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Esta es la activista que trata de conectar los pueblos de Ucrania a la red

Orest y Oksana Oliinyk en su tienda en Khrystanivka. Fuente: Ethan Daish y Elisabeth Lima.

“No me agrada Europa realmente. Allí el 99 por ciento de las cosas ya están terminadas; aquí hay trabajo por realizar”, afirma Oksana Oliinyk parada en la pequeña tienda de la era soviética, que ella y su esposo Orest acaban de abrir en el pueblo de Khrystanivka, en la región central del este de Ucrania. Detrás de ella hay cinco filas de estanterías que está llenando con libros –el cimiento de la primera biblioteca del pueblo.

“Un hombre visitó la tienda hoy y los vio; le dije que eran gratis si deseaba tomar uno”, indica. “Me dijo que no tiene tiempo para leer porque trabaja. Así que yo le pregunté: ‘¿No se sienta a ver televisión en la noche?’, y él contestó: ‘Claro que sí'”.

Debajo de unas cejas alzadas, emerge una pequeña sonrisa. Sabe que tiene un arduo trabajo por realizar.

La familia Oliinyk frente a su tienda en Khrystanivka. Fuente: Ethan Daish y Elisabeth Lima.

Oksana se considera una activista social, pero para Khrystanivka es mucho más que eso. Son originarios de Kiev, pero ella y Orest se mudaron al pueblo hace cuatro años, decididos a estimular a la comunidad, mientras crían a sus dos pequeños niños.

En Kiev, Oksana trabajaba para varias ONG y su responsabilidad era resolver problemas a una escala global, por lo tanto, Khrystanivka es un destino improbable para ella y su familia: cerca de 100 personas viven en ese lugar, localizado en una colina sobre el río Sula, a 225 km al este de Kiev. Al igual que muchos otros pueblos ucranianos, Khrystanivka está física y culturalmente aislado, apartado de las ciudades modernas del país: toma más de tres horas transitar por carreteras llenas de baches antes de llegar a Khrystanivka en minibús.

Oksana decidió mudarse a Khrystanivka pues cree que el cambio a largo plazo debe comenzar a nivel local. Quiere encender la chispa del cambio en los pueblos de Ucrania mediante la modernización e integración de las vastas zonas rurales del país.

Ulas, uno de los dos hijos de los Oliinyk, en la antigua escuela de Khrystanivka, que cerró sus puertas en 2001. Fuente: Ethan Daish y Elissa Lima.

Algo que podría brindar mejores oportunidades a quienes viven en las zonas rurales de Ucrania es un mayor acceso a internet. Hay mejoras: entre 2012 y 2015, el número de usuarios de internet en todo el país se duplicó de 21% a 45%, y el año pasado la penetración de este servicio alcanzó 60 por ciento a nivel nacional.

Para acelerar este proceso en Khrystanivka, Oksana desea que su tienda y biblioteca se conviertan en un centro comunitario, completo con computadoras y acceso a Internet para los residentes del pueblo.

Orest y Oksana. Fuente: Ethan Daish y Elisabeth Lima

“La mayoría no tiene acceso a internet, por lo que no hablan mucho con sus familias que viven en las ciudades o en el extranjero”, indicó a RuNet Echo. “Realmente necesitamos algunas computadoras y una zona de wifi gratis para comenzar… un lugar para obtener información sobre los acontecimientos de la región. Las personas aquí no tienen ideas ni proyectos comunes. Podrían tener más ideas de negocios u obtener un empleo independiente por medio de internet y así desarrollarse eficazmente.

En Lokhvytsya, ciudad de 12 000 personas ubicada a pocos kilómetros al norte de Khrystanivka, una biblioteca comunitaria inauguró recientemente una sala de computadoras donde las personas pueden hacer uso de internet de manera gratuita. En una habitación al final del corredor, Oksana organiza pequeñas clases de inglés los martes y jueves por la noche.

Una carretera en Khrystanivka. Fuente: Ethan Daish y Elisabeth Lima

Oksana considera que la educación, al igual que el acceso a internet, es crucial para abrirle puertas a los jóvenes en Ucrania, donde el sistema de educación estatal se está quedando rezagado. Ucrania ocupó la posición 94 de 138 naciones en el Informe de Competitividad Global 2016-2017 en el nivel de formación de maestros –fue el trigésimo primero de los países europeos dentro del estudio. Esos problemas son particularmente agudos en zonas rurales, donde Oksana indica que “en algunas escuelas, los profesores de inglés realmente no pueden hablar inglés”. A medida que la población de Ucrania se urbaniza y los pueblos desaparecen, las escuelas rurales desaparecen.

Aun así, Oksana considera que Ucrania podría tener un futuro brillante: “Una buena educación puede salvar a este país”, afirma.

Libros en la tienda de los Oliinyk. Fuente: Ethan Daish y Elisabeth Lima.

De regreso en la tienda, tras una pequeña caminata por el camino principal del pueblo, aparecen más libros en los estantes, al igual que una mayor variedad de productos. Optimista, Oksana le interesa únicamente llevar a Khrystanivka hacia adelante.

“Mientras más personas participen en el cambio, buscando una mejor educación y experiencia, más personas entenderán que pueden tener una influencia en el proceso”, afirma. “No se trata de esperar a que el rey bondadoso o el presidente vengan a salvarnos. Nosotros somos los reyes de nuestro entorno”.

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