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“¿Por qué no puedo besar a mi novia en público?” La historia de una lesbiana armenia

Foto: Anna Nikoghosyan para OC Media. Todas las fotos han sido utilizadas con autorización.

La que sigue es una versión de la publicación asociada escrita por que se publicó por primera vez en el sitio web OC Media.

I was 19-years-old when I met a lesbian girl who liked me. I told her I was not one of “them”, but suddenly, for no reason, I kissed her. It was with her that I first realised what love is.

“Cuando tenía 19 años conocí a una chica lesbiana a la que yo le gustaba. Le dije que yo no era una de “ellas”, pero de repente, sin ninguna razón, la besé. Fue con ella que descubrí por primera vez lo que es el amor”.

Eva (nombre ficticio), 24 años, es una lesbiana que vive en Ereván. Ella atravesó varias fases en el descubrimiento de su sexualidad. Al comienzo, fue la clásica autoidentificación como mujer, que luego se transformó en una identidad bisexual. Al descubrir su atracción hacia las personas transgénero, pensó que era pansexual. Ahora no quiere asociarse a una categoría sexual definida ni buscar una etiqueta para su sexualidad.

“Soy solo una persona que ama a otra persona; soy homosexual”, dice.

(N. de la T. En el texto, se usa el término queer que se utiliza para describir una orientación sexual no heterosexual. La teoría queer rechaza la clasificación de las personas en categorías universales y fijas.)

Parandzem y Taguhi. Foto: Anna Nikoghosyan for OC Media

“Parandzem y Taguhi estuvieron teniendo sexo toda la noche”

En la fachada de un viejo edificio en el centro de Ereván, hay un grafiti que dice: ‘Parandzem y Taguhi [dos nombres armenios de mujer] estuvieron teniendo sexo toda la noche’. Este espacio de grafiti que feminiza el espacio público de la ciudad, más orientado al sexo masculino, es en realidad una apropiación desafiante del conocido lema publicitario de antaño: “Parandzem y Taguhi estuvieron cocinando pasta toda la noche”.

“Esto realmente ejerce una influencia sobre la gente”, dice Eva, sin especificar quién realizó el grafiti.

Las personas queer conforman uno de los grupos más marginados y discriminados de Armenia. Un trabajo de investigación de 2016 que se titula “Crímenes de odio y otros incidentes motivados por el odio hacia personas LGBT en Armenia“, detectó que de 200 personas homosexuales entrevistadas para el estudio, 198 habían sido víctimas o testigos de crímenes de odio u otros incidentes motivados por el odio.

Al reconocer la necesidad de detener la violencia y los prejuicios contra las personas queer, cada vez más activistas y defensores de los derechos humanos de Armenia han comenzado a presionar por la protección de sus derechos, por la igualdad y para acabar con la discriminación. Sin embargo, dentro del discurso por los derechos queer, las voces de las mujeres lesbianas, bisexuales y trans siguen siendo marginadas.

“Al igual que en casi todas las experiencias femeninas, las historias de mujeres LBT permanecen invisibles”, dice Eva.

Según ella, en una sociedad en la que todas las mujeres se encuentran con barreras a la hora de hablar de sus asuntos, es aún más difícil expresarse para las mujeres que no tienen una sexualidad heteronormativa.

“Hacemos todo en secreto”

Las mujeres queer de Armenia enfrentan por ese motivo una opresión en diversos niveles que apunta contra su género y su autoexpresión sexual simultáneamente. Debido a la falta de oportunidades que tienen para exponer libremente sus problemas, estas mujeres son vulnerables psicológicamente y, muchas veces, incapaces de compartir sus emociones con el mundo exterior.

En algunas ocasiones, las presiones se manifiestan en forma de depresión o ataques de pánico.

“Hacemos todo en secreto. Hay comunidades pequeñas donde me puedo sentir segura, pero en mi casa, entre otros amigos y familiares no puedo ser quien soy”, dice Eva.

El aislamiento y los problemas emocionales son solo un ejemplo de los desafíos que enfrentan las mujeres queer en Armenia. Eva explica que si se descubre la sexualidad de una persona queer, en algunos casos esa persona puede ser sometida a “violación correctiva”, que es como los hombres heterosexuales buscan imponer sobre la víctima su definición de lo que es “normal”.

La policía no ayuda

Los riesgos de seguridad que enfrentan las mujeres queer aún son muy reales en el país. Eva nos cuenta qué tan seguido, al salir de un pub o un café, o simplemente mientras camina por la calle con su novia, la siguen hombres.

“Me asusto mucho porque no sé qué puede pasarme. El hombre está en un auto, es físicamente más fuerte que yo. Puede hacer lo que quiera y a nadie le importará”.
Eva no cree que la policía la ayudaría porque incluso si recurre a ellos en busca de protección, se reirán de su sexualidad y le harán preguntas que la harán sentir incómoda. Eso le ha sucedido a sus amigas lesbianas muchas veces, cuenta.

En una oportunidad, Eva y una amiga transgénero fueron atacadas en el parque por unos hombres, que comenzaron a golpearlas e insultarlas. Otros hombres, en lugar de intentar detener a los agresores, se acercaron y les pidieron que dejaran de insultarlas pues había otras mujeres en el parque. “De modo que estaba totalmente bien que estuvieran golpeándonos, pero tenían que hacerlo en silencio, de la misma manera en la que golpean a las mujeres en su casa”, dice Eva.

“Necesitas probar con un hombre para saber lo que es el sexo real

Mientras existen la violencia y la agresión generalizadas contra las mujeres queer, las relaciones entre lesbianas tampoco se toman en serio. Son muy comunes las afirmaciones como, “es lesbiana porque aún no ha conocido a un hombre de verdad” y “necesitas probar con un hombre para saber lo que es el ‘sexo real”.

Las lesbianas son reducidas a meros objetos por parte de los hombres. Para muchos, una lesbiana es una mujer sexy de una película porno que se encuentra allí para servir como objeto de las miradas masculinas y para satisfacer el deseo de un hombre heterosexual.

“Muchas veces se han acercado a mi novia y a mí para sugerir que tengamos sexo con ellos. Cuando nos negábamos, preguntanban si al menos podíamos tener sexo frente a ellos”, cuenta Eva.

Presiones familiares

La presión que siente una mujer queer de Armenia no proviene solo del mundo exterior. De acuerdo a una investigación realizada por Pink Armenia y Socioscope, las personas queer son, con frecuencia, blanco de diferentes tipos de violencia por parte de los miembros de su familia, en un intento de modificar su orientación sexual “incorrecta” o identidad de género.

Los padres de Eva no saben lo de su sexualidad. Sin embargo, según ella, se siente afortunada porque en su familia no existe el odio hacia ningún grupo.

“Muchos de mis amigos LGBT vienen a nuestro departamento. Incluso mis amigos trans. Todos tomamos café con mi mamá, que es muy amable con ellos”.

Una vez, la mamá de Eva le preguntó si ella era lesbiana. Eva no estaba preparada para salir del closet ante su madre, por lo que le mintió. Más tarde lamentó esto, ya que decir la verdad se hizo mucho más difícil.

A pesar de la relativa tolerancia de su familia, Eva aún soporta cierta presión psicológica por parte de sus familiares. Para su abuela, Eva ya es una “solterona”. En una oportunidad, cuando su mamá le preguntó por qué no se casaba, Eva le respondió preguntándole por qué no hacía ella lo mismo.

“Le dije: ‘Yo no te pido que tengas un hijo para que yo pueda tener una hermana, ¿o sí? Entonces ¿por qué me dices que quieres un nieto y un yerno?’ Después de eso, nunca más tuvieron ese tipo de conversaciones [conmigo]”.

¿Qué tiene de malo besar a la persona amada en público?

Sin embargo, en otras ocasiones, Eva no tiene miedo de hablar con libertad acerca de su orientación sexual. Una vez, algunos viejos amigos estaban hablando de las personas queer utilizando un discurso de odio, decían que ellos tenían que quemarlos o asesinarlos.

Eva contó que les dijo que la quemaran o asesinaran a ella, porque también es lesbiana; también es una de “ellos”. Eva explicó que sus comentarios hicieron reflexionar a sus amigos sobre su comportamiento abusivo y su ignorancia.

Para la pareja de Eva, que es extranjera, es muy extraña la manera en que la gente las mira cuando ella y su novia caminan juntas. Cada vez que están en una estación de autobuses, la novia de Eva se acerca para besarla antes de abordar el autobús. Pero Eva se siente obligada a resistirse, mientras se pregunta qué tiene de malo besar a la persona que ama en público.

Eva cree que nunca enfrentaría esos desafíos si tuviera una relación heterosexual. Recuerda sus primeros años de adultez, cuando salía con un muchacho.

“Podíamos caminar libremente, tomarnos de la mano, nadie prestaba atención”. Sin embargo, en una relación homosexual, dice, la vida se llena de miedo y mentiras; una doble vida en la que es preciso pensar todo dos veces.

“Estoy enamorada y quiero poder hablar de esto”

“No sé por qué tengo que mentirle a mi madre. Tengo una persona a la que amo, siento cariño por ella, ¿qué puede ser mejor que esto? Estoy enamorada y quiero poder hablar de esto con otras personas. Tenemos una vida feliz juntas, caminamos, vamos a cafés, bailamos, fumamos. ¿No es hermoso? La gente debería alegrarse por nosotras ¿o no? Pero no, nadie se alegra; la gente solo nos quiere matar”, dice Eva, mientras su voz comienza a quebrarse.

Eva suele pensar en mudarse. Un estudio llevado a cabo por ciudadanos locales revela que solo entre 2011 y 2013, casi 6000 armenios abandonaron el país como consecuencia de alguna discriminación. Una sociedad con falta de aceptación puede causar daños tremendos en la salud mental de una persona.

Incluso intentar recurrir a una consulta psicológica es una complicación, ya que los psicólogos que tienen tolerancia a los queer y conocen sus dificultades específicas son escasos.

“Actualmente hay una verdadera lucha dentro de mí ¿Debería quedarme aquí e intentar cambiar nuestra sociedad o, como solo tengo una vida, debería ir a un lugar más seguro y tener un futuro más feliz?”.

Homofobia: una herramienta política en un país en guerra

Foto: Anna Nikoghosyan para OC Media

Eva cree que en los últimos tiempos, la homofobia se ha puesto de moda en Armenia, un país altamente militarizado que vive con el miedo constante de que se desate una guerra con el país vecino Azerbaiyán. Incluso los que no necesariamente tienen un problema con las personas queer expresan actitudes homofóbicas y cargadas de odio solo porque está de moda.

Además, muchas veces los queer se transforman en blanco de juegos políticos. Cada vez que la política interna del país, que está en una situación económica desfavorable, amenaza con estallar, se diversifican los artículos acerca de temáticas queer, y la gente desvía la atención de las controversias del gobierno y lo sitúa sobre la “preservación de los valores y tradiciones armenios”.

Entre los posibles ejemplos de esto se encuentra el ataque incendiario a un pub frecuentado por personas queer dos días después de las reñidas elecciones parlamentarias de 2012, y el movimiento “antigénero” de 2013, que surgió mientras Armenia optaba entre un acuerdo de asociación con la Unión Europea o unirse a la Unión Económica Euroasiática, liderada por Rusia.

Por ende, los medios de Armenia construyen políticamente a los queer como “enemigos”. Las mujeres con esta orientación sexual reciben la mayor parte de los ataques.

Eva cree que en los estados pequeños en pie de guerra, como Armenia, en los que la vida de la gente gira en torno a la lucha por la supervivencia, los derechos femeninos y de las personas queer no son una prioridad.

“Si nadie ha muerto hoy, todo está bien”, dice Eva. “Por esa razón, mientras Armenia siga [atrapada] en un conflicto militar y sea uno de los países más militarizados del mundo, hay poca esperanza de que algo cambie para nosotros”, deduce, mientras enciende el último cigarrillo de su paquete.

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