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Joven iraní se enfrenta a ejecución por publicaciones “antiislámicas” en redes sociales

Sina Dehghan se enfrenta a la ejecución por sus publicaciones críticas con el Islam, que publicó en canales públicos de internet a los 19 años. Imagen ampliamente difundida en redes sociales.

Mientras los gobiernos de todo el mundo despliegan avanzadas tácticas de vigilancia para supevisar las comunicaciones de potenciales terroristas, el gobierno iraní persigue a quienes “intimidan” la santidad del régimen islámico en las plataformas de comunicación digitales.

Sina Dehghan, exsoldado de 21 años, lo ha sabe de primera mano. Fue arrestado en 2015 por sus publicaciones en las redes sociales. Fue condenado a muerte y espera ahora su destino.

A los 19 años, Dehghan estaba cumpliendo su servicio militar obligatorio en el cuartel del ejército de Teherán cuando la Guardia Revolucionaria, una estricta rama de las fuerzas armadas iraníes que rinde cuentas a la oficina del Líder Supremo, lo arrestó por una serie de mensajes públicos que había publicado en la plataforma de mensajería LINE. Una fuente le dijo al Centro por los Derechos Humanos en Irán que sus publicaciones iban contra el Islam y el Corán.

Fue arrestado junto con otras dos personas, Sahar Eliasi y Mohammad Nouri, ques según las autoridades colaboraban con Dehghan en las publicaciones. Los tres fueron declarados culpables de participar en canales de redes sociales que insultaban o criticaban el Islam. La sentencia de Eliasi fue reducida a tres años tras apelación, y Nouri todavía espera sentencia. La pena de muerte de Dehghan fue confirmada por el Tribunal Supremo iraní a finales de enero de 2017.

El caso contra Dehghan se basa en una confesión que le obligaron a dar bajo falsos pretextos. Tras su detención, la Guardia Revolucionaria engañó a Dehghan, le dijeron que si confesaba haber “insultado” al profeta Mahoma y firmaba una carta de arrepentimiento, sería liberado.

La Guardia Revolucionaria engañó a Dehghan, le dijeron que si confesaba haber “insultado” al profeta Mahoma y firmaba una carta de arrepentimiento, sería liberado.

El Código Penal Islámico de Irán, que penaliza el disentimiento y la crítica, dice en su artículo 262 que insultar al Profeta es un crimen que puede ser castigado con la muerte. Sin embargo, al artículo 263 del código dice que el acusado puede ver reducida su sentencia a 74 latigazos si le dice al tribunal que sus insultos fueron resultado de ira o un error.

Ni la confesión forzada de Dehghan ni su abogado le permitieron aprovechar el artículo 263. La familia de Dehghan no pudo pagar una representación adecuada, así que recibió un abogado de oficio que, según dice el Centro por los Derechos Humanos en Irán, no pudo defenderlo bien durante su juicio.

Para complicar aun más la injusta situación de Dehghan, una fuente que pide ser anónima por razones de seguridad dijo a los defensores que las autoridades de seguridad y judiciales prometieron a la familia del muchacho que si no hacían público el caso, Dehghan tendría más posibilidades de ser liberado. A finales de marzo, con poca esperanza de que la sentencia de enero sea revocada, los iraníes de dentro y fuera del país han empezado a pedirle a las autoridades que le perdonen la vida.

Sina Dehghan está sentenciado a muerte por publicar contenido “antiislámico” en las redes sociales. Debemos salvar a Sina.

El caso de Dehghan es particularmente trágico, ya que tanto él como su familia han dedicado muchos esfuerzos al ejército del país. Su abuelo fue un “mártir” (o soldado caído) de la Guerra Irán-Irak, mientras que Dehghan había servido dos años en el ejército iraní.

El abuelo de Sina fue un mártir de la guerra de ocho años. El propio Sina sirvió dos años. Sina tiene más derechos en este país que la mayoría de estas autoridades. Salven Sina.

El caso de Dehghan es un aleccionador recordatorio de las amenazas de seguridad que los iraníes enfrentan en la red. Mientras que mantener las conversaciones privadas a salvo del gobierno se considera como la mayor defensa de una persona, la imagen y las palabras públicas de alguien también pueden hacerlo vulnerable a la ira de un sistema penal injusto.

Ni el encriptado más fuerte del mundo puede proteger a un iraní de ser condenado por usar la libertad de expresión en la red.

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