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Norte de Sri Lanka: Incidentes de intimidación militar amenazan reconciliación

Protesta de los aldeanos en Pilakudiyiruppu. Imagen: Ruki Fernando y Marisa de Silva (vía Groundviews).

Este artículo de Raisa Wickrematunge apareció originalmente en Groundviews, premiada página de periodismo ciudadano en Sri Lanka. Publicamos acá una versión editada como parte de un acuerdo de intercambio de contenido con Global Voices.

En las últimas semanas, ha habido cada vez más incidentes de intimidación militar en las zonas del norte de Sri Lanka pobladas por tamiles, como Pilakudiyirippu (cerca de Keppapulavu), Paravipaanchan en Kilinochchi, y Puthukkudiyiruppu, informó Ruki Fernando, activista de los derechos humanos. Todas estas zonas son tierras que antes estuvieron ocupadas por militares y que fueron devueltas a sus anteriores propietarios tras continuas protestas.

Las Fuerzas Aéreas de Sri Lanka (SLAF) interrogaron a Fernando durante su visita a Pilakudiyirippuel 9 de marzo, añadió el activista.

Las Fuerzas Aéreas me interrogaron ayer en Pilavukudipuru, Kepapulavu. ¿Venganza por tener que terminar con los ocho años de ocupación del pueblo tras las protestas populares?

“Estaba hablando con algunos habitantes de la zona cuando dos personas vestidas de civil se me acercaron. Me preguntaron quién era y por qué había ido. Cuando les repregunté quiénes eran, me informaron que eran del campamento de las Fuerzas Aéreas cercano al pueblo”, dijo Fernando. Añadió que se negó a responder a las preguntas y se marchó. El personal de las Fuerzas Aéreas decidió no insistir.

La gente de Pilakudiyirippu ha estado protestando desde el 31 de enero hasta el 1 de marzo de este año exigiendo la devolución de sus tierras, tomadas por las SLAF (ver artículo de Global Voices). La mayoría de las tierras fueron liberadas el 1 de marzo. No obstante, los habitantes de Pilakudiyirippu se están enfrentando al desalentador panorama de reconstruir sus vidas en una región que fue un escenario clave de conflicto durante la guerra civil que terminó en 2009.

“Están viviendo en tiendas bajo los árboles. Necesitan alojamiento, agua y electricidad. La mayoría tienen trabajos casuales, y sus hijos van a la escuela, pero no hay servicio de autobús”, dijo Fernando de la situación de las familias que han vuelto.

Añadió que la Cruz Roja en Mullaitivu ha proporcionado cosas elementales, como ollas, sartenes, esteras, una sábana y una lámpara a cada familia, no había habido “ningún apoyo en absoluto” por parte del gobierno. “El gobierno tiene que intervenir y proporcionar lo esencial para estas familias. No basta solo con liberar las tierras”, dijo Fernando.

Más allá del interrogatorio, ha habido otros incidentes de intimidación, pues los militares reaccionaron molestos a la liberación de las tierras debido la presión, dijo Fernando.

Keppapulavu salió en las noticias cuando los habitantes protestaron día y noche por la devolución de su tierra, enfrentándose a la intimidación militar. Una figura líder en la lucha por la liberación, tanto en Keppapulavu como en Pilakudiyirippu, fue Chandra Leela, cuya casa está todavía bajo ocupación militar. Recientemente, a Chandra Leela no se le dejó acceder a sus tierras de cultivo, dijo Fernando.

“La Fuerza Aérea dice ahora que la tierra que ella utiliza para cultivar es propiedad del Departamento Forestal. Pero ella tiene documentación legal”, dijo Fernando. “Esto es claramente una represalia por el éxito parcial de las protestas”. El gobierno liberó 40 acres (16 hectáreas) de tierra en respuesta a las protestas; otras familias todavía están esperando que se les devuelva su tierra y han vuelto a comenzar con las protestas hasta que eso ocurra.

Valientes mujeres de Keppapulavu lideran la lucha por las tierras; Kowsalya, una mujer franca, fue recibida por sus compañeros manifestantes/aldeanos hoy.

El ejército también fotografía con frecuencia a cualquier visitante. “Tan pronto como nos bajamos de un vehículo, vemos a gente salir del campamento y fotografiarnos. Los que todavía están protestando también se han dado cuenta”, dijo Fernando.

Pilavu, día 17: los manifestantes bajo vigilancia.

Una protesta en solidaridad en Jaffna exigiendo la liberación de las tierras ocupadas por el ejército también fue testigo de las intimidaciones del ejército a algunos de los participantes. “Asistí a esta protesta, junto con gente de Trincomalee y Mannar, y muchos otros. Algunos agentes de inteligencia habían ido a un campo de desplazados internos en Jaffna el día anterior para intimidar a la gente que había allí, presionándolos para que no se unan a las protestas. Habían señalado a un líder del campo y lo acusaron de instigar las protestas”.

El ejército arrestó al hijo de Jeyakala en 2006 en Nallur. La última foto que tiene es de él en la prisión Boosa, luego  desapareció.
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El Departamento de Investigación Criminal (CID) presente a un lado de la vía, delante de la protesta.

En Puthukkudiyiruppu, las familias que volvían a sus tierras tras un mes de protestas, que terminaron el 3 de marzo, encontraron sus hogares arrasados por buldóceres, sin puertas, ventanas ni accesorios de baño o cocina, y con botellas de cerveza esparcidas por todo la zona. También estaba destruida una pequeña tienda. “Evidentemente los militares estaban molestos porque las familias iban a recuperar sus tierras. La liberación de los terrenos ocupados por el ejército es parte de la reconciliación, y esto es exactamente lo contrario de lo que debería estar pasando”, dijo Fernando.

En Keppapulavu, un cartel nuevo dice que las tierras de los alrededores son un “área de acantonamiento militar”, añadió. “Hay un bloqueo militar que estuvo ahí unos cinco o seis años. Pero ese cartel es nuevo. Yo no lo vi cuando visité las cercanías unas dos semanas antes”.

Paralelamente a las protestas por las tierras ocupadas por el ejército, las familias afectadas por desapariciones forzadas en Vavuniya, Kilinochchi y más recientemente Mullaitivu también han empezado a hacer protestas prolongadas.

“Lo significativo de las protestas en Vavuniya y Kilinochchi es que están tratando realmente de pedir el apoyo de los cingaleses. Los manifestantes han puesto pancartas y preparado cartas y llamados en cingalés”, dijo Fernando del grupo étnico que domina la política del país. La protesta en Mullaitivu no contaba con más de dos días al momento de escribir este artículo, y se trataba de una protesta mucho más pequeña.

“Sin embargo, continuó durante 24 horas, con las familias trabajando en turnos. Algunos tienen que trabajar, otros dejan a sus hijo para venir a protestar. Están tratando de encontrar un equilibrio entre ir a trabajar pero continuar con su protesta durante 24 horas”, dijo Fernando.

“Su hijo volverá. No estamos tan seguros con respecto a su hija: CID”.
Cortesía de la publicación asociada Maatram.

In Muthur, Trinco- Día 5: Otra protesta en marcha en Bhatathypuram para exigir justicia por desapariciones forzadas.
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“Me han dicho en todos los templos que mi hijo está vivo; yo solo quería verlo antes de morir”. Vladivel Puhsparaani en Kilinochchi.

En el caso de estas familias también ha habido progreso limitado, salvo en Vavuniya, donde el ministro de Defensa del Estado, Ruwan Wijewardene, prometió programar una reunión con el ministro Orden Público, el Departamento del Fiscal General, el Inspector General de Policía (IGP) y el ministro de Justicia.

La promesa rompió una huelga de hambre de cuatro días que habían empezado las familias, exigiendo respuestas. “Después de esa reunión, lo único que ocurrió fue que algunos miembros del gobierno acusaron a las familias de tratar de priorizar sus casos individuales. Las familias dijeron que, en realidad, había sido el gobierno el que se había ofrecido a acelerar sus casos, lo que habían rechazado ya que querían justicia y la verdad para todas las familias”, dijo Fernando.

Las familias de Vavuniya esperaron dos semanas para ver si germinaba algo de la reunión del 9 de febrero, y volvieron a protestar recientemente ante la ausencia de medidas.

Dado estos antecedentes, una delegación esrilanquesa de las Naciones Unidas pidió más tiempo para implementar la resolución 30/1 de las NU del 2015, incluso mientras el Alto Comisionado por los Derechos Humanos de las ONU, Zeid Ra’ad Al Hussein, hablaba sobre el ‘lento progreso’ de Sri Lanka en rubros como la toma de responsabilidades y la reconciliación. El Consejo de las ONU por los Derechos Humanos también pidió la devolución de todas las tierras ocupadas por militares a los civiles correspondientes, así como el fin de la participación militar en actividades civiles y administrativas.

Sin embargo, como queda claro en el terreno, los incidentes de intimidación siguen ocurriendo, y las familias que han vuelto, como las de Pilakudiyirippu, tienen que reconstruir sus vidas sin apoyo del Estado.

La siguiente historia fotográfica de Ruki Fernando y Marisa de Silva documenta las protestas civiles en Kappapulavu y la lucha de los recién instalados.

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