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Feminicidio en México, entre lentejuelas y esperanzas

Viviana Muciño. Foto usada con permiso.

Viviana Muciño. Foto usada con permiso.

Este artículo fue publicado originalmente por Yenn en Voces de Mujeres y es republicado en Global Voices con permiso de la autora.

El 12 de febrero de 2004, Nadia Muciño fue asesinada por su esposo Bernardo y su cuñado el Matute. A sus veinticuatros años, dejó a sus hijos Carlos y José, y a su hija Fernanda; a sus padres, a sus amigos y a sus hermanos. Sin embargo, esta historia no es la suya, sino la de Viviana, la menor de sus hermanas, quien a partir de lo que pasó, se convirtió en una sobreviviente de la violencia feminicida que se vive en México, y ahora, más fuerte que nunca en el Estado de México.

En ese febrero, por motivos económicos Viviana había dejado sus estudios de bachillerato y sus sueños de convertirse en chef. Su hijo Jaciel recién cumplía los dos años de edad y ella tenía que trabajar para aportar a su casa y mantener a su pequeño.

El día del asesinato de Nadia, Viviana tuvo un dolor muy intenso al lado del estómago que le fue invadiendo el cuerpo. Por la mañana fue al mercado, en el trayecto vio a Bernardo, su cuñado, en su camión de transporte público rumbo al metro Toreo. Poco después se alistó para salir rumbo a la Ciudad a entregar un trabajo.

Ya de regreso, se percató de que el camión de Bernardo era conducido por alguien más. Se le hizo raro y por ahí de las 20:00 horas cuando llegó a su casa se dio cuenta de que no estaba su mamá, Antonia, sino solo sus hermanos. Media hora más tarde llegó Antonia, y con la mirada desorientada le contó lo que le había pasado a Nadia. Viviana quiso ir a verla pero su madre se lo impidió.

No me dejó ir a su casa. Yo la volví a ver hasta que me despedí de ella cuando la trajeron para velarla.

Antes de cerrar la caja, Viviana le colocó una fotografía de ella con Jaciel y unas pulseras de hilos de colores, como las que tanto le gustaban.

Nadia, además de Antonia, fue el principal apoyo de Viviana durante su embarazo y los primeros meses del bebé, pues gracias a su sororidad siempre fue un pilar emocional para ella y para toda la familia.

Nadia es mi hermana, éramos cómplices, éramos todo. Por ella soy lo que soy. Nadia para mí es todo.

Al paso de unos días Antonia y Viviana tomaron la decisión de adoptar a los tres pequeños de Nadia. La carga de trabajo y responsabilidad para Viviana desde entonces se ha vuelto enorme, pues tiene que sacar adelante no sólo a Jaciel, sino a sus hermanos menores y a sus sobrinos.

Entre lentejuelas y luces de esperanza

Como en muchos hogares de México, el despertador de Viviana suena a las seis. Señal de que el día ha comenzado. Con una coleta que esconde su bella cabellera ondulada calienta la comida de la tarde anterior, mientras Jaciel se prepara su leche con chocolate y al cuarto para las siete salen corriendo hacia la escuela.

De regreso a casa hace labores domésticas y comienza a bordar, como le enseñó Antonia desde hace veinte años. En un espacio de tres por uno ochenta metros sucede la magia. Sus manos dan forma a corsés de cientos de vestidos, en los que crea líneas, combina colores y texturas dándole vida a las piedras, chaquiras, lentejuelas y cristales. La entrega de cada corsé o lienzo la hace recorrer toda la ciudad con sus botitas amarillas, mochila al hombro y bolsa cuadrada. El pago que recibe es apenas suficiente para poder subsistir.

Bordados de Vivi. Foto usada con permiso.

Bordados de Vivi. Foto usada con permiso.

Vivi – como la llaman sus amigas – se describe a sí misma, sin dudarlo, en una canción: Let it Be. En su tiempo libre disfruta de pintar figuras de cerámica como hadas y ángeles.

Pocas veces sonríe, pero lo hace siempre que comparte su experiencia como mamá y activista. A sus 32 años es socia fundadora de la Asociación Civil Mujeres en Incidencia, Movilidad, Empoderando y Deconstruyendo el Pensamiento (IMED AC). También es integrante de varias colectivas con quienes emprendió en el 2014 una serie de acciones por la activación de la Alerta de Violencia de Género (AVG) en el Estado de México, lo que la llevo a visitar los once municipios más peligrosos de la entidad.

En este “viacrucis” – como ella lo denomina – cada vez que sale a las calles para exigir justicia al gobierno, se da cuenta que no es la única que enfrenta a este sistema patriarcal. En estos años ha conocido a familiares de víctimas de feminicidio y desaparecidas a quienes asesora, acompaña y da seguimiento, con la convicción de que el camino es la unión. Seguido menciona que “eso pudo salvar a Nadia” ya que cree fielmente que en conjunto se puede cambiar la vida de al menos una persona.

Viviana y su familia se han enfrentado a la espantosa maquinaria del Estado en materia de “impartición de justicia”. En el caso de Nadia, la corrupción entre funcionarios públicos, quienes desde un principio omitieron datos y anexaron otros con el afán de exculpar a los criminales ha sido una pesadilla. Esta situación le permitió obtener conocimientos en materia jurídica, así como involucrarse en colectivas feministas y de mujeres sobrevivientes a la violencia. Por eso decidió asumirse como activista feminista, desempeñándose además como defensora de los Derechos Humanos de las Mujeres en la entidad.

En estos once años nos ha quedado claro que no pararemos hasta obtener justicia para Nadia. No sólo por ella hacemos esto, no queremos que ni una mujer más pase por esta situación.

Ella se mantiene firme, incansable y piensa que tarde o temprano habrá justicia a pesar de la inacción del Gobierno.

Que la memoria de Nadia nos aliente para seguir y seguir. Sé que en donde quiera que esté, nos está echando porras para que sigamos en este camino y por ella vamos a seguir haciendo cosas por las mujeres.

La alianza con otras mujeres y el apoyo moral de Jaciel, cuyo nombre significa ángel de la bondad y la reconciliación, son su motivo para no detenerse.

Ese angelote ha hecho que me haga más reflexiva, más importante, la experiencia de ser su mamá ha sido hermosa. Él todo lo ha hecho fácil, no ha sido complicado, salir de viaje con mi niño, verlo contento, estar con él es lo que más me hace feliz, el amor de mi hijo es lo más grande que tengo al igual que el de mi familia.

Entre lentejuelas y luces de esperanza Viviana no se detendrá hasta obtener justicia para Nadia. Desplazándose de un lugar a otro piensa que algún día las mujeres estarán mejor: en un país más seguro.

El darles voz a mujeres que no podrán hacerlo más es solo el principio de un largo y venidero camino. Se lo debemos a ellas que han sido asesinadas y doblemente victimizadas. Se lo debemos a las y los familiares y a todas las involucradas.

Entre risas, juegos, hamburguesas, pastelillos y travesuras Nadia y Viviana crecieron cubriéndose la una a la otra. Hoy lo único que le queda a Vivi son las anécdotas y recuerdos que permanecen en su mente y corazón, además de un osito de peluche que perteneció a su hermana al que ligeramente se le nota que tuvo ojos y nariz.

 

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