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Para un ciudadano británico nacido en Somalia, Brexit es un “punto de no retorno”

“Votamos por alza de precios, crímenes de odio, Brexit brutal, trato o no trato. El pueblo está hablando, ¿el Parlamento está escuchando?” Londres 3 de marzo de 2017, Alto al silencio por los crímenes de odio de Brexit. FOTO: David Holt (CC BY 2.0).

“El Brexit lo ha cambiado todo y todavía no sabemos hasta qué punto”, dice Ismael Einashe, periodista británico y becario de Dart Center Ochberg en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia.

Conversé con Einashe durante Idea Camp, programa organizado por la Fundación Cultural Europea en Madrid a comienzos de marzo. “Nadie imaginaba lo que vendría, no había planificación del impacto de esta decisión en tres millones de personas [ciudadanos y residentes de Gran Bretaña]”.

Einashe es uno de los afectados por las políticas de los últimos años en Reino Unido. Estas políticas se han ido radicalizando hacia posturas recelosas de quienes apuestan por permanecer en Europa, que incluye buena parte de la comunidad musulmana.  Siete de cada diez musulmanes votaron en contra del Brexit.
En varios puntos, la primera ministra británica Theresa May se ha referido despectivamente al 48% de votantes anti-Brexit como “élite urbana y capitalista”, “bebés llorones” y “ciudadanos del mundo”. Einashe afirma que estas declaraciones han abierto la puerta a infinidad de comentarios e incidentes racistas, del mismo modo que ocurre las de Trump en Estados Unidos o las de Le Pen en Francia.

“Al ver a gobiernos e instituciones expresarse sin tapujos contra minorías religiosas o étnicas y personas de determinadas orientaciones sexuales, muchos racistas están saliendo del armario. Incluso hay jueces que están recibiendo amenazas por hacer su trabajo. Esta no es la Inglaterra en la que yo crecí, a la que tanto deseé pertenecer”, agrega Einashe, que conecta el aumento de las declaraciones racistas con incidentes de odio que han llegado al asesinato.

El camino hacia la ciudadanía de Ismail Einashe no ha sido fácil. En 1994, con nueve años, llegó a Londres desde Somalia con sus padres, huyendo de la guerra civil que devastó el país en la década de los 90. Creció entre el Camden de los refugiados kurdos, bosnios y kosovares y el Colindale de la clase trabajadora blanca. Era la única familia negra del barrio, fue recibida con hostilidad. “Hubo vecinos que llegaron al extremo de tirar basura en nuestro jardín, y mi madre se limitaba a recogerla sin decir una palabra”, relata.

En 2001, el año de los atentados del 11 de septiembre, Einashe obtuvo la ciudadanía británica. Para entonces, había terminado sus estudios de secundaria, y gracias a sus altas calificaciones logró ser trasladado a una de las mejores universidades del país. Fue por entonces cuando todo empezó a cambiar.

“Hasta ese momento”, dice Einsahe, “la nacionalidad británica era un mero trámite burocrático, lo hacías y el Estado se olvidaba de ti. Tras el 11 de septiembre, comenzaron los exámenes de ciudadanía, el énfasis en los ‘valores compartidos’, las ceremonias con juramentos de lealtad al monarca y al Reino y las sospechas contra la ciudadanos musulmanes”.

En la década de los 2000, Reino Unido, igual que Estados Unidos, colocó a los musulmanes en el punto de mira, especialmente a quienes habían nacido en otros países o tenían doble nacionalidad, con lo que muchas personas comenzaron a sentirse como ciudadanos de segunda clase. El país vivió fuertes disturbios raciales después de los atentados del 7 de julio de 2005, de los que muchos culparon a la comunidad musulmana en su conjunto. Medidas posteriores al 11 de septiembre presentadas como temporales se convirtieron en permanentes, incluyendo la de despojar de la ciudadanía a personas de nacionalidad británica sin orden judicial. Una práctica que ha ido en aumento tras el Brexit.

La revocatoria de ciudadanías ha seguido aumentando en el gobierno de May, según la Oficina de Periodismo de Investigación. “Son decisiones casi arbitrarias que deberían causar una gran alarma nacional e internacional y que apenas están recibiendo atención”, añade Einashe. Ve en el Brexit el punto de no retorno, una fractura en la sociedad británica, entre quienes refrendan la postura antieuropea del gobierno y los llamados “antipatriotas”, que como él, se oponen a la salida de Reino Unido de la Unión Europea.

“Yo no soy antipatriota, sino todo lo contrario”, recalca. “Mi Inglaterra es la Inglaterra de la diversidad cultural, la Inglaterra que está abierta al mundo y que está en peligro ahora”.

Más allá de ser despojado de la ciudadanía que durante años deseó obtener, Einashe teme la posición vulnerable en la que el Brexit deja a miles de ciudadanos como él, que ya no tendrán acceso a la protección legal que proporciona el marco legal europeo. “Ahora estamos a merced de las políticas británicas y ya no habrá otra instancia a la que recurrir”.

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