Why do we first question the veracity of that experience that may have taken much bravery and vulnerability and nakedness for the little girl or the woman to share? Why do we then consider how damaging this must be to the man's character?

When a little boy tells you that a man has touched him inappropriately, or that he molested him or that he raped him…What makes us first believe the boy, become enraged and begin to do everything in our power to get justice for that little boy?

Why can't we first believe our girls and our women too, and do everything in our power to get justice for them? Why?

Why don't we at all times, in all circumstances shame the perpetrator and provide healing, care and support for survivors – all survivors?

What is it about a man's reputation that becomes so critical when he is accused of perpetrating sexual violence against women and girls that we wilfully and sometimes blindly disregard the very humanity of our women and girls?

What kind of society have we have created for ourselves?

Where is the protection of the value and dignity of our women and girls?

I want a different kind of Jamaica for women and girls. And I hope the #TambourineArmy will create that different Jamaica that is needed.

Cuando una niñita te dice que un hombre la ha tocado inapropiadamente, o la ha importunado… Cuando una mujer te dice que un hombre la ha violado, o que la ha acosado sexualmetnte… ¿Por qué primero preguntamos por la veracidad de esta experiencia cuando a la niñita o a la mujer les debe haber tomado mucha valentía y vulnerabilidad y desnudez contar? ¿Por qué luego consideramos lo perjudicial que debe haber sido esto para el carácter del hombre?
Cuando un niñito te dice que un hombre lo ha tocado inapropiadamente o lo ha importunado o que lo ha violado… ¿Qué hace que primero creamos al niño y empecemos a hacer todo lo que está a nuestro alcance para obtener justicia para ese niñito?
¿Por qué no podemos creerles también a nuestras niñas y mujeres, y hacer todo lo que está a nuestro alcance para obtener justicia para ellas? ¿Por qué?
¿Por qué no todas las veces, en todas las circunstancias deshonramos al perpetrador y brindamos curación, cuidado y apoyo a los sobrevivientes – a todos los sobrevivientes?
¿Qué hay en la reputación de un hombre que se vuelve tan crítico cuando se le acusa de perpetrar violencia sexual contra mujeres y niñas que obstinadamente y a veces ciegamente dejamos de lado la propia humanidad de nuestras mujeres y niñas?
¿Qué clase de sociedad hemos creado para nosotros?
¿Dónde está la protección del valor y dignidad de nuestras mujeres y niñas?
Quiero una Jamaica diferente para mujeres y niñas. Y ojalá la Brigada Pandereta cree esa Jamaica diferente que se necesita.

Con ese fin, #TambourineArmy [Brigada Pandereta] ha lanzado un llamado a voluntarios como parte de su objetivo de construir “una de las mayores coaliciones de organizaciones y personas en Jamaica que trabajan para extirpar el flagelo del abuso sexual, la violación y cualquier otra forma de violencia sexual contra nuestros niños y mujeres”.

“¡Únete a la Brigada Pandereta contra delitos sexuales y pedofilia! tambourinearmy@gmail.com”. Captura de pantalla de una de las convocatorias a voluntarios para la Brigada Pandereta, ampliamente difundida en Facebook.

Logo de la Brigada Pandereta, usado con autorización.

Una de las tácticas de la Brigada ha sido la etiqueta #SayTheirNames [Di sus nombres], a través de la cual se anima a las mujeres a contar sus historias de abuso sexual diciendo el nombre de los autores. Sin embargo, no todos los jamaiquinos han respaldado este método radical, y han cuestionado las consecuencias legales y éticas de la campaña. Aunque la bloguera y académica Annie Paul apoyó el concepto en su columna periodística, también se refirió a un programa de actualidad de televisión donde el presentador Simon Crosskill expresó sus reservas:

‘You can't allow women to name whoever they feel like,’ he kept protesting, although none of us was suggesting anything remotely like that. No one had said the names of anyone we ‘felt’ like including should be listed. What we had said was that a victim of rape or sexual abuse MUST, and has the right to, call the name of the aggressor in question. Asking victims to name the perpetrators who have harmed them is surely a very basic and fundamental rule to live by.

But my friend, the TV host, wouldn't countenance the thought of naming and shaming at all, and he wasn't alone in this. Other prominent journalists have expressed the same opinion. The perpetrator should be reported to the police and have his day in court, they insist. The judiciary must be the ultimate arbiter of guilt, and only then should names be revealed. This despite the fact that the subject had come up in the context of a dysfunctional justice system that more often than not fails to find the accused guilty, particularly when the perpetrator is a man of influence and standing.

‘No puedes permitir que las mujeres nombren a cualquiera que se les ocurra’, protestó, aunque nadie sugería algo siquiera parecido. Nadie ha dicho los nombres de cualquiera que “se le ocurra” para incluirlos en la lista. Lo que hemos dicho es que una víctima de violación o abuso sexual DEBE, y tiene el derecho, de dar el nombre del agresor en cuestión. Pedirles a las víctimas que den el nombre de quienes las han lastimado es ciertamente una regla muy básica y fundamental por la cual guiarse.

Pero mi amigo, el presentador de televisión, de ninguna manera consentiría la idea de nombrar y avergonzar, y no estuvo solo en esto. Otros destacados periodistas han expresado la misma opinión. El autor debe ser denunciado a la policía y enfrentar los tribunales, insisten. El Poder Judicial debe ser el árbitro definitivo de la culpa, y solamente entonces se deben revelar los nombres. Esto a pesar del hecho de que el tema haya surgido en el contexto de un sistema de justicia disfuncional que con frecuencia no logra acusar a los culpables, particularmente cuando el autor es un hombre de influencia y posición.

En la marcha

La Brigada no es solamente activismo de teclado. A pesar de las dificultades esperadas, ya está en marcha. El 6 de febrero, hubo una campaña de “usar ropa negra” como señal de protesta. El grupo también está planeando una Marcha de fortalecimiento a los sobrevivientes el 11 de marzo en solidaridad con el movimiento #LifeinLeggings [Vivir con mallas]. En la marcha, el grupo también presentará su plan de acción por el cambio, a través de asociaciones con sobrevivientes, organizaciones no gubernamentales, los medios y el público.

En lo referente a ayudar a los sobrevivientes, el trabajo ya ha empezado –la Brigada Pandereta organiza Círculos de Sanación para los sobrevivientes. Mucha de las sesiones de rehabilitación y apoyo se dan cerca de la playa, que el grupo piensa que tiene el poder de clamar y recuperar. Igualmente importante, la Brigada ha estado movilizando personas, grupos y organizaciones para ejercer presión al gobierno para hacer cambios muy necesarios a la Ley de Delitos Sexuales, actualmente en revisión, e instar a los jamaquinos a enviar recomendaciones, preguntas y preocupaciones a la Comisión Parlamentaria pertinente hasta el 28 de febrero.

Otras organizaciones también están participando. Eve for Life Jamaica, que trabaja con madres jóvenes que son sobrevivientes de abuso sexual, y encabezó la campaña #NuhGuhDeh [No vayas por ahí] con el fin de proteger a los niños de depredadores, aportó una etiqueta adicional: #16ProtectionNotPermission [16 es protección, no permiso], que hace referencia a la edad para consentir.

Aprovechando el impulso, The 51% Coalition –Mujeres asociadas para desarrollo y fortalecimiento– organizó una “Reunión de mentes” el 7 de febrero, donde discutieron las muchas perspectivas sobre violencia contra mujeres y niñas.

Por su parte, el reverendo Clarke, el primer pastor moraviano en ser acusado, compareció en la corte a finales de enero. Lo recibió un grupo de partidarias que reprendieron a los medios que informaban sobre el caso. Su víctima y otro hermano (de una familia pobre de diez hijos) están bajo cuidado del estado. Tristemente, las historias de violencia contra la mujer por parte de parejas actuales o anteriores siguen apareciendo en los medios, como pasó en el 2016.

El problema del abuso sexual de niñas jamaiquinas es una historia que se repite con mucha frecuencia, y que se trata tanto de justicia social, profunda pobreza rural y las penurias de niños vulnerables como de los autores, que a menudo son respetados miembros de la comunidad. Está por verse si al final la Brigada Pandereta gana la batalla de pasos radicales para cambiar corazones y mentes –y el estado actual de las cosas.

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