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En recuerdo del pop soviético: Conjuntos vocales e instrumentales de URSS

Miembros del conjunto vocal-instrumental Hello Song! Fuente: YouTube

Vesyolye Rebiata («Los compañeros alegres»), Krasnye Maki («Las amapolas rojas») y Siniaia Ptitsa («Pájaro azul») son solo algunas de las bandas que dominaron la música popular soviética de la década de 1960 a la de 1980. Mientras Occidente bailaba el twist, el boogie y la música disco, los soviéticos disfrutaban de una versión insípida, aunque simpática, de la música occidental censurada por el estado: los llamados conjuntos instrumentales-vocales (CIV).

Durante la posguerra, el pop occidental se filtró por las fronteras soviéticas gracias a las ondas de las radios europeas y al contrabando de discos. A pesar de sus esfuerzos por controlarlo, el gobierno no logró impedir que la música burguesa no autorizada lograra una amplia audiencia dentro de la URSS. Los líderes soviéticos estaban alarmados por la popularidad de esta música, no solo porque promovían los «decadentes» valores occidentales, sino también porque la admiración que despertaba parecía socavar la supuesta superioridad de la cultura soviética.

Los CIV proporcionaron una alternativa aceptable para las campañas propagandísticas del estado y permitieron cultivar y ganarse a nueva generación de jóvenes soviéticos. A falta de una opción con mayor difusión, los CIV se hicieron enormemente populares, y vendieron millones de discos, convirtiéndose en la banda sonora de hecho de los últimos años del socialismo.

Paradójicamente, la estética sonora y visual de los conjuntos más populares de la Unión Soviética, como Poyuschie gitary («Las guitarras cantoras»), Samotsvety («Las gemas») y Pesniary tenían más cosas en común con sus colegas occidentales que con la música soviética de la generación anterior. Como dice Artemy Troitsky en su libro Back in the USSR:

The words ‘rock’ and ‘beat’ were unwelcome, and so these groups…were officially christened VIA…VIA was a disciplined (or, to be frank, a castrated) version of beat music. A VIA band usually had around 10 musicians in its lineup…and a repertoire including Shadows-style instrumental numbers, limp Russian-language covers of melodies from English and American hits and routine Russian pop tunes with soft electric sound.

Las palabras rock y beat no estaban bien vistas, y por eso estos grupos (…) fueron oficialmente bautizados como CIV (…) Los CIV eran una versión disciplinada (o, para ser sinceros, castrada) de la música beat. Una banda CIV contaba con unos 10 músicos (…) y un repertorio que incluía números instrumentales al estilo de The Shadows, portadas poco comprometidas en ruso de grandes éxitos británicos y estadounidenses, y melodías del pop ruso con un sutil sonido electrónico.

Entre bambalinas, cada CIV tenía un «director artístico» (es decir, un censor) que se aseguraba de que el sonido y la apariencia del grupo comulgaran con los gustos del estado. Los CIV tenían prohibido bailar o moverse demasiado por el escenario, tenían un estricto código de vestimenta que consistía sobre todo en trajes, vestidos típicos y uniformes militares, y tenían que seguir la ideología soviética, por débil que fuera en las épocas de Brezhnev y Gorbachov.

Gracias a YouTube y a otros archivos en la red, todavía es posible oír a los CIV, que hoy suenan menos insulsos y más kitsch, y abren una ventana a la sensibilidad musical que cultivaron los censores del estado: webs como sssrviapesni.info, via-era.narod.ru y zaycev-nett.ru cuentan con extensas listas de CIV y con muchas de sus canciones más populares.

Los CIV no han conservado su fama entre el público de la era postsoviética. Por ejemplo, en VKontakte, los grupos dedicados a CIV soviéticos oscilan entre unos cientos de miembros y alrededor de mil, cifras muy modestas si las comparamos con los dedicados a grupos occidentales contemporáneos y otros CIV más modernos.

Aun así, las generaciones de más edad siguen mostrando su pasión por los grupos de su juventud. Valery Kolpakov, nacido en 1957 y fundador de via-era.narod.ru, dice que en su juventud fue fan de los CIV, y cuando trabajaba en una discoteca de Moscú conoció a numerosos músicos, entre ellos Aleksey Puzyrev de Vesyolye Rebiata y Albert Asadullin de Poyuschie gitary. En 2005 decidió crear la web a partir de un foro de admiradores de los CIV, y todavía sigue editando la página y escribiendo artículos para ella.

Aunque muchos CIV desaparecieron al mismo tiempo que la Unión Soviética, su popularidad ha seguido viva, sobre todo entre las generaciones de soviéticos que crecieron oyendo a estos artistas: las secciones de comentarios a las canciones de estos CIV en YouTube están llenas de reminiscencias sobre los años de la adolescencia y los primeros amores de los usuarios. Al igual que sus equivalentes occidentales, estos grupos aún actúan regularmente para extensas audiencias de nostálgicos.

Veinticinco años después de la caída de la Unión Soviética, los CIV continúan siendo un pilar cultural de Rusia y otros estados de la Federación. Como argumenta Kristen Roth-Ey en su trabajo Moscow Prime Time, «el rock soviético no era original, pero eso no significa que no fuera auténtico a los ojos de la gente que lo hacía y lo disfrutaba». Y ahora, gracias a Internet, aún se habla de los CIV, de su música y su historia, que han podido ser preservadas por quienes vivieron bajo su influencia.

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