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Los periodistas iraquíes sufren amenazas de ISIS, milicias armadas y el estado

Shifa Gardi informando desde la zona de combates de Mosul el 25 de febrero. Ese mismo día murió en la explosión de una bomba. Foto: captura de pantalla de un video emitido por Rudaw.

El 26 de febrero, Shifa Gardi, periodista y presentadora de la cadena Rudaw de la televisión kurda iraquí, perdió la vida a causa de la explosión de una bomba mientras informaba sobre las operaciones del ejército iraquí para rescatar Mosul de manos de Daesh (acrónimo àrabe de ISIS). La periodista entrevistaba al comandante de una milicia cerca de una fosa común de Daesh cuando estalló una bomba, probablemente colocada por ese grupo, y mató a Gardi, al comandante y otros cuatro combatientes. La explosión también hirió a Younis Mustafa, camarógrafo de Rudaw TV. Según tuiteó Rudaw, Mustafa salió del hospital el 20 de marzo y se está recuperando.

La historia de Gardi no es única en Irak, y a los grupos de derechos civiles les preocupa que no sea la última que pierde la vida mientras ejerce su profesión en un país en el que al menos 178 periodistas han muerto desde 1992, según el Comité para Proteger Periodistas. El Observatorio de Libertades Periodísticas (JFO por su nombre en inglés), organización sin ánimo de lucro que promueve la libertad de prensa en el país, eleva a 299 el número de periodistas, trabajadores de medios y técnicos muertos desde 2003. La discrepancia entre estas cifras refleja las distintas metodologías: el CPJ solo contabiliza los casos confirmados de periodistas muertos mientras realizaban su trabajo, o mientras cubrían enfrentamientos y conflictos. Por el contrario, el JFO, parece incluir numerosos casos sin confirmar.

Continúa el conflicto de Irak, y continúan también las amenazas contra periodistas y trabajadores de medios de comunicación. Debido a sus brutales tácticas, Daesh ha recibido hasta ahora extensa atención por las violaciones cometidas contra las libertades de los medios y la prensa. No obstante, en Irak, los periodistas también se enfrentan a amenazas de milicias armadas y de las autoridades gubernamentales.

«Una ratonera»

Después de que Daesh tomara Mosul en junio de 2014, la ciudad «se convirtió en una ratonera para los periodistas», según dijeron JFO y Reporteros Sin Fronteras en un informe que saca a la palesta las violaciones de las libertades de prensa y medios cometidas por el violento grupo extremista.

Entre junio de 2014 y la publicación a principios de este año de una versión actualizada de ese informe, las organizaciones documentaron el secuestro por Daesh de 48 periodistas, trabajadores de medios y estudiantes de periodismo en Mosul. De los secuestrados, 13 fueron ejecutados y 25 liberados gracias a la mediación de clanes y tribus, pero solo después de sufrir torturas y haber jurado no volver a practicar el periodismo. Otros diez se encuentran en paradero desconocido.

Los francotiradores de Daesh son responsables de haber asesinado periodistas mientras se encontraban en primera línea de combate cubriendo la batalla del ejército iraquí contra el grupo. El 22 de octubre de 2013, Ali Risan, camarógrafo de Al-Sumaria TV, resultó muerto de un disparo en el pecho cuando informaba de los enfrentamientos entre las fuerzas iraquíes y Daesh. Solo un día antes, el también periodista Ahmet Haceroğlu, de Türkmeneli TV, murió mientras cubría los enfrentamientos entre las fuerzas kurdas y los militantes de Daesh en la ciudad de Kirkuk. Según la mencionada cadena y la policía, Haceroğlu fue alcanzado en el pecho por el disparo de un francotirador de Daesh.

Un reportero en Mosul (Irak), en noviembre de 2016. Foto de Mstyslav Chernov en Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

«Durante los últimos siete años, hemos perdido muchos periodistas: algunos ejecutados por Daesh en las regiones ocupadas por este grupo terrorista, y otros han muerto mientras cubrían los enfrentamientos» dijo Bahar Jasim, periodista independiente y bloguero iraquí antes residente en Irak. Jasim abandonó el país en 2014 por las amenazas relacionadas con su trabajo.

Jasim espera que el final de la guerra con Daesh suponga «al menos el fin de los asesinatos de periodistas por parte del grupo» ya que los periodistas «no tendrán que informar sobre los combates poniendo sus vidas en peligro». Aunque en las últimas semanas las fuerzas iraquíes han hecho progresos en la lucha contra Daesh, sigue sin estar claro cuándo terminará el conflicto y hasta qué punto disminuirá la amenaza terrorista en Irak. No obstante, lo más importante, las amenazas que periodistas y reporteros padecen en Irak no acabará con la derrota de Daesh, puesto que estos profesionales también están a merced de las milicias armadas.

La amenaza de las milicias

Renad Mansour, investigador sobre Irak antes afiliado al Centro Carnegie para Medio Oriente con sede en Beirut, estima que el número de milicias armadas en Irak se sitúa entre 60 y 70, y que engloba entre 90 000 y 100 000 combatientes. Las cifras del gobierno sitúan el número de combatientes en 140 000. Algunas de esas milicias están afiliadas a partidos políticos como la Organización Badr, con representación en el Parlamento. Otras tienen estrechos vínculos con el gobierno. La historia de las milicias iraquíes se remonta a la época de Saddam Hussein, cuando muchas se fundaron para luchar contra la dictadura. Otras, como la prominente Sarayat al-Salaam (antes Ejército Mahdi), se establecieron con el fin de oponerse a la invasión estadounidense en Irak en 2003.

Estén o no vinculadas al gobierno, el impacto de estas milicias sobre la labor de los periodistas es el mismo. Jasim dice: «En estas milicias y grupos armados, la punta de la pirámide es intocable».

Las milicias «suponen una amenaza mortal para los periodistas, y reducen el espacio para la libertad de expresión en el país», afirma Mustafa Saadoon, periodista iraquí y director del Observatorio Iraquí de Derechos Humanos, en un correo electrónico a Global Voices. Y añade:

You find Iraqi journalists trying their best not to address anything that could harm the interests of those armed groups or powerful people who were complacent in abusing any journalist covering them to reveal their [involvement] in corruption or human rights violations.

Ves periodistas iraquíes intentando con todas sus fuerzas no tratar ningún tema que pueda dañar los intereses de estos grupos armados o gente poderosa, que se dan por satisfechos al agredir a todo periodista que revele su participación en casos de corrupción o violaciones de derechos humanos.

Hoy, esas milicias se consideran «clave para la lucha» contra Daesh, el grupo fundamentalista que en 2014 capturó zonas de Siria e Irak, entre ellas la ciudad de Mosul. Pero ellos mismos han sido acusados de violar derechos humanos, hasta un punto que Human Rights Watch describió como «posibles crímenes de guerra». Por dar un ejemplo, en 2016, miembros de dos grupos armados chiíes secuestraron y mataron a «numerosos» suníes residentes en una ciudad del centro de Irak, y demolieron y saquearon propiedades civiles.

«Conforme se intensifique la guerra, y crezca el número de grupos armados y su influencia en el país, aumentará la presión sobre los periodistas iraquíes», dijo Saadoon a Global Voices. «Si hay más de estos grupos, habrá más violaciones de derechos y prácticas ilegales por su parte».

Afrah Shawqi es una periodista que se convirtió en objetivo de los grupos armados. El 26 de diciembre, ocho hombres armados vestidos de civil que dijeron ser miembros de las fuerzas de seguridad secuestraron a Shawqi en su casa, y la liberaron nueve días después. Mientras estaba en su poder, la interrogaron sobre su trabajo como periodista y sus publicaciones en Internet. Un día antes del secuestro, Shawqi publicó en la red un artículo crítico con los grupos armados y la impunidad con la que operan. También fue interrogada sobre un artículo falso (inventado) publicado en el periódico saudí Al-Sharq Al-Awsat, sobre un supuesto repunte en los embarazos extramatrimoniales que presuntamente habría coincidido con una celebración chií en la ciudad iraquí de Karbala. El falso artículo podría haber sido simplemente un pretexto para hostigar a Shawqi, que dejó de trabajar para Al-Sharq Al-Awsat unos meses antes de su publicación en noviembre del año pasado.

En julio, si no antes, le dijeron a Shawqi que una milicia la tenía en la «lista negra» de periodistas hostiles y recibió amenazas.

Hay quien dice que el secuestro de Shawqi se debe a un reciente artículo sobre abusos policiales. Pero puede ser por su antiguo trabajo con el diario al-Sharq al-Awsat.

No hay pruebas de que Shawqi tuviera nada que ver con ese falso artículo de al-Sharq al-Awsat, pero también podría ser una excusa de las milicias para secuestrarla.

Impunidad y falta de acción por parte del gobierno

Afrah Shawqi no pudo identificar a sus secuestradores, pero dijo que parecía ser «un grupo armado no organizado», y a pesar de que el gobierno insistió en que exigiría responsabilidades a los captores, parece poco probable que se lleguen a verse ante la justicia. En Irak, la impunidad de los delitos contra periodistas es muy alta: el país es uno de los que más aparecen en la lista que elabora el CPJ de periodistas muertos en completa impunidad, con 110 casos sin resolver desde 1992.

El número de casos impunes preocupa entre los periodistas y los grupos defensores de derechos. Saadoon afirma que el gobierno iraquí y las instituciones judiciales del país no adoptan una postura firme de apoyo a los periodistas que han sufrido abusos.

Ahmed Albasheer, presentador del programa satírico Albasheer Show, parodia la decisión de la Comisión de Comunicación y Medios de suspender su programa en Alsumaria TV. El programa se emite actualmente en DW Arabia y en la cadena NRT Arabia con sede en Kurdistán.

No solo se critica a las autoridades iraquíes por su incapacidad de llevar ante la justicia a los responsables de asesinar o agredir a periodistas: también se les culpa de perpetrar sus propios ataques contra los medios. El JFO ha documentado varios casos de ataques a periodistas por parte de miembros de las fuerzas de seguridad. El 2 de enero, la policía dispersó violentamente a un grupo de periodistas que se manifestaba en apoyo de Afrah Shawqi durante su secuestro. La policia disparó munición real al aire y golpeó a varios manifestantes en el incidente. En otro caso, el 1 de febrero, un policía de la ciudad de Karbala apuntó con su arma a Haidar Hadi, periodista de NRT TV, lo insultó, lo amenazó de muerte y le impidió entrar al ayuntamiento para informar de la visita del embajador alemán.

Las autoridades gubernamentales cuestionadas «no están cumpliendo con su deber» de asegurar la protección de los medios y sus libertades, dijo Jasim a Global Voices. Como ejemplo, menciona la Comisión de Medios y Comunicación, establecida en 2003 por orden de la Autoridad Provisional de la Coalición como «institución administrativa independiente y sin ánimo de lucro» para regular los sectores de telecomunicaciones y medios de acuerdo al artículo 19 del Convenio Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos, que garantiza el derecho a la libertad de expresión. No obstante, la comisión es, ante todo, «muy activa a la hora de perseguir programas de televisión», dice Jasim. En abril de 2016, ordenó la suspensión del programa satírico y de entrevistas Albasheer en Alsumaria TV por violar las directrices profesionales y por «su lenguaje soez y sugerencias ofensivas para el público»

En los últimos días, las fuerzas iraquíes han ido avanzando en la liberación de Mosul, última plaza fuerte de Daesh en el país. Si consiguen echar a Daesh de Irak, los periodistas podrán respirar más tranquilos. Pero las presiones y amenazas que sufren no van a terminar en un futuro próximo. Por una parte, sigue existiendo el riesgo de agresiones por parte de las milicias armadas que no toleran críticas o informaciones independientes sobre la violencia, y por otra parte, deben enfrentarse a los abusos de las fuerzas de seguridad y la inacción del gobierno a la hora de llevar ante la justicia a los responsables de violar las libertades de medios y prensa.

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