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¿Existen alternativas para evitar el extractivismo y la sobreexplotación de recursos naturales?

El valle del Polochic, en Guatemala, es un escenario de conflicto por concentración de la tierra y desplazamiento poblacional. Fotografía de Alejandro Ramírez Anderson, facilitada por Periodismo de Barrio y usada con permiso.

Danilo Urrea, filósofo colombiano y comunicador popular, es el facilitador regional de Amigos de la Tierra América Latina y el Caribe. Actualmente, Amigos de la Tierra Internacional (ATI) es una red que integra a 73 organizaciones ambientalistas de distintos lugares del mundo.

En visita a Cuba, durante el XII Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios “Berta Cáceres vive”, dedicado a la líder ambientalista hondureña asesinada en 2016, Danilo Urrea (DU) accedió a dialogar con Periodismo de Barrio (PB).

PB: ¿Podrías describir el contexto medioambiental en América Latina y el Caribe?

DU: Nos encontramos en un contexto bastante complejo. Esas complejidades tienen que ver con los avances del modelo de desarrollo basado en el extractivismo.

Cuando hablamos de extractivismo, encontramos cuatro grandes pilares: la explotación minera, la explotación petrolera, la construcción de grandes represas para la producción energética, y los agrocombustibles.

Es en ese modelo donde encontramos la mayor dificultad, en tanto los patrimonios naturales se entienden como fuentes de acumulación de riquezas.

Cuando hablamos de lo ambiental, hablamos de la interrelación entre los seres humanos y la naturaleza. Los seres humanos somos parte de la naturaleza, aun cuando la división moderna capitalista dice que estamos por fuera y que la función de la naturaleza es entregarnos beneficios a través de la explotación. En esa interrelación vemos otras dificultades: el patriarcalismo, la utilización de los cuerpos, la explotación del cuerpo de la mujer para acumular capital…

PB: ¿Hasta qué punto podemos renunciar a las grandes extracciones de recursos naturales?

DU: Hay que pensar en cómo hacer la transición de un modelo de alta explotación a uno de extracción necesaria y discutir con los estados qué necesita una población para vivir.

La historia reciente de varios países progresistas ha mostrado que, si bien la redistribución de la renta ha mejorado la calidad de vida de un sector de la población, con eso no es suficiente.

Me preocupa un discurso en el que pareciera que estamos condenados a seguir explotando la naturaleza como única posibilidad de mejoramiento.

Esas formas responden más a acuerdos comerciales para la acumulación de capital que a necesidades reales de los pueblos. Hoy explotamos para exportar a Europa. Y pensar la posibilidad de desarrollo de los pueblos a través de la exportación de materias primas no está de acuerdo con la posibilidad de reproducción material de la vida.

Estamos seguros de que en los cambios pequeños de poblaciones y organizaciones hay alternativas concretas.

¿Qué alternativas?

Mina de extracción de níquel en Guatemala. Fotografía de Alejandro Ramírez Anderson, facilitada por Periodismo de Barrio y usada con permiso.

DU: La agricultura campesina, con un viraje hacia la agroecología; el manejo público y comunitario del agua que se ha hecho en Colombia, donde comunidades organizadas han podido distribuir el agua sin necesidad de una estructura de privatización; el manejo comunitario de bosques en Costa Rica y Colombia; los proyectos energéticos populares, en México y Brasil, donde se producen biodigestores para generar energía en comunidades que no tienen acceso a la electricidad, y se construyen hornillas agroecológicas para eliminar problemas de salud asociados a la cocción de alimentos con leña.

Y hay que mirar a las prácticas históricas de los pueblos, aunque muchas hayan sido desaparecidas.

PB: ¿Qué resultados ha tenido Amigos de la Tierra en la región? ¿Cuál ha sido su impacto?

DU: Un logro esencial es haber contribuido a comprender la importancia de la variable ambiental en las luchas y resistencias territoriales de los movimientos sociales. Otro tiene que ver con los defensores de territorios, que han sido criminalizados en las últimas dos décadas; hemos ayudado a salvar las vidas de esas personas en algunos momentos. Otro, la contribución a procesos agroecológicos, sobre todo la protección del intercambio de semillas en América Latina. Y está el trabajo de visibilización de luchas territoriales y de construcción de una nueva mirada de lo ambiental.

PB: Con Cuba, ¿cuál ha sido la relación hasta ahora?

DU: Nosotros tenemos una relación de varios años con el Centro Memorial Martin Luther King Jr., con el Centro para la Promoción de la Educación y el Desarrollo Sostenible y con la Red de Educadores Populares y Ambientales, que han sido una guía para la definición pedagógica.

Para Amigos de la Tierra, Cuba sigue siendo un modelo de referencia de proceso socialista; de un socialismo que tiene todas las dificultades de un modelo histórico que se renueva permanentemente.

Nosotros entendemos que en Cuba hay dificultades en términos de lo ambiental, pero la afectación por el modelo de vida que se lleva acá puede ser menor. En el capitalismo tenemos que luchar día a día para que ese modelo no arrase con los pocos patrimonios que siguen garantizando la vida de las poblaciones.

No sé en el caso cubano cómo es, pero sí entendemos que las escalas de destrucción de la naturaleza son diferentes. La escala en que nosotros estamos no es comparable con la escala de Cuba.

PB: ¿Qué retos consideras que impone actualmente el escenario medioambiental de América Latina y el Caribe?

DU: Puede sonar a lugar común: “necesitamos organizarnos para poder enfrentar los problemas del mundo”.

Pero esa organización es necesaria, porque los pueblos desorganizados no vamos a obtener victorias.

Cuando las compañías llegan, ellas se organizan y articulan bien con los gobiernos. Tienen formas de acceder a las comunidades a través de engaños y manipulaciones. Si no tenemos un proceso que logre enfrentar esa forma de organización del capital, simplemente no vamos a poder resistir esos proyectos. Cada vez más comunidades irán a las grandes ciudades a agrandar los círculos de la pobreza.

PB: Frente al contexto en que nos encontramos, ¿podrías considerarte una persona optimista?

DU: Hay días en que pienso que las dificultades son muchas y los frentes de trabajo no alcanzan a enfrentar esas dificultades. Pero cuando estoy en territorios indígenas, campesinos, afrodescendientes, y veo la fuerza y la tenacidad de gente que a pesar de las adversidades y de no tener muchas cosas necesarias para la vida todos los días se levanta a enfrentar el corporativismo, los paramilitares, la seguridad privada que la quiere sacar de sus territorios, creo que mis frustraciones son estupideces con respecto a esa realidad.

*Este artículo es un extracto exclusivo para Global Voices. Puede consultar la versión original de “Extractivismo y recursos naturales: ¿existen alternativas?” aquí y leer otros artículos de Mónica Baró aquí.

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